El caso colonial como indicador inmobiliario

Publicado por el ene 20, 2014

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Inmobiliaria Colonial ha sido (sigue siendo) una de las compañías inmobiliarias sobresalientes: prudente y cautelosa durante dos generaciones, desde su creación en 1946 hasta el punto más alto del ciclo (2006); audaz e insensatamente gestionada (como casi todas las demás compañías del sector) tras la OPA que recibió de uno de los grupos nacidos con el boom, Inmocanal,  que multiplicó hasta lo insoportable la deuda; y con una compleja reestructuración financiera y accionarial durante los últimos tres años, de la mano de los bancos, algunos de ellos los de los buenos tiempos, y de un nuevo equipo directivo encabezado por profesionales que estuvieron en colonial antes de la crisis.

Colonial tiene ahora un pretendiente singular, Juan Miguel Villar Mir uno de los empresarios de más éxito durante los últimos treinta años, que ha construido un grupo empresarial sobresaliente (industrial, constructor, concesionario…) a base de asumir el riesgo de recuperar empresas muy mal gestionadas.

A razón de casi una operación al año el crecimiento del Grupo Villar Mir desde 1985 ha sido espectacular por dimensión y acierto. En el caso de Colonial se enfrenta a un reto complejo que, de momento, le ha obligado a una inversión de 50 millones de euros antes de materializar sus objetivos.

Colonial tiene luces y sombras; la luz viene de unos buenos activos inmobiliarios en alquiler en Madrid, Barcelona y París. La sombra reside en una deuda pesada y unos activos malos, suelo y obra en curso, agrupados en una sociedad filial a modo de “banco malo”. Reestructurar la deuda y liquidar la filial averiada devolvería a Colonial su valor tradicional con garantía de futuro. Pero eso requiere algunas ventas (en curso), reestructurar la deuda (en negociación) y aportar nuevos recursos.

La junta general de accionistas decidirá mañana la ampliación de capital, con ajuste del actual, que consolidaría a Villar Mir como principal accionista  y gestor de hecho. Pero eso no significa punto final a la crisis, ya que sigue pendiente la reestructuración de la deuda, con el principal acreedor, los canadienses de Brookfield, patrocinando otra alternativa sin Villar Mir.

Para el grupo español consolidar Colonial y sus actuales activos inmobiliarios (torre Espacio y Canalejas) supone crear una de las compañías inmobiliarias más importantes de Europa, con capacidad para crecer. Para los canadienses se trata de salir lo mejor librados posible de su inversión. Que un grupo español puje para crecer, invierta en activos españoles  indica oportunidad y  posibilidades. El resultado  final dará una señal sobre el pulso de la recuperación. Esta es una de esas operaciones prescriptoras que cambian tendencias.

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