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Blogs Madre no hay más que una por Gema Lendoiro

Hablar a los hijos de la muerte

Gema Lendoiro el

No soy persona a la que le guste ponerse melodramática pero hay temas que son ineludibles. Reconozco que una de las cosas que me intrigan es saber cómo responder a mis hijas el día que me pregunten qué significa la muerte y qué pasa cuando te mueres. Y es que siendo como soy creyente, tengo fe en el más allá pero no certeza. Sé que la idea de la muerte es todavía muy pronto para que doña Tecla ande haciendo averiguaciones (2 años y medio) pero es ayer, mientras cenaba, le puse El Rey León. La ha visto mil veces pero  fue anoche la primera que no me pidió que le pasara rápido la escena en la que muere Mufasa. No sé qué extraño sexto sentido le dijo la primera vez que la vio que aquello no le gustaba y siempre ha preferido evitarlo. El caso es que ayer no lo pidió y a mí, la verdad, se me pasó. Yo seguí haciendo cosas en la cocina cuando de repente me fijé en ella y la vi hecha un mar de lágrimas, de esas serenas y profundas, sin ruidos. Sentí un pinchazo en el estómago porque me di cuenta de que estaba comprendiendo, muy vagamente, una idea de muerte.

Es difícil explicar a un hijo qué es la muerte y por qué se produce cuando uno mismo rehúye hablar del tema porque nos da miedo lo que no conocemos. Me quedé mirándola y enseguida se dio cuenta y lo rechazó con un enérgico: “mamá, tita, no miras” Que la niña tiene su carácter. Respeté que le diera vergüenza tener sentimiento y no le hice ningún comentario. Pero estuvo suspirando un buen rato.

Tengo tiempo hasta que llegue el día pero me temo que cuando llegue tendré idéntico problema que otros padres, sean creyentes o no. Bueno, rectifico. Creo, en mi humilde opinión, que es más sencillo explicar que te vas al cielo que decir que todo se acaba. O que no sabes qué pasa. Aún así es duro. Y tiene que serlo porque a mi edad la idea de la muerte me ronda a menudo y confieso que la temo. Más temo morirme pronto y dejar a mis hijas sin madre que a otra cosa pero ese es otro tema. El caso es que ahora que el problema ha asomado, de puntillas, sobre la mesa, voy a empezar a pensar cómo enfocaré en el futuro la pregunta que todo niño hace tarde o temprano. Porque qué difícil es explicarle a los hijos que somos finitos, quizá la única verdad que aceptamos todos los seres humanos como universal. Que todos nos vamos a morir, dejar este mundo. Tengo la intuición de que contándoles las cosa más adornadas sufren menos pero sufren. Pero es ley de vida, ¿no creen?

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