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El cambio llega a Cuba

Luis Ayllón el

No se asusten. Me refiero al cambio de embajador español. El otro, el que debería llevar a la democracia en la isla, no parece que esté a las puertas. Dentro de unas semanas se instalará en su residencia en La Habana Juan Francisco Montalbán, el nuevo jefe de la misión española en Cuba, y la abandonará Manuel Cacho, que la ha ocupado en los últimos cuatro años.

 

 

Cacho es un experimentado diplomático, que actuó como portavoz de Miguel Ángel Moratinos en el Ministerio de Asuntos Exteriores, y que después cumplió las instrucciones de los Gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero en la relación con el régimen castrista. Una de esas instrucciones era que no debería mantener contacto personal con los disidentes del interior. La tarea quedaba en manos de otro funcionario de la Embajada, en la que siempre ha habido algún diplomático encargado de esos contactos, pero que en otros tiempos, no excluía que el propio embajador pudiera recibir a algunos de los opositores.

 

 

Ese es el cambio que puede producirse ahora. Al menos es lo que esperan los grupos de disidentes: que el nuevo embajador les abra de nuevo las puertas de la representación diplomática. Las palabras del ministro José Manuel García-Margallo en ABC asegurando que no irá a Cuba si no puede verse con las Damas de Blanco y los disidentes les ha llenado de esperanza, lo mismo que la presencia del secretario de Relaciones Internacionales del PP, José Ramón García Hernández, en el acto celebrado el viernes pasado en Casa de América para conmemorar el décimo aniversario del animoso Proyecto Varela.

 

 

El Gobierno cubano, a través de su viceministro de Relaciones Exteriores, Dagoberto Rodríguez, reaccionó calificando de “injerencistas” las palabras de Margallo y recordando que nadie le ha invitado a viajar a la isla. Rodríguez tiene razón en esto último, pero las autoridades de La Habana deben saber que las cosas no van a ser iguales con este Gobierno. Ni en la relación bilateral ni en la relación con la Unión Europea. Si Moratinos aceptó la condición de que para viajar a la isla y lograr la liberación de presos políticos no debía hablar con la disidencia, no parece que el nuevo Gobierno esté dispuesto a ello. Y después de todo, no se puede olvidar que cuando Abel Matutes viajó a Cuba como ministro de Exteriores, en 1998, se reunió con disidentes en la Embajada española. El régimen no se vino abajo por aquel encuentro.

 

 

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