La corrupción tiene coste directo y de oportunidad

Publicado por el Mar 23, 2010

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Coinciden en el tiempo la salida de prisión, tras 15 años de cumplimiento, del granuja más relevante de los gobiernos de Felipe González el exdirector general de la Guardia Civil Luis Roldán, con la cita ante el juez de instrucción del que puede llegar a ser el más destacado granuja de los gobiernos de Aznar, el exministro y expresidente de Baleares, Jaime Matas.

En una competición para ganar el título de “mayor granuja de su generación” concursarían algún ciento de candidatos y no parece sencillo atribuir de antemano ganadores, desgraciadamente abundan entre los posibles concursantes varios candidatos.

La historia de la actual democracia española, 33 años, tiene pa´ginas brillantes, las mejores de una larga historia pero zonas de sombra y vergüenza que tienen que ver con la corrupción política. Y de esas sombras la peor, aparte de los hechos en si mismos, es la resistencia de los partidos y de sus líderes a hacer frente a la corrupción con todas sus consecuencias. En todos los casos han vacilado, reculado y mirado a otro lado. Y en ningún caso se han implantado sistema de control, de transparencia y de sanción desalentadora de la corrupción. El encubrimiento y el mal menor ha prevalecido sobre el rechazo y la condena de los comportamientos irregulares.

La corrupción aquí ha sido clásica, vender favores y ventajas, sin dar aun el triple salto mortal a la italiana que significa cobrar por otorgar a terceros aquello a lo que estos tienen derecho. Pero tiempo al tiempo.

El coste público de la corrupción es enorme, significa el descrédito de la política, de los políticos y del estado., y también de los corruptores que también forman parte del problema, por ser víctimas y verdugos, a veces todo al tiempo.

El juicio a Roldán y ahora el de Matas (y todos los que intermedios y simultáneos) trasciende conductas individuales; son excepcionales pero demasiado frecuentes, demasiado enredados, con permanente recurso a la excusa del procedimiento, a la prescripción o el error judicial. La historia española de corrupción política es mediterránea, propia de sucios, propicia a la desconfianza social y al descrédito público y de enorme coste directo y emocional. Significa un modelo político inmaduro, una democracia incipiente. Tiene costes directos de fraude fiscal, de malversación, perjudica a las instituciones y genera costes de oportunidad ya que aleja de lo público a los mejores y siembra desconfianza y mucho recelo.

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