La cristalizacion de los Presupuestos

Publicado por el nov 27, 2013

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El ministro de Hacienda está convencido de que va a cumplir los objetivos presupuestarios con margen de alguna décima, una o dos. Y es posible que así ocurra, el ministerio tiene un razonable dominio de las cuentas y dispone de margen de maniobra para ajustes de última hora que permitan anticipar ingresos y retrasar pagos para cuadrar y alacanzar el objetivo y hacerlo sin trampas.

Pero la cuestión no es solo cuadrar las cuentas, aunque no sea poco, la cuestión de fondo es construir y ejecutar un Presupuesto consistente y con futuro. Y estos últimos Presupuestos no cumplen esas condiciones. Buena parte de los problemas vienen de atrás, de la etapa de gran crecimiento, acentuado por los fondos europeos, por ese billón de pesetas (6.000 millones de euros) neto que aportaba la Unión a las cuentas públicas españolas cada año durante más de una década para contribuir a la cohesión y  acelerar el crecimiento.  Una política prudente hubiera aconsejado contabilizar esos ingresos como atípicos, extraordinarios, algo así como lo que hacen ahora con el crédito para el saneamiento de los bancos, que es déficit, pero no se cuenta. Aquellos fondos pudieron haber sido un superávit que no se contara, que sirviera para compensar en los malos tiempos.

Pero ese es agua ya pasada, no se hizo y no tiene vuelta atrás. Lo que los tres últimos presupuestos acreditan es que ingresos y gastos están cristalizados. Los rendimientos fiscales se comportan como la economía: estancados. Los aumentos de los principales tipos impositivos aplicados durante los últimos tres años (por los dos gobiernos) solo permiten repetir las cifras y mantener una presión fiscal en torno al 35%, una de las más bajas de Europa, aunque los tipos impositivos figuran entre los más altos.

Al otro lado de la cuenta, en la de gastos, la situación es semejante. Los dos gobiernos (Zapatero y Rajoy) han recortado gastos, especialmente inversión y gasto social, la zona blanda, la más fácil, pero el gasto público sigue instalado en porcentajes superiores al 42% del PIB, lo cual supone un déficit crónico de siete puntos. Ese es el objetivo de los dos últimos años, pero es el peor dato de la Unión Europea, semejante al griego y no se puede soportar. Con creciento habrá más ingresos y menos gastos, pero el crec¡miento no es maná que llueve del cielo por la gracia de Dios.

Si asombramos al mundo es por la cifra de paro y también por el déficit; y pronto por la deuda. Además hay otros datos que son favorables, pero que palidecen ante el reto de los datos antes citados.

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