Al motociclismo español solo le falta una cosa: nacionalizar a Rossi

Publicado por el nov 8, 2010

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Somos la envidia mundial. Los especialistas extranjeros del motociclismo nos odian con esa educación anglosajona que mantiene las formas y explota en cuanto vencen Stoner o Bradley Smith. Están hartos de escuchar nuestro himno nacional. Se lo saben de memoria. Y eso que no tiene letra. Hay que reconocer que los italianos admiten la situación, porque ellos la han disfrutado durante muchos lustros desde los años cincuenta. Pero los europeos del Norte no tragan con este dominio rojigualda. Ellos, que nos vieron como emigrantes con la maleta de cartón durante décadas y ahora nos observan dirigiendo boxes…

Ellos te demuestran su alegría en los palcos de prensa cuando comprueban que quien pasa el primero bajo el banderazo a cuadros no es un español. Saben que es la excepción que confirma la regla. Los tres títulos y los tres subcampeonatos de 2010, refrendados por el Príncipe en el circuito Ricardo Tormo de Valencia, han sido el colmo de una progresión que nació con Pedrosa en 2003, continuó con Lorenzo y no ha parado hasta hoy. Ni se detendrá. Jorge, Dani, Márquez, Terol, Simón, Pol y Bautista auguran éxitos para toda una década. El magnífico trabajo de cantera realizado en España comenzó en 1997 y continúa sin desmayo con el Campeonato de España (CEV), el Open RACC, la Copa Bancaja y otros trofeos de promoción que permiten a los chavales demostrar su calidad y ser objeto de deseo por los ojeadores de las dos ruedas, que son como las meigas: no se saben quienes son ni donde se colocan, pero existen.

Los españoles no somos tontos y sabemos que solo nos falta una cosa: Valentino. Italia tiene al ídolo que ha trascendido al motociclismo para convertirse en la imagen de un deporte. En Valencia hubo fiesta española y para muchas personas la foto del final del campeonato fue ver a Rossi besando a la Yamaha, postrado en un lado del asfalto. El “Doctor” se despedía de su vieja novia, la M1.

Porque este martes se casa con otra, llamada Ducati, pelirroja, rubia y pizpireta. En Valencia nadie recordaba que Lorenzo le había dado otra lección magistral al viejo icono del Mundial. Solo destacaban que VR46 se arrodilló ante la madura Yamaha y le dijo: “Perdón, me voy con Ducati”. A eso se le llama dirigir el cotarro sin necesitar vencer. El viejo emperador fue tercero en la carrera. A nadie le importó. Lo relevante fue que “Vale” robó el corazón del planeta con esa obra de teatro junto a sus dos “mujeres”. Millones de hembras de verdad habrían deseado ser Yamaha, recibir sus besos. Y muchos más millones de mujeres desearían ser una Ducati desde mañana. Rossi es el dios del motociclismo. Solo nos queda una cosa: nacionalizarle español. Pongámonos al tajo, que al tótem de este negocio le gustan demasiado Jerez y los chopitos. Marchando una de pasaporte rojigualda.

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