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Blogs Madre no hay más que una por Gema Lendoiro

Moraña. Cuando el machismo ofrece la peor de todas sus caras

Gema Lendoiro el

Reconozco llevar este tema peor que mal. Como imagino la mayoría de las personas normales. Hablo del asesino de Moraña, el ser humano, por llamarlo de alguna manera, que ha terminado con la vida de sus hijas con una sierra radial. El tema es tan escabroso, tan dantesco que hasta duele dar detalles. ¿Por qué lo hizo? Porque es malo. La explicación es tan sencilla como difícil de creer. Existen las personas malas aunque nos cueste mucho trabajo admitirlo. De hecho para explicarnos estas actuaciones buscamos trastornos psiquiátricos. A veces los hay. Otras, simplemente es que la persona es malvada, sólo cabe el odio en su corazón. El odio en el mundo está presente en nuestras vidas. No hace falta más que mirar qué está haciendo el Estado Islámico para que lo veamos claro. La violencia, la ira, la maldad…forman parte de nuestro mundo igual que la bondad. Pero esta última tiene menos protagonismo cuando se manifiesta.

Nos sentimos completamente desubicados cuando alguien hace algo como lo que ha hecho este desgraciado. En el fondo de su odio hay un motivo: hacer el mayor daño posible a la mujer que un día fue su pareja. ¿Y qué mejor manera de destrozarla que matando lo que más quiere ella en la vida que son sus hijas? Y así lo ha hecho. Compró una sierra radial (premeditación y alevosía) y calculó el momento para hacerlo. De hecho, estuvo con ellas la noche anterior en la verbena. La reconstrucción de los hechos pone la piel de gallina. Se ve que la mayor intentó huir de su padre escondiéndose debajo de la cama. No me puedo imaginar cómo fueron los últimos minutos de sus vidas, llenos de miedo y terror. Angelitos. Ese pensamiento acompañará con seguridad a esa madre el resto de su vida. Una vida que vivirá sin sentido. ¿Quién puede superar eso?

La opinión pública reclama condenas más firmes, más largas. Sí, es verdad que eso es una asignatura pendiente de nuestro sistema judicial, tan buenista con el delincuente. Pero eso sólo no basta. Hay que cambiar muchísimas más cosas. Empezando por esa lacra que nos atenaza y que es el machismo. Porque el machismo mata. Vaya si lo hace. Y ahí es donde verdaderamente empieza el cambio. No soy tan ingenua o ilusa, o ambas cosas a la vez, de pensar que cambiando la forma de nacer y criar a los hijos eliminaría por completo los asesinatos por machismo pero, qué duda cabe, serían muchos menos.

Los asesinatos por machismo son la punta del iceberg, pero debajo del agua hay mucho más que no sale en las noticias pero que no por ello no existe. Y eso es lo que debemos combatir con nuestras fuerzas y ser absolutamente intolerantes con ello. Porque de ahí sale todo lo demás. Y sí, me dirán ustedes que este crimen es porque él es un loco, que ya tenía episodios de agresión a su médico de cabecera, y sí, es verdad, todo eso es cierto pero también en el fondo de este asunto subyace el machismo de una sociedad que creemos moderna pero que no lo es tanto. Y no puede serlo cuando los hombres y las mujeres no disfrutamos de los mismos derechos. Sí sobre el papel, sobre la ley, pero no en la realidad. Las mujeres seguimos cobrando menos por el mismo trabajo que hacen los hombres, seguimos teniendo vetados muchos trabajos, generalmente en puestos directivos y, lo más sangrante de todo, seguimos siendo castigadas laboralmente por tener hijos. Ya me dirán entonces cómo vamos a tener una saneada población joven con estos parámetros. Pero es otro tema aunque tenga que ver con la cultural patriarcal.

¿Qué podemos hacer en nuestro día a día? Pequeños gestos hacen un mundo si se hacen desde muchos ámbitos. Frases despectivas hacia las mujeres como “mujer tenías que ser”, “tú cállate, qué vas a saber”, o las destinadas a valorar comportamientos sexuales, ¿qué digo a valorar? mejor a juzgar, son tremendas y siguen muy presentes en nuestras conversaciones diarias y muchas veces son emitidas por las propias mujeres.

Pequeños gestos desde la más tierna infancia donde se sientan las bases de los valores que un día como adultos tendrán. Llorar no es de niñas, o mucho peor la frase “llorar es de mariquitas” tantas veces pronunciada por madres y padres. Muchos podrán pensar que exagero pero no, no lo hago. Todo tiene un principio y el machismo se nutre y crece día a día también de frases así. Y no podemos consentirlo.

Penas más duras sí, pero más dureza con el machismo, también. El machismo mata.

 

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