El Santander en la parrilla y a dos fuegos

Publicado por el Jan 12, 2015

Compartir

La operación del Santander (más capital, menos dividendo) es realista y ortodoxa, pero tiene que pasar por la prueba del algodón del mercado. Está sometida a fuegos cruzados, el de los analistas, calificadores e inversores institucionales, y el de sus propios accionistas clásicos y leales. Para los primeros la operación es brillante, oportuna y valiente. Consideran que reforzar el capital y la solvencia es lo que hay que hacer en estos tiempos inciertos y sometidos a sospechas. Y colocar la retribución al accionista en un rango sostenible y ortodoxo formaba parte de lo inevitable.
Para los segundos el tema está menos claro ya que consideran que el banco mejora a costa suya, de los leales a los que se ha sometido estos últimos años a frustración y ducha escocesa. El año 2009 la cotización sostenía los dos dígitos, entre 10 y 12 euros; a ese precio no pocos accionistas clásicos adquirieron una gigantesca operación de bonos convertibles que todavía pesan y restan en las carteras de esos inversores. El banco obtenía beneficios en el rango de los 8.000/9.000 millones de euros que justificaban la cotización. Luego vino el ajuste, no solo al Santander, sino a todo el sector, y la cotización cayó al rango entre 8 y 6€ (2011), 6/3,3€ (2012), a medida que los beneficios caían hasta un suelo los 2.200 millones de ese ejercicio.
La estrategia del banco fue mantener el dividendo de 0,60€ (cien pesetas) como compromiso de futuro y de recuperación; lo hizo con la fórmula de nuevas acciones (y el aliciente de incentivos fiscales temporales) con la expectativa de revertir la situación y recuperar el rango de 9.000 millones de beneficios. Pero la crisis ha sido más dura y más larga que hace insostenible el dividiendo redondo de cien pesetas.
Una opción para el banco era una ampliación de capital clásica, con derechos de suscripción y un período de colocación de no menos de cinco semanas, con incertidumbres imprevisibles. O una colocación rápida, un día, sin derechos para el accionista, con sacrificio inmediato para la cotización y con la esperanza de que el accionista entendería que merece la pena alguna renuncia a cambio de mejorar los cimientos.
Dos días de cotización sometidos a la parrilla de la compra-venta de acciones indican que la cotización se ha colocado por debajo del precio de colocación a los nuevos accionistas, lo cual significa una mala nota, aunque se trata de un plazo demasiado corto. Las nuevas acciones no cotizarán hasta mañana, así que conviene ser cautos en las conclusiones. Estos son tiempos acelerados, de manera que no recuperar el rango del precio de colocación supondría un mal paso, frustración para los accionistas leales.

Compartir

ABC.es

Nuestro Dinero © DIARIO ABC, S.L. 2015

La economía se ha convertido en la principal preocupación de todos nosotros. En este sitio encontrarás pistas certeras para comprender qué está pasando con nuestro dinero. Más sobre «Nuestro Dinero»

Etiquetas
Calendario de entradas
octubre 2017
M T W T F S S
« Apr    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031