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Blogs El blog de Edurne Uriarte por Edurne Uriarte

El cobarde Ashburn, el valiente Milk

Edurne Uriarte el

Además de cobarde, mentiroso. Lo es Roy Ashburn, ese senador republicano de Estados Unidos que, cuando se ha visto obligado a confesar que es gay tras haber sido pillado borracho a las puertas de un club gay, ha tenido la caradura de decir que si lo había mantenido en secreto y, además, combatido desde su escaño los derechos de los gays se debía a su obligación de defender las ideas de sus votantes.

 

He aquí a un mentiroso de marca mayor, un tipo que defiende en público todo lo contrario de lo que practica en privado. Que hace bandera política de una mentira privada. Y que, además, resulta ser un cobarde que pone de excusa a los votantes, cuando es pillado con las manos en la masa.

 

 Y soy consciente de la complejidad de la cuestión sobre la correspondencia entre vidas privadas y vidas públicas de los políticos. Lo hemos debatido alguna vez en este blog, por ejemplo, en relación con el colegio alemán de los hijos de un presidente como Montilla que obliga a los niños catalanes a estudiar exclusivamente en catalán.

 

Pero no veo manera alguna de encontrar una justificación, una matización, para Ashburn. Y más cuando su última “hazaña” política fue la de oponerse el año pasado a la declaración del día de Harvey Milk, un activista y político gay que representó hasta su asesinato todo lo contrario a Ashburn. La valentía y a verdad, en primer término.

Supe de su historia, la historia de Harvey Milk, a través del cine, de una estupenda película de Gus Van Sant, Milk, interpretada magistralmente por Sean Penn. A veces el cine tiene la capacidad de conmovernos de nuevo con realidades sociales que ya conocíamos. En este caso, la terrible discriminación que sufrían los homosexuales casi ayer, en la década de los sesenta y de los setenta en Estados Unidos. O de conmovernos con grandes líderes que tuvieron el valor de enfrentarse a todos los obstáculos de su tiempo, sin importarles lo que les pudiera pasar, poniendo los ideales por encima de su propia persona, como hizo Harvey Milk.

 

Por eso, un gesto podría aún redimir ante mis ojos a Roy Ashburn, el gesto de de rectificar y reconocer ese día de Harvey Milk. Tan merecido, tan lógico, tan necesario. Pero mucho me temo que la cobardía no se cura de forma tan repentina.

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