Valentino da lecciones a los jóvenes

Publicado por el sep 14, 2014

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Victoria en su casa. En Italia. Pero la fiesta es universal. Rossi vuelve a los triunfos y la afición Mundial lo celebra como si el italiano viviera su primer título de MotoGP, conquistado en el año 2001. Valentino es el icono del motociclismo desde que en el año 2000 debutó en la cilindrada reina con un subcampeonato que debió ser realmente un campeonato. Roberts le quitó la corona por experiencia y porque la misma casa Honda no creía que el bambino sería capaz de proclamarse campeón en su debut al más alto nivel. Fue un error. El díscolo Vale pudo conseguir el cetro si su equipo se lo hubiera planteado. VR46 levantaba a los espectadores de sus asientos. Su manera de pilotar al borde del suelo y de las leyes de la física vivió un suceso espectacular en aquel inolvidable estreno en el año 2000, cuando el joven ídolo evitó una caída en Jerez al apoyar un codo en el asfalto y recuperar el equilibrio en un acción magistral que provocó que toda la prensa estallara en aplausos desde su cubículo de trabajo. Y éramos trescientos los periodistas levantados en aquella salva de aplausos.

Mis compañeros del ABC de Sevilla me preguntaban entonces que tenía este italiano que nos tenía a todos conquistados. Era fácil. Era distinto. Su pilotaje arriesgado, sus golpes de mano y sus adelantamientos por el exterior, por los pianos pintados de rojo y blanco, de rojo y gualda, dejaban a los directores alucinados. “Vedle correrr y después me decís”. Y los colegas del ABC de Sevilla lo entendieron. Rossi se merecía un página de presentación en el especial dedicado al Gran Premio de España. Y el piloto hizo honor a la página con su actuación estratosférica. Era el inicio de una carrera meteórica con los éxitos y con los aficicionados de todo el planeta.

Ahora, Valentino ha regresado al podio más alto y ha dado una lección más de profesionalidad a los jóvenes. Con treinta y cinco años sigue venciendo. Con esa edad mantiene el tipo frente a Márquez, Lorenzo y Pedrosa. Con estos años se entrena para poder competir con la juventud. Y es capaz de tutearles. Y de superarles. Su dedicación es un ejemplo para los niños. Su sacrificio es un espejo para nuestros hijos. Sus cuentas bancarias tienen tanto dinero que ni él sabe lo que posee. Cien millones de euros, ciento diez. Pero trabaja y compite como si estuviera ganándose su primera moto oficial. Su ilusión por vencer es infinita. Hay una frase que le define dentro del paddock: “Valentino es capaz de vender a su madre por ganar una décima (de velocidad) a su moto”. Es cierto. Otros se habrían retirado hace tiempo. Carmelo Ezpeleta, el jefe del Mundial, tiene la suerte de contar con un campeón que cree en loque hace. Que no quiere colgar la moto. Porque es un mito. Poque nadie quiere que deje el motociclismo. Porque tiene tanta calidad que la exhibe cada dos semanas. Porque con un esfuerzo sobrehumano para mantenerse en forma, demuestra que su clase es inimitable. Hoy es el primer piloto de Yamaha, por delante del gran Jorge Lorenzo. El rendimiento de Rossi es una realidad sobrecogedora. Con treinta y cinco años vuela a 350 kilómetros por hora y maneja la máquina con ese toque de distinción que nadie podrá igualar. Es un dios humano. ¿O no es humano? Márquez lo pone en duda. Piensa que es de otra galaxia. Amén.

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