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Blogs Madre no hay más que una por Gema Lendoiro

El primer amor

Gema Lendoiro el

Tengo yerno. Así como lo están leyendo.  Doña Tecla (a finales de septiembre con tres tiernos años) ha descubierto que el corazón le late más deprisa cuando ve a un rubiales de melenita que se sienta en su clase. Y no me extraña porque el niño es un bombón. “Mamá, mi busta Buno” me espetó el otro día a medio oído y poniendo sonrisa picarona. ¿Será que ya sabe la puñetera eso de que los humanos (no todos pero sí la mayoría) nos sentimos atraídos en algún momento de nuestras vidas por alguien del sexo contrario?

No me esperaba yo que fuese tan precoz la resabiada de ella pero sí, va a ser que incluso más que su madre. Que yo recuerde mi primer novio fue a la tierna edad de los 4 años, era mi vecino y también rubio y de melena al viento. Nos hicimos novios en el cine, nos apretamos muy muy fuerte las manos y así nos hicimos novios. O al menos eso es lo que mi madre dice que le conté cuando salí pletórica de felicidad de ver la película. Y fue un amor verdadero, porque durante dos años nos mantuvimos fieles el uno al otro y diciéndole a nuestras respectivas madres lo guapos que nos resultábamos el uno al otro.

Doña Tecla, sin embargo dice que Bruno es muy feo. Así que ya le digo yo que no, que no lo es y que si lo es, no pasa nada, que la belleza está en el interior y todas esas cosas. Eso sí, cuando me ha soltado que es muy malo ahí sí que le he dicho, ah pues si es malo entonces no nos gusta nada, que lo aguante su madre. Que no se vaya la niña a pensar que los canallas son los que hacen feliz a una mujer sino todo lo contrario. AmoshombreporDios

También he de contaros que el otro día conoció in situ la cosa masculina. Me explico. Me fui a pasar la tarde con una amiga que tiene niños varones. Tres. Aunque ese día estaban solo dos (mediano y pequeño) Cuando subimos del jardín bañamos a los tres juntos. Su pequeño tiene dos, doña tecla casi tres y su mediano casi 4. El caso es que ahí, en medio de los juegos en la bañera se dio cuenta la rizos de mi hija que entre las piernas de esos dos niños había algo que no le cuadraba así que primero fijamente, luego señaló y a continuación preguntó: ¿Qué es eso? La colita, le dije. Tú no tienes porque eres una niña. Y, como no podía ser de otra manera, siguió jugando.

Pues nada, que nos vamos haciendo ya mayores.

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