Lo importante es el paro, lo urgente el déficit

Publicado por el feb 5, 2016

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Antes o después habrá gobierno o nuevas elecciones que aplazarían el nuevo gobierno hasta avanzado el verano o más allá. Mientras, un gobierno en funciones, con poderes muy recortados, gestionará los asuntos públicos como un albacea la herencia de unos herederos ausentes. Es cierto que en un estado tan descentralizado como el español buena parte de las funciones clave, las que más interesan a los ciudadanos (educación, sanidad….), están trasferidas a los gobiernos autonómicos o a los Ayuntamientos, que no están afectados por la provisionalidad.

No obstante al nuevo gobierno le corresponden decisiones críticas en materias como la financiación autonómica y local, que pasa por una fase agónica, así como trasladar a los socios internacionales (a Europa, a los acreedores y financiadores…) una sensación de confiabilidad que es decisiva para el funcionamiento ordinario de los servicios públicos.

El primer problema de los españoles es el empleo, que incluye también los salarios. Pero crear empleo y buenos salarios incumbe al gobierno en segunda derivada, no es el protagonista principal, le corresponde crear las bases, alentar el clima para que los empleadores actúen. Desde luego que la provisionalidad y la ambigüedad no ayudan.

Los que si corresponde al gobierno de forma directa, incluso al provisional, es la gestión pública de sus cuentas y de sus compromisos. Más en concreto los ingresos y gastos y el déficit. El año 2015, de gran crecimiento económico e incluso del empleo y de gran estabilidad de precios, se cerró con un déficit que ronda el 5%, ocho décimas más del objetivo, casi 10.000 millones de euros.

Para este año hay que reducir esos 10.000 millones y alguno más para alcanzar el objetivo de dejar atrás el déficit primario, que es condición necesaria y no suficiente para gobernar con soberanía limitada. España tiene que refinanciar este año 400.000 millones de euros (la mitad público, la mitad privado) y para ello se requiere gozar de credibilidad, ser fiable. Y eso pasa por evitar lo que se llama “déficit excesivo”, déficit primario. Grecia y Portugal, rescatados y vigilados, superaron esa listón; España no.

¿Hablan los líderes políticos que tratan estos días de formar gobierno de este problema? Sospecho que ni tan siquiera lo tienen en primer plano, que imaginan que estos asuntos del déficit son tecnocráticos, economicismo despreciable. Ojalá me equivoque. Con más déficit del asumible no se creará empleo.

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