La condena a Spanair, un aviso a navegantes

Publicado por el Sep 22, 2014

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Cuantos formaron parte del consejo de administración de la fracasada Spanair deben maldecir el día y la hora en el que aceptaron subirse a ese viaje, invitados por el gobierno catalán que quería hacer patria y abastecer el aeropuerto de Barcelona con alguna compañía de matriz catalana. La elección de marca para satisfacer ese objetivo fue desafortunada y el desarrollo posterior también.

El negocio aéreo es complicado, el índice de mortalidad de las compañías es muy alto, se trata de un negocio de mucho riesgo y poco margen y solo la aparición de empresas de bajo costo ha abierto nuevas posibilidades de negocio. Spanair fue siempre una empresa tutelada por SAS con pobre resultado y con unos socios españoles que han tenido un fatal desenlace.

Cuando el gobierno catalán quiso utilizar la averiada base de Spanair  para reconstruir una compañía “nacional” aunque no nacionalizada (Bruselas no le permite) se equivocó y los hechos lo han acreditado. Además el gobierno empujó a empresarios sensibles a la música nacional o interesados en agradar al poder político, a secundar la aventura con dinero (en algunos casos compensado por otras vías) y con una presencia en el consejo que servía de coartada frente a los de Bruselas, vigilantes de las ayudas de estado que afectan a la competencia. Efectivamente Bruselas mostró reticencias que desanimaron a posibles socios del sector, una próspera compañía del Golfo que parecía decidida a entrar en la aventura Spanair. Finalmente llegó el concurso de acreedores y  la muerte de la compañía con una factura a accionistas y a los acreedores, incluida la plantilla.

Ahora un juez ha entrado a analizar las decisiones del consejo y considera que fue culpable de negligencia y de retrasar el concurso de acreedores, incrementando así las deudas y las pérdidas. Por eso sanciona a los miembros del consejo con una multa de casi 11 millones de euros. Cornudos y apaleados, se sienten los consejeros embarcados en un negocio que no conocían y que no estaba en su mapa de intereses. Desde luego que el gobierno catalán (entonces era el tripartito) solo les animó, les empujó, sin que la persuasión fuera coactiva. La responsabilidad de los inversores es obvia, pero… ahora reconocen que sentían el aliento oficial, percibían que su ayudaban serían ayudados, compensados si la cosa salía mal.

La sentencia será recurrida y tendrá recorrido por otras instancias judiciales que pueden sentar un precedente. Sentarse en los consejos parece un honor, pero también tiene riesgos que conviene considerar antes de  decidir.

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