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Blogs Madre no hay más que una por Gema Lendoiro

La niña que susurraba a los caballos

Gema Lendoiro el

“Cuando las amigas de mis hijas reciben propuestas de planes para salir el viernes por la tarde noche generalmente dicen que no porque suelen montar al día siguiente, o porque compiten o porque entrenan, así que al final los caballos las han alejado de las discotecas…de momento”

Obviamente no soy yo quién habla así puesto que las mías a las discotecas, de momento, no van. Tres años y uno no son edades, claro. La que hablaba así el otro día es una estupenda señora madre de tres hijos con dos chicas post adolescentes, es decir entre los 15 y los 19 años. Estábamos en un club de hípica en las afueras de Madrid al que fuimos a comprobar las instalaciones, el lugar, los precios, los caballos…todo. Que Doña Tecla ama a los caballos es algo que ya no podemos (ni queremos) obviar. Su amor hacia los animales es tal que sólo juega y habla de eso. Se pasa el tiempo libre leyendo libros de animales y jugando con los suyos. Debe de tener ya cerca de 50, también es verdad que la pobre sólo tiene eso y algún que otro puzzle. Bien pensado, más que suficiente para sus 3 años.

Volviendo al inicio. Queremos que nuestras hijas se aficionen a un deporte. No sabíamos a cuál. Y lo queremos porque estamos convencidos de que es la mejor manera de que se alejen de todo lo que significa noche, alcohol…etc. El deporte nos parece la mejor de las estrategias a seguir. Lo único que me preocupaba era no atinar qué les podía gustar. Las actividades extraescolares no deben ser jamás impuestas sino escogidas. Así que entre lo que veíamos en casa y lo que nos dicen en el cole…estaba claro: los caballos.

Sus profesoras nos lo dicen: “sólo habla de los caballos, dice que su abu (abuela) tiene caballos” Claro, ahí he tenido yo que aclarar que su abu NO tiene caballos, que lo que tiene es una película de caballos en su casa, que no se vayan a pensar que tenemos una hacienda. Que ya nos gustaría pero no.

El caso es que el sábado pasado, animada por una amiga que lleva ahí a su hija fuimos al club Bonanza en Boadilla del Monte. No me ha podido gustar más. Un ambiente campestre total, sin pretensiones, gente “normal”, muchos niños y bien de precio, 15 euros cada clase.

Pensamos ir cada semana. Las clases son paseos en un pony por el monte, no dentro de un circuito. Aproximadamente de una media hora. Así los niños comienzan a familiarizarse con el animal mientras la profesora (o profesor) les cuenta cosas de los caballos.

Esta es doña Tecla en el momento de irse a su primer paseo. Ni rastro de miedo. Ahí toda una amazona. Es verdad que era pequeño pero es que ella también es pequeña y eso tiene que asustar sí o sí. Su profesora le contó qué comen los caballos, cómo crecen, qué les gustan y ella nos lo contó con su media lengua todo después. Lo primero que hizo nada más llegar de su paseo (y antes de bajarse del caballo) es pedir si se podía subir a otro. Fue feliz a rabiar. Me sorprendió lo pronto que aprendió a agarrar las riendas y a sentarse sobre el animal. Y, cómo no, lo mejor fue la cara de felicidad que tuvo durante todo el rato.

Al terminar, su desconsuelo no tuvo fin. Tanto que una buena mujer que estaba con su caballo le ofreció a doña Tecla participar con ella en lo que estaba haciendo. Tenía que ponerle agua fresquita en la pata porque se le había inflamado el corvejón. Al final consiguió incluso que la montara en la yegua grande por lo que ya no le cabía más gozo a la buena Doña Tecla.

Y para que el día fuese perfecto servidora y señor marido (con las dos hijas, claro está) nos fuimos a disfrutar de la comida casera del club (con menú a buen precio) Día redondo. Altamente recomendable ir a ese sitio. No necesitas inscribirte y puedes ir cuantas veces quieras. Además hay siempre un montón de niños.

Ah y clase de tenis

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