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Sin ambigüedades ante Maduro

Sin ambigüedades ante Maduro
Luis Ayllón el

La última decisión de Nicolás Maduro de convocar una Asamblea Constituyente para proclamar la VI República Bolivariana es el desesperado intento del presidente de Venezuela de mantenerse en el poder, aún a costa de convertir, de hecho, ese país en una dictadura y ahondar en la crisis en que está inmerso.

 

Que Maduro no es un demócrata es algo que sabe todo el mundo, excepto sus seguidores más incondicionales, incluidos los líderes de Podemos en España, que hace poco presentaban el régimen chavista como un modelo a imitar y que hoy están desaparecidos en combate ante el caos que impera en Venezuela.

En el fondo a Podemos le encantará la maniobra de Maduro consistente en dar la capacidad de crear una nueva Constitución al pueblo, que es ese ente difuso con quien ellos se identifican y del que excluyen a quienes piensan de manera distinta. Lo de Maduro no es más ni menos que un golpe de Estado, como el que ya intentó hace una semanas tratando de quitar las competencias a la Asamblea Nacional democráticamente elegida pasándoselas al Tribunal Supremo. Como entonces no logro su objetivo, ahora, la suprime directamente porque en ella dominan los partidos opositores.

 

Es cierto que Venezuela no será la única dictadura del mundo y que con muchas de ellas negocian los países democráticos, pero es obligación de estos impedir que aumente el club de los dictadores. Y España, como el resto de los latinoamericanos, tiene una especial responsabilidad en esa tarea. Por eso, no sería de recibo que la respuesta a la decisión de Maduro la despachara el ministro e Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, con una tibia expresión del estilo de “no es una decisión tranquilizadora” que utilizó en el intento de traspasar al Supremo los poderes de la Asamblea.

 

El propio Dastis, que ha apostado en varias ocasiones por dar una oportunidad al diálogo, dijo que ese diálogo debería dar resultados “en un tiempo razonable” y que la soluciones debían ser compatible con el Estado de Derecho. A la vista de la actitud de Maduro y después de semanas de confrontación en las calles, parece que se ha agotado el tiempo de la cautela en las reacciones y que hace falta una respuesta por vía diplomática que haga ver al líder bolivariano que sus apoyos en el mundo son bastante escasos y que debe permitir a los venezolanos decidir libremente su futuro.

 

Venezuela

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