¿Merece la pena aceptar un cargo pùblico?

Publicado por el Nov 6, 2013

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Trabajar para el sector público  en puestos de responsabilidad garantiza un sueldo discreto y temporal y un caudal de problemas en muchos casos. Una incorrecta lectura de las “incompatibilidades dolosas” conduce a que el sector público sea una mala opción para quienes tengan otras posibilidades de trabajo, es decir para los más capaces. El sector público garantiza elevada exposición, escrutinio riguroso, incluso desproporcionado,  y más adversarios que amigos.

El caso del director de regulación del banco de España que, tras abandonar (no voluntariamente el cargo), recibió la oferta para  presidir la Asociación Espñola de Bancos,  es uno caso de los denominados casos de “puerta giratoria”, frecuentes entre altos funcionarios que unas veces trabajan para el Estado y otras para otros intereses, en algunos casos contra el Estado. El ministro de Economía ha abierto ese melón conociendo bien las circunstancias. Su propia trayectoria profesional es un ejemplo palmario de puerta giratoria sucesiva con el partidismo como factor adicional. Un mal al cuadrado.

Profesionalizar la Administración con funcionarios de carrera hasta los máximos nivel puede ser una buena vacuna, aunque  nunca suficiente y siempre con efectos colaterales que hay que saber ponderar. Cerrar las oportunidades al salto de lo público a lo privado, supone crear un sacerdocio de altos cuerpos, incluidos magistrados (¿por qué no diputados?). Tiene sus inconvenientes a poco que se medite. Otra alternativa más discreta es aplicar plazos entre una y otra vida, pero ¿qué hace un profesional en el intermedio si no es rico por su casa? La actual ley de incompatibilidades fue fruto de un calentón en la etapa socialista. Una mala ley que no ha resuelto los problemas y que, además, se cumple con disimulo e intermitencia.

En este asunto hay demasiados tópicos y mucho cinismo;  incompatibilizar  no evita la corrupción (que discurre por otros derroteros) y puede contribuir a la incompetencia.  Dejarse llevar por frustraciones o por la ira, solo conduce al desastre. En el caso Guindos contra la AEB van a salir perdiendo todos, con daños personales innecesarios e institucionales muy lamentables.  Nadie va a ganar y v todos van a hacer el ridículo. El Evangelio dice “si tu mano te lleva a escándalo… córtala”. No se trata de cortar nada pero si de que los errores tengan nombre y apellido y se paguen. De momemnto lo que hay sobre la mesa son muchas intrigas, algunas mentiras y un papelón.  El Banco de España queda más debilitado, si cabe; el minsisterio se percibe como peligroso y la AEB como una casa dependiente y a la orden. ¡Vaya desastre!

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