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Blogs Madre no hay más que una por Gema Lendoiro

No necesito que tu pretendido feminismo me salve

Gema Lendoiro el

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ese momento del día, recién puesto el sol y las calles y en el que en mi casa ya huele a café recién hecho, asoman por el borde de mi cama unas manitas regordetas que me tocan la cara para que me despierte, un cuerpecito sabroso de 17 kilos con unas piernas regordetas que se meten entre las mías y una cabecita con un moflete bien prieto se posa encima de mi pecho, es, sin dudarlo, de los mejores ratos que me han tocado pasar en 42 años de vida. Ya ven, soy de disfrute sencillo y barato.

He tenido otros momentos estupendos a lo largo de mi vida: el día que pisé por primera vez la facultad, la primera vez que salí de España yo sola sin padres, un viaje en una goleta durante 9 días en unas islas italianas, la primera vez que entré en el Vaticano y me deslumbró tanta belleza, la primera vez que firmé un contrato de edición como editora…tengo miles de recuerdos en mi vida que, solo el hecho de evocarlos, me generan bienestar. Pero ninguno se acerca a la felicidad que me proporciona tumbarme en una cama y abrazar los cuerpos de mis hijas, notar cómo respiran, sentirlas, amarlas. Debe de ser algo así la vida eterna. Pero no, resulta que es la oxitocina.

Antonia San Juan ha vuelto a decir que no entiende que existan mujeres que digan que ser madres es lo mejor que les ha podido pasar. Lógico si tenemos en cuenta que ella no lo es. Pocas cosas pueden ser entendidas sin pasarlas. Y ser madre es una de ellas. No tener hijos es absolutamente legítimo como lo es tenerlos. Una mujer sin hijos puede perfectamente sentirse plena y realizada (conozco a unas cuantas) pero es difícil que, una vez los has tenido, no te proporcione la mayor de las felicidades. De hecho, perder un hijo, sobrevivirlo, nadie puede superarlo.

Efectivamente cuando tienes un hijo ya estás “vendida” para siempre.  Fue Doris Lessing quién dijo aquello de que cuando tienes un hijo el corazón ya no vuelve a latir en el mismo sitio.

No es feminismo, no es machismo, no es heteropatriarcado ni ningún palabro progre. Es solo biología. Cuando tienes a tu bebé en brazos entiendes muchas cosas, la primera, por qué los padres tienen tanta paciencia, una paciencia que se hace indispensable para poder seguir sobreviviendo y cuidando a alguien tan dependiente durante tantos años. Pero no hace falta ser madre para entenderlo. Solo con observar la naturaleza en estado salvaje, se ve.

La que no parece dispuesta a decir que lo entiende (porque claro que lo entiende pero no le da la gana reconocerlo), es Antonia San Juan. Los motivos por los que dice lo que dice, los sabrá ella. No ofenden, tan solo dan risa. La risa de quién sabe que por mucho que le grites al océano en medio de la tormenta: “no me vas a engullir”, lo hará, te pongas como te pongas.

Lo pienso sin ninguna duda: el feminismo de los sesenta, setenta, obvió la parte mamífera de las mujeres y eso hace que se quede incompleto. No se puede pretender ocultar el sentimiento feroz que se tiene después de parir e irse a currar como si nada hubiera pasado. Si las mujeres se están dando cuenta de que quedarse un tiempo más en casa les satisface más que cualquier logro profesional, eso también es legítimo y defenderlo también es feminismo. Quienes se quedan en su casa no están traicionando a nadie. A ninguna lucha. Quienes se van al trabajo con un sentimiento de angustia en la tripa sí que se traicionan a sí mismas. Sobre todo las que lo hacen porque desoyen su propia naturaleza, no las que lo hacen porque no les queda más remedio.

Estoy harta de que determinadas feministas vengan a salvarnos de nosotras mismas. Si una mujer se siente realizada siendo madre y ama de casa, ¿dónde está el problema? Si una madre quiere dar el pecho 4 años, ¿dónde está el problema? Que hagan las mujeres lo que le dé la real gana. Tener hijos, no tenerlos, tener uno, la parejita, tener 9, ser madres solas, adoptarlos, darles biberón, volver a los 15 días a trabajar, volver a los 3 años. ¡Oiga, Antonia!, ya vale, dedíquese, si quiere luchar por la causa feminista, a promover la libertad de elección en lugar de ridiculizar a las mujeres que no toman las mismas decisiones que usted. ¿Le ha dicho alguien, acaso, que ha hecho usted fatal por haber escogido la carrera de actriz? Usted, que es tan progre, no lo sabe pero su pensamiento es profundamente machista y patriarcal.

¡Pesadas, coño!

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