El dilema de la CEOE y el vacío del gobierno

Publicado por el Jul 23, 2009

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El presidente de la CEOE se ha plantado, siguiendo el mandato de sus compañeros de ejecutiva, y califica de insuficientes, leves, las propuestas del gobierno, aceptadas por los sindicatos, para escenificar un acuerdo social. El dilema de la CEOE es componer la figura y aceptar un acuerdo de mínimos, para evitar significarse o defender lo que estiman necesario: una reforma laboral que responda al problema del paro, el mayor de la CEOE. Se ha impuesto una línea clara: decir que el acuerdo propuesto es irrelevante y por tanto rechazarlo.

Al gobierno, a su presidente le niegan la foto del acuerdo, el mensaje y la imagen de que para negociador nadie como él. Pretendían un acuerdo sin coste ni desgaste para el gobierno, convertido en mero testigo del consenso de los otros. El gobierno se colocó en el papel de Pilatos o quizá mejor asumió aquella frase, quizá nunca pronunciada: Ni quito ni pongo, ayudo a mis amigos. Y entre sus amigos no están los de la CEOE.

El cortejo a los dirigentes de la CEOE, especialmente a su presidente ha sido sutil y firme. Pero Gerardo Díez Ferrán es astuto y se ha amparado en la voluntad de la ejecutiva, es un presidente que quiere ser representativo, actuar en nombre del colectivo y no como líder que conduce la organizaciópn que preside. Cuevas ejerció de presidente con margen de maniobra, con capacidad de negociación. Su sucesor prefiere ser intérprete y no autor.

En la CEOE saben que dar un portazo tendrá costes de imagen, que les van a poner a caldo, y algún disgusto adicional por ser desafectos al gobierno. Pero mayor coste sería no interpretar la voluntad de sus socios que están irritados por la política económica y por la débil respuesta oficial ante las demandas de reformas.

En los días que quedan de mes es probable que el gobierno suba la puja, que mejore la oferta e incremente la presión sobre la patronal, para lograr que se doblegue a la liturgia del pacto.

El gobierno confunde instrumentos con fines. No es un fin en si mismo (lo es para el gobierno) firmar un acuerdo, se trata de un instrumento para un fin más sustancioso: más crecimiento, más empleo. La resistencia a la reforma laboral es actitud conservadora, resistente al cambio, propia de instalados que temen perder posición, que no arriesgan. Ese es el diagnóstico de lo que ocurre. Quieren un acuerdo pero sin cambiar casi nada.

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