El PIB catalán cuarenta años después

Publicado por el Nov 29, 2015

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Hemos andado de comparaciones a cuenta de los cuarenta años de cambio de régimen en España, comparaciones que pueden ser peligrosas ya que debidamente torturadas pueden dar el resultado que quiera el torturador. Los datos agregados más llamativos, el PIB, la renta per cápita… tropiezan con problemas de interpretación. Ahora empiezan a llevarse indicadores más complejos que mezclan otros indicadores, índices de bienestar, de calidad de vida, de felicidad. Por ejemplo comparar el coche más vendido hace cuarenta años con el más vendido ahora tiene serios problemas de equivalencia, uno al lado del otro es cualquier cosa menos equivalente.
Pero lo que me ha llamado la atención estos días de comparaciones es una relacionada con las cuentas regionales tras cuarenta años de sistema autonómico con un descentralización que en pocos años desplazó hasta el 40% del gasto público a los gobiernos autonómicos, dotados además de unas facultades legislativas y unas competencias que van más allá de las de los estados federales más descentralizados.
La descentralización que ha supuesto el estado autonómico goza de mala prensa pero alta aceptación ciudadana. Son bastantes más los ciudadanos que quieren que siga ese modelo de organización territorial, que los que prefieren una vuelta atrás. Las desigualdades territoriales no se han agudizado con el actual modelo, y es evidente que las zonas más retrasadas hace cuarenta años, siguen a la cola, pero han mejorado sustancialmente sus condiciones de vida.
Un hecho llamativo es la comparación de Madrid con Barcelona, son las dos principales ciudades española, las más conocidas, las más llamativas e innovadoras en términos generales. Hace cuarenta años desde Madrid mirábamos con cierta envidia a Barcelona, allí pasaban cosas que aquí no pasaban; de allí salió el grito-reivindicación: “libertad, amnistía y estatuto de autonomía”, que era compartido en toda España aunque en muchos lugares lo de la autonomía tocaba de lado.
Hoy Madrid tiene poco que envidiar de Barcelona (salvo el mar) en aspectos culturales o de convivencia, en libertades o en creatividad. Más aun, ahora las comparaciones Madrid-Barcelona cambian el perímetro, Madrid se entiende como Comunidad administrativa efectiva (artificiosa y sin raíces históricas) y Barcelona se sustituye por Cataluña, es decir Barcelona más las otras provincias o comarcas que encabezan Tarragona, Lérida y Gerona.
Y de la comparativa salen muchas semejanzas o equivalencias. En resumen que estos cuarenta años de autonomía, de gestión catalana para Cataluña, puede que no les hayan ido tan bien como a los madrileños. No por competencias, ni por descuadres fiscales… convendría investigarlo más a fondo y sacar conclusiones. Voy más lejos, puede que la independencia tampoco les fuera tan bien como prometen. Enredarse con la identidad puede tener costes no estimados y consecuencias nunca buscadas.

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