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Hangzhou, la Venecia verde de Oriente
09 Junio 2009, 15:58Un viejo proverbio chino reza que "en el cielo está el paraíso, mientras que en la Tierra están Suzhou y Hangzhou". La primera, enclavada en la provincia de Jiangsu, es una bellísima ciudad plagada de canales que aún conserva su encanto del pasado, mientras que la segunda ya se ha convertido en uno de los destinos turísticos más solicitados del país.
Capital de la provincia de Zhejiang, al sur de Shangai, Hangzhou ofrece como principal reclamo sus numerosos parques y jardines y el Gran Lago del Oeste, ubicado en el centro de esta urbe de seis millones de habitantes que es una de las más elegantes, coquetas y prósperas del coloso oriental.
Por ese motivo, muchos ya la han bautizado como la "Venecia de ojos rasgados" o la "Venecia de Oriente", aunque también se podría comparar con la aristocrática Ginebra por el gran parecido que el Gran Lago tiene con el enorme estanque de la ciudad suiza.

Pero el refinamiento de Hangzhou no se debe sólo al extraordinario crecimiento que está experimentando el país, especialmente notable en esta laboriosa e industrial provincia situada en la franja costera, sino que hunde sus raíces en las dinastías más brillantes del “dragón rojo”.
Como una de las siete ciudades más antiguas de China, Hangzhou remonta sus orígenes a la estirpe Qin (221-207 antes de Cristo), la primera que unificó el “Reino del Centro” bajo la figura del poderoso pero despótico emperador Qin Shi Huang. A pesar de su temprana fundación, Hangzhou no vivió su primer gran momento de esplendor hasta el año 610, cuando entró en funcionamiento el faraónico Gran Canal que la comunicaba a través de 1.794 kilómetros navegables con Pekín y que enlazaba el río Amarillo con el Yangtsé.
Esta precursora obra de ingeniería, que aún hoy sigue estando operativa como reclamo turístico, fue construida durante la dinastía Sui entre los años 605 y 609, permitiendo a partir de ese momento el transporte de mercancías, fundamentalmente cultivos agrícolas y objetos de artesanía, desde el fértil sur del gigante asiático hasta el norte.
Precisamente de esa época data el Lago del Oeste, el más famoso de los 36 emplazamientos que llevan el mismo nombre en China. En el siglo VII comenzó el dragado de esta laguna del río Qiantang que, con los diferentes diques levantados con el paso de los años, ha quedado totalmente separada del mismo.
En la actualidad, el lago ocupa una superficie de 6,38 kilómetros cuadrados y cuenta con varios lugares de interés para el viajero, que no debe perderse un paseo en barca por sus mansas aguas. En la orilla norte se encuentra la isla de la colina Gu, a la que se puede llegar paseando por el puente de Baidi.
En lo que antes fue el palacio de verano del emperador Qianlong durante el siglo XVIII, hoy se erige un impresionante complejo turístico que comprende el Museo Provincial de Zhejiang, el parque de Zhongshan y el famoso restaurante Louwailou Caiguan, que abrió sus puertas en 1848.
Tras deleitarse con alguna de las especialidades de este establecimiento, como la carpa con salsa agridulce o las gambas con té verde, se puede tomar un bote en el embarcadero para navegar hasta la pequeña isla de Yingzhou, en pleno centro del lago y donde destacan los tres estanques que reflejan la Luna.
A continuación, la travesía debe seguir por las isletas del Pabellón en Medio del Lago y de la tumba del señor de Ruan.
Otras escalas ineludibles de este recorrido, como el puente de Su, el estanque de loto en los jardines de Quyuan o la pagoda de Leifeng, se remontan a la época en que Hangzhou se convirtió en la capital de China. Y es que en 1126, cuando los jurchen (invasores del norte predecesores de los manchúes) apresaron a la corte imperial en Kaifeng, la dinastía Song se trasladó al sur y se instaló en esta ciudad, protegida por el Gran Lago y las colinas que hay que atravesar antes de llegar a ella.
Precisamente, fue durante los últimos años de la dinastía Song Meridional (1127-1279) cuando el más célebre aventurero occidental, Marco Polo, llegó a China en 1271. Como consta en su “Libro de Viajes”, el navegante italiano se quedó prendado con Hangzhou, que definió como “un paraíso en la Tierra porque la grandeza y elegancia de esta ciudad son incomparables en todo el mundo”.

Pero no sólo de su Gran Lago y de sus abundantes parques y jardines vive Hangzhou, donde también se puede visitar el monumental templo de Lingyin, construido en el año 326 y restaurado hasta en 16 ocasiones por los destrozos sufridos a lo largo de numerosas guerras y desastres naturales. Aunque ya no tiene los cientos de capillas ni los 3.000 monjes con que llegó a contar en su momento de auge, este recinto aún atesora la mayor figura de un Buda sentado esculpida en madera de China, con casi 25 metros de altura.

Además de las distintas salas del complejo, que los fieles recorren quemando incienso mientras oran pidiendo buena suerte y prosperidad, el visitante puede disfrutar con el paseo hasta el contiguo pico del Norte, en el que podrá encontrar más de 340 esculturas labradas en la piedra de las rocas.

La cima de esta montaña ofrece unas vistas tan espectaculares de la ciudad, donde han proliferado los rascacielos, como las panorámicas que regala la pagoda de Liuhe, que se alza imponente junto al puente que cruza el río Qiantang hasta la nueva zona de expansión de Hangzhou. Erigida en el año 970, sus 13 pisos de madera ascienden hasta los 60 metros de altura, por lo que sirvió de faro en los momentos de máxima actividad de la ciudad como uno de los principales puertos del gigante asiático.
Y es que Hangzhou se ha destacado por el comercio de productos locales tales como su exquisito té verde, su finísima seda y sus afiladas tijeras. Por eso, no hay que olvidar comprar alguna de estas especialidades en la calle vieja de Qinhefang, que ha sido remodelada por completo para recuperar, curiosamente, todo el esplendor de su pasado. -
Por 30 céntimos, eche un vistazo a la hermética Corea del Norte
29 Mayo 2009, 13:17Un puente de unos 500 metros levantado en 1942 separa la frontera entre China y Corea del Norte a las afueras de Yanji, en la provincia de Jilin. Por unos 20 yuanes (2 euros), los turistas chinos pueden cruzar hasta la mitad del puente y, acompañados por un soldado, retratarse con la ciudad norcoreana de Namyang al fondo. A los extranjeros les está prohibido acceder al puente y los soldados chinos hasta les piden que borren sus fotos.

Mientras la parte china es un hervidero de máquinas excavadoras que derriban casas viejas y grúas que levantan nuevos bloques de pisos, en la norcoreana se vislumbra el lánguido ritmo de la vida bajo el despiadado régimen del “Querido Líder” Kim Jong-il.
Unos campesinos acarrean abultados fardos de leña para calentarse y cocinar en hogueras por la falta de electricidad y un desvencijado camión de color azul cargado de soldados sube a duras penas una empinada cuesta cercana a la frontera.
Por tres yuanes (30 céntimos de euro), todo esto se puede ver gracias a los anteojos y prismáticos que avispados vendedores ambulantes han instalado en el paseo junto al río Tumen, actualmente sometido a obras de reforma y plagado de carteles ensalzando la amistad chino-coreana.
En la China capitalista del desarrollo y el crecimiento económico, también se ha convertido en un negocio echar un vistazo furtivo al régimen más hermético y aislado del mundo. Y también peligroso.
Sin embargo, no se ven muchos soldados norcoreanos vigilando la frontera. “Es que están escondidos tras los árboles”, explica un comerciante chino-coreano, quien descubre a uno de los militares agazapado tras la maleza.
Un poco más al fondo, el omnipresente retrato de un sonriente Kim Il-sung, padre de la patria y del actual caudillo Kim Jong-il, preside una desierta calle de Namyang, donde muchos sospechan que no vive nadie y que es sólo una fachada ante el exterior. “Que el hijo del Sol viva 10.000 años”, reza una propagandística pancarta bajo el retrato.
La ciudad norcoreana es un desolador villorrio formado por destartaladas casas, muchas de ellas con los cristales rotos y las fachadas deslucidas, y varios cuarteles militares de aspecto bastante obsoleto a la sombra de frondosas montañas donde se aprecian grandes espacios talados para usar la madera como combustible. Al otro lado del progreso chino, las mujeres norcoreanas son tan pobres que se bañan cada mañana en el río mientras lavan sus ropas.
Mucho más moderno es, sin embargo, el centro de detención para los refugiados norcoreanos, que preside una colina a la entrada de Tumen. Aquí van a parar los desdichados que huyen del “Paraíso de los Trabajadores” acuciados por el hambre y la alienación de tan brutal régimen. Salir del infierno norcoreano tiene el riesgo de caer en las brasas de la Policía china, que se niega a conceder el estatus de refugiados a los desertores norcoreanos para no airar al Gobierno amigo de Pyongyang.
Cuando el centro está lleno, los presos son metidos en un camión y deportados a Corea del Norte. En el mejor de los casos, allí les espera una buena temporada en la cárcel o en un campo de reeducación mediante el trabajo. En el peor, una muerte segura en una ejecución sumaria.
“A veces les perforan las manos a los presos con las esposas y éstos optan por arrancarse un dedo para huir”, explica un guía chino-coreano, quien razona así que haya muchos mendigos norcoreanos mutilados pidiendo limosna por las calles de Yangi, a unos 50 kilómetros de la frontera y capital de la Prefectura Autónoma de Yanbian. Aquí, donde la mitad de su población son chino-coreanos, se ocultan buena parte de los 400.000 refugiados que permanecen en el gigante asiático tras haber huido del régimen de Kim Jong-il.
Ni aunque fuera gratis, por nada del mundo quieren volver a echar un vistazo a Corea del Norte. -
Turismo de guerra en Pyongyang
01 Noviembre 2008, 03:22En una ciudad tan alucinante y surrealista como Pyongyang, la capital de Corea del Norte, se pueden ver multitud de detalles que sólo podrían definirse como kafkianos. Desde legiones de personas que arrancan las hierbas y raíces del suelo para cocinar o alimentar a sus animales domésticos – como hacían durante la “Gran Hambruna” para sobrevivir – hasta un barco de guerra fondeado a orillas del río Taedong, en pleno centro urbano.

Dicho buque no es otro que el “USS Pueblo”, una embarcación de Estados Unidos que fue apresada por la Armada norcoreana el 23 de enero de 1968 bajo la acusación de que estaba espiando en sus aguas territoriales. Aunque Washington negó los cargos, tanto su capitán como el general Gilbert H. Woodward se vieron obligados a firmar una confesión para conseguir que los 82 tripulantes apresados fueran liberados once meses después, el 23 de diciembre de ese mismo año.
Desde entonces, la nave ha permanecido atracada en Pyongyang como un trofeo de guerra que al régimen estalinista le gusta enseñar a los alrededor de 3.000 turistas que visitan cada año este hermético país asiático. Convertido en un elemento más de la propaganda oficial, el “USS Pueblo” es mostrado a los visitantes por el mismísimo teniente que llevó a cabo tan heroica acción militar al capturar el primer barco americano en más de un siglo.
“Tenía 28 años y sólo contaba con siete soldados a mis órdenes, pero abordamos la nave y, mientras uno de nuestros hombres arriaba la bandera americana e izaba la norcoreana, otros tomamos la sala de mandos”, explicó a ABC Pak In-ho, quien hoy ostenta el rango de coronel y luce en su uniforme 30 medallas y el “pin” con la efigie de Kim Jong-il, el padre de la patria y del actual caudillo, Kim Jong-il.
Su versión difiere, como no podía ser de otra manera, de la que contó la Casa Blanca en su día, que aseguró que cuatro barcos norcoreanos y dos cazas MIG de fabricación soviética habían apresado al “Pueblo”. Además, la toma del buque se produjo justo dos días después de que un comando de 31 soldados de Corea del Norte se infiltrara en Seúl para atentar contra el presidente surcoreano, Park Chung-hee, en su residencia oficial de la Casa Azul.
Una prueba más de la tensión bélica que se vivía en ese momento, como demuestran los agujeros de bala que dejó en su casco la conquista del “Pueblo” o las palabras llenas de odio del coronel Pak. “Mi pueblo, Kiong Songri, en la provincia costera de Hamking del Norte, fue bombardeado durante la guerra por los barcos americanos, que mataron a mi hermano menor y destruyeron nuestra escuela”, relató el militar, quien aseguró que “en ese momento decidí convertirme en marino de guerra”.
Además, el coronel Pak insistió en que durante la toma del barco no tenía miedo porque, según dijo, “me guiaba la sed de venganza, por lo que nunca me habría rendido como los americanos, que eran unos cobardes porque temían a la muerte”.
Su discurso encaja a la perfección con la propaganda de la que hace gala el régimen estalinista de Pyongyang, que vuelve a aparecer con toda su intensidad en el vídeo de la captura que se proyecta para los turistas. Mientras suena una épica música marcial, el documental muestra a los marineros americanos temblando al ser apuntados por los soldados norcoreanos.
“Estados Unidos, un agresor enemigo de la paz, se arrodilló ante el pueblo de Corea del Norte y fue humillado de nuevo por el Gran Líder Kim Il-sung y el general Kim Jong-il”, se vanagloria la voz en inglés que narra el vídeo.
Pero ésta no es la única ración de propaganda política que deben aguantar los pocos turistas que visitan Corea del Norte, uno de los países más herméticos y aislados del mundo.
Mención aparte merece el Museo de la Guerra, un descomunal recinto con decenas de salas donde se exhiben tanques, camiones, cañones y demás armamento arrebatado a las tropas americanas durante el conflicto, que duró de 1950 a 1953.
Más impresionante aún es el Museo de las Atrocidades de Sinchon, donde unos espeluznantes cuadros muestran a unos sádicos soldados estadounidenses practicando unas torturas propias de la Inquisición, como serrando cabezas, sacando muelas con alicates, empalando a mujeres y arrojando niños a las hogueras.

“Odio a EE.UU. tanto que lucharé contra ellos toda mi vida”, juró Jong Kun-song, un norcoreano de 63 años que, según cuenta, sobrevivió milagrosamente cuando los militares americanos quemaron vivos a 105 niños encerrados en un polvorín el 4 de diciembre de 1950. Entre las víctimas estaban sus padres, empleados en una plantación de arroz, y sus cuatro hermanos menores.
“Una niña salió por una ventana apilando cadáveres. Yo me quedé en una esquina y el fuego no llegó hasta mí, pero pude ver cómo se quemaban todos los demás”, narró el hombre junto al director del Museo de las Atrocidades, Kim Piong-ho.
“La ocupación de Sinchon, que duró desde 17 de noviembre hasta el 7 de diciembre de 1950, dejó 35.383 de los 120.000 muertos registrados en la provincia”, indicó Kim. Sus afirmaciones, que atribuyen a las tropas americanas buena parte de las matanzas cometidas por las fuerzas surcoreanas, sirven para adoctrinar en el odio a EE.UU. a los 400.000 norcoreanos – la mitad de ellos niños – que cada año visitan el recinto.
De hecho, todo el viaje a esta pequeña nación del Nordeste Asiático es un gran ejercicio de propaganda que, sin embargo, no oculta el alienante estado de excepción bajo el que vive Corea del Norte. Aquí todo el mundo es siempre sospechoso de algo, como el transeúnte norcoreano que, despistado, caminaba por la orilla del río que baña Pyongyang en dirección al “USS Pueblo”. Su inocente paseo quedó interrumpido de inmediato y tuvo que darse la vuelta corriendo en cuanto uno de los guías del grupo de turistas tocó un silbato para indicarle que no se acercara más a los extranjeros, no fuera a ser que los occidentales le contagiaran su decadente capitalismo o algo mucho peor: la libertad. -
Las "flores del mal" en Corea del Norte
30 Marzo 2008, 11:24
Aunque no son como las que inspiraron a Charles Baudelaire cuando escribió su célebre libro de poemas, sí que se han ganado el apelativo de “Flores del mal” desde que el presidente de Estados Unidos, George Bush, incluyó al régimen estalinista de Corea del Norte en el “Eje” del mismo nombre junto a Irak e Irán.
Se trata de la “kimilsungia”, una variedad de las orquídeas bautizada en honor del “padre de la patria” y fundador del país, Kim Il-sung, y de la “kimjongilia”, una begonia que debe su nombre al actual caudillo de este aislada y pobre nación asiática, Kim Jong-il.
Como parece que en este asunto la política y la floricultura van de la mano, la primera fue regalada en 1965 por el entonces presidente de Indonesia, Sukarno, durante una visita que Kim Il-sung efectuó a Yakarta. Según cuenta la propaganda oficial en el libro “Corea en el siglo XX: 100 hechos significativos”, ambos mandatarios estaban paseando por el Jardín Botánico de Bogor cuando el “Gran Líder” Kim Il-sung se detuvo ante una planta “cuyo tallo se erguía firme, sus hojas se extendían graciosamente y sus flores rosas mostraban su elegancia y belleza”.
En una de esas extrañas coincidencias emocionales que se suelen producir entre los dictadores, bastó un halago del presidente norcoreano para que su homólogo, quizás conmovido en su corazón de tirano, se decidiera a llamar “kimilsungia” a dicha planta, que desde entonces es una de las flores nacionales del país más hermético del mundo.
La otra es, como no podía ser de otra manera, la “kimjongilia”, que recibe dicho nombre en honor del “Querido Líder” Kim Jong-il, quien, a la muerte de Kim Il-sung en 1994, sucedió a su padre en la que supone la primera dinastía comunista hereditaria del planeta.
Al contrario que la “kimilsungia”, este tipo de begonia no es regalo de ningún dirigente extranjero, sino que fue expresamente creada para Kim Jong-il por el botánico japonés Motoderu Kamo en 1988, tras dos décadas de investigaciones genéticas. De hecho, esta flor híbrida está especialmente diseñada para que florezca cada 16 de febrero, coincidiendo con el cumpleaños del “Sol del Siglo XXI”, tal y como la propaganda ha denominado al sátrapa del noreste asiático.
Según los norcoreanos, la “kimjongilia” simboliza inteligencia, amor, justicia y paz, al tiempo que representa la idea “juche”. Así se denomina al comunismo revolucionario trufado con elementos del confucionismo asiático que ideara Kim Il-sung, que sitúa al individuo como el “centro del universo” aunque luego todo el mundo en este país adore a sus dirigentes como si fueran auténticas divinidades humanas.
Ambas plantas son muy apreciadas en Corea del Norte, donde se suelen celebrar numerosas exposiciones y concursos en los que participan todos los ministerios y empresas estatales, que pugnan por ofrecer al régimen sus mejores flores en macetas decoradas con pistolas, “kalashnikov” y motivos revolucionarios. Un ejemplo más del kafkiano delirio que se vive en esta nación bajo la política “songun”, que establece la primacía del Ejército y destina gran parte del presupuesto a su programa nuclear mientras el pueblo sobrevive a duras penas con cartillas de racionamiento.
Pero se ve que al régimen también le queda algo de dinero para la botánica y, por eso, cuenta con un centro de investigación dedicado exclusivamente a las “kimislungias” y a las “kimjongilias”, que suelen participar en numerosos concursos internacionales de plantas.
En este sentido, la propaganda norcoreana se ufana de que la “kimjongilia” es “la reina de las flores” y la “mejor planta del mundo” debido a los galardones que ha obtenido en diversos certámenes. Entre ellos, la agencia estatal Korean Central News (KCNA) cita los premios logrados en el XII Festival Internacional de Flores de la antigua Checoslovaquia en 1991, en la Exposición Nórdica de Plantas de Suecia en 1995 y en varios eventos celebrados en las ciudades chinas de Jilin en 1997 y Kunming en 1999. Con 69 países participantes, éste último presume de ser la mayor cita de la horticultura global, pero lo cierto es que el éxito de la “kimjongilia” ha llegado a países en teoría enemigos del régimen de Pyonygang, como el Reino Unido o incluso Estados Unidos.
Sin ir más lejos, la flor del “Querido Líder” se hizo con el primer premio en la Exposición de Begonias celebrada en California en 2004, donde fue registrada como la variedad número 991 de esta especie.
De hecho, la “kimjongilia” ya se cultiva y comercializa en más de 60 países, desde China a Madagascar pasando por Europa, y se ha convertido en la embajadora floral del régimen norcoreano. -
La "dolce vita" del hijo de Kim Jong-il
14 Marzo 2008, 05:16Su hermético país se muere de hambre mientras su padre aterroriza al mundo detonando bombas atómicas y lanzando misiles sobre sus vecinos, pero él prefiere la “dolce vita” lejos de casa. Tras hacerse famoso en 2001, cuando fue detenido al intentar entrar en Japón con un pasaporte falso para visitar el parque de atracciones Disneyworld de Tokio, Kim Jong-nam, el hijo mayor del dictador norcoreano Kim Jong-il, vuelve a las andadas.

El díscolo vástago del “Querido Líder” – como denomina la propaganda oficial a su progenitor – lleva varios años viviendo a todo tren en Macao, donde se le puede ver comiendo y bebiendo en restaurantes de lujo y apostando en los numerosos casinos que pueblan la ciudad. Tal y como puso al descubierto el año pasado el periódico South China Morning Post, Kim Jong-nam se aloja en hoteles de cinco estrellas mientras otros familiares suyos viven en una villa en la isla de Coloane, pero no parece que la “saudade” que desprende la antigua colonia portuguesa haya entristecido su ánimo ni despertado la nostalgia por regresar al hogar.
De hecho, el joven, de 36 años, sale con frecuencia de Macao y, utilizando un pasaporte de la República Dominicana, se desplaza a lugares cercanos como Hong Kong, donde entrada ha sido vetada en alguna que otra ocasión por las autoridades de Inmigración quizás como respuesta al ensayo atómico que su padre efectuó en octubre de 2006.
Donde Kim Jong-nam tiene menos problemas para entrar es en China, ya que viaja con frecuencia a Pekín, entre otras cosas, para hacerse reconocimientos médicos. Ya se sabe, la salud hay que cuidarla no vaya a ser que tan buena vida, aunque lejos de casa, acabe sentándole mal a uno, sobre todo ahora que parece haber sido descartado para suceder a su padre.
Nacido en Pyongyang el 10 de mayo de 1971 de la unión entre Kim Jong-il y la actriz Sung Hae-rim, este primogénito estaba llamado a ocupar el poder en Corea del Norte, un régimen estalinista convertido en la primera dinastía comunista hereditaria. Así lo indicaban la selecta educación recibida por Kim Jong-nam en Suiza y Moscú, su alto cargo en el Ministerio de Seguridad Pública y los viajes oficiales con su padre a China, pero su humillante detención en Tokio y dos posteriores atentados fallidos contra su vida lo han apartado de la carrera por el “trono” norcoreano. Pero no de la “dolce vita” a costa de su sufrido pueblo.Foto de Kim Jong-nam durante su arresto en 2001 por intentar entrar en Japón con un pasaporte falso para visitar el parque Disneyworld de Tokio: REUTERS
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Noches de neón en Seúl
06 Marzo 2008, 11:33
La capital de Corea del Sur, Seúl, es una megalópolis de diez millones de habitantes plagada de rascacielos en cuyas fachadas centellea sin cesar una colorista jungla de luces de neón. A pie de calle, una multitud de ejecutivos enchaquetados que ven la televisión en sus teléfonos móviles, bellas mujeres elegantemente vestidas a la última moda y escolares uniformados enganchados a sus “Play-Station” inundan el centro de la ciudad, cuyos callejones están atestados de tiendas, restaurantes y bares donde no parece caber un alfiler. Al ser cinco veces más pequeña que España pero contar con mayor número de habitantes, la elevada densidad de población es una de las características fundamentales de esta nación asiática, que permanece separada del paupérrimo Norte comunista desde el fin de la Guerra Civil (1950-53). La otra es el alto nivel de progreso alcanzado gracias a su crecimiento económico, que ha transformado en medio siglo al que era uno de los países más pobres de la Tierra en la undécima economía mundial gracias a los "chaebols", las grandes corporaciones industriales como Hyundai, Samsung, Daewoo o LG. -
Viaje alucinante a Corea del Norte
26 Noviembre 2007, 06:39
Sólo unos 3.000 turistas pueden visitar cada año Corea del Norte, el último Estado plenamente comunista del mundo donde sus 23 millones de habitantes viven como en Rusia o China hace cuatro décadas. Al margen de todas las críticas que se pueden hacer a un régimen que no respeta las más elementales libertades ni los derechos humanos, entrar en el denominado "Reino Eremita", el país más hermético y aislado del planeta, supone un viaje alucinante a un lugar donde el tiempo parece haberse detenido. Para llegar a Pyongyang, la capital de Corea del Norte, únicamente se puede volar con dos aviones semanales desde Pekín y otro desde Vladivostok, en Rusia. Los aparatos son antiguos Ilyushin de fabricación rusa que pertenecen a la compañía aérea estatal Air Koryo y conservan todo el añejo encanto de la época soviética.Desde España se puede viajar a través de la agencia Viajes Pujol.
Desde Pekín se puede recurrir a la agencia Koryo Tours.
Otra opción es inscribirse en una de las expediciones que organiza la Asociación de Amigos de Corea del Norte (KFA), que preside el español Alejandro Cao de Benós.
Nada más llegar al aeropuerto de Pyongyang, presidido por un retrato del omnipresente "padre de la patria", Kim Il-sung, los extranjeros deben dejar en la aduana sus teléfonos móviles, prohibidos en Corea del Norte, al tiempo que los funcionarios se aseguran de que sus ordenadores portátiles no están dotados de elementos de transmisión. Es la bienvenida al país más impenetrable del mundo.
Para más información sobre Corea del Norte, se pueden consultar estos reportajes de ABC en Visiones del Mundo:
- El país del "Gran Hermano"- El último "Telón de Acero"- Cómo vivir con un euro al mes, ahorrar la mitad y ser feliz- Pyongyang, la ciudad de las sombras - El aristócrata comunista- La última herida de la Guerra Fría- El coleccionista de estrellas de cine- Kim Jong-il, el dictador atómico- La última frontera de la Guerra Fría- "No veía a mi hermana desde hacía 57 años"- "Durante la Gran Hambruna iba a trabajar entre cadáveres"- "Arirang": el arte de la gimnasia como propaganda- Cumbre histórica entre las dos Coreas para lograr la reconciliación y la paz- Las dos Coreas acuerdan negociar un tratado de paz después de 54 años- Los "rescatadores" de Seúl
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El auténtico "perrito caliente" viene de Asia
28 Agosto 2007, 11:40Aunque los americanos se enorgullecen de tener al “hot dog” entre una de las delicias de su gastronomía nacional, dominada por las hamburguesas y el “fast food”, el auténtico “perrito caliente” no viene de Estados Unidos, sino de Asia. Al menos, así ocurre, literalmente, en países como las dos Coreas, Vietnam, China, Laos, Camboya, Tailandia o Myanmar (antigua Birmania), donde el “mejor amigo del hombre” suele estar incluido en los menús de algunos restaurantes junto al cerdo agridulce, la ternera con bambú o el pollo con arroz. Aunque resulte escandaloso en Occidente, donde los perros y los gatos son animales de compañía que se convierten en un miembro más de la familia, su consumo es generalizado en numerosos lugares del Lejano Oriente por sus supuestas cualidades nutritivas y hasta afrodisíacas.
Así ocurre en Vietnam, donde los canes son tan apreciados como las serpientes. Por eso, su carne (“thit chó”) se puede encontrar fácilmente a escasos metros de la antigua cárcel de la capital, convertida hoy en museo y conocida como el “Hilton de Hanoi” entre los prisioneros americanos que fueron recluidos allí durante la guerra.
En un mercado levantado en medio de estrechos y oscuros callejones, y junto a todo tipo de verduras y hortalizas, sobresalen de los puestos ambulantes los cuerpos asados de los perros. Con su piel, por supuesto sin pelo, quemada por un soplete, los animales se quedan rígidos sobre los estantes y algunos de ellos hasta pueden sostenerse sobre sus patas.
Como si fueran un cochinillo asado de Segovia, su lomo está duro y la corteza de su piel resulta crujiente pero, a diferencia de este manjar de la cocina castellana, el perro adquiere una expresión, como mínimo, desagradable. Muchos de ellos, de una pieza y con el rabo enhiesto, siguen conservando sus irregulares dientes y colmillos, que permanecen apretados y dan la impresión de que el animal está gruñendo o de que ha sufrido mucho al ser sacrificado y, luego, cocinado.
A la vista de semejante panorama, y de las cabezas, patas y lomos abiertos que dejan al aire libre los huesos del perro, resulta difícil dejarse convencer por un vietnamita para probar este plato, por muy bueno y nutritivo que sea.
Y es que me resultó más fácil comer perro en los alrededores de Chongqing, una megalópolis de 30 millones de habitantes enclavada en el sur de China a orillas del río Yangtsé. Gracias a que los animales no estaban visibles y a que la carne había sido troceada y jugosamente aderezada con una salsa, lo cierto es que el plato más bien parecía ternera tanto por su aspecto como por su sabor.
Aunque en Asia cada cual le encuentra un gusto distinto a los canes, desde los que opinan que es como comer cordero hasta quienes lo ven más próximo al pollo, quien mejor definió la carne de perro fue un norcoreano en uno de los restaurantes estatales de la calle Changgwang, en el centro de Pyongyang. “Simplemente sabe a perro”, dijo encogiéndose de hombros y disponiéndose a saborear su sopa de can, también conocida como “carne dulce”.
Tanto en Corea del Norte como Corea del Sur el “mejor amigo del hombre” es una delicia que, en ocasiones, ha ocasionado más de un conflicto internacional. Sin ir más lejos, el Gobierno surcoreano prohibió su consumo durante los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, con el consiguiente enfado de muchos de sus habitantes.
A raíz de la controversia causada por el mismo asunto durante el Mundial de fútbol de Corea del Sur y Japón en 2002, cuando Brigitte Bardot criticó duramente dicho hábito, el reputado nutricionista An Yong-kun, más conocido como el “Doctor Carne de Perro”, contraatacó denunciando que los franceses habían comido este animal durante la Guerra Franco-Prusiana y que en su país había establecimientos donde se vendía carne de caballo.
Mientras en Corea del Sur funcionan 6.000 restaurantes que sirven perro a un precio de 150 euros por ejemplar, en la provincia china de Guangdong se cocinan canes, gatos, civetas y hasta ratas. De hecho, más de un comerciante avispado ha hecho su agosto este verano cuando una plaga de millones de roedores invadió los cultivos de la provincia de Hunan y muchos de estos animales cazados acabaron en las cazuelas cantonesas.
Con respecto a los perros, la última novedad consiste en importar de Suiza ejemplares de la raza San Bernardo, ya que de su gran tamaño se puede sacar bastante carne. No en vano, éste es el producto estrella de una granja de Datong, en la provincia minera de Shanxi, que se ha empeñado en convertir al “mejor amigo del hombre” en uno de los platos favoritos de los chinos.
Algo que resultará complicado por el rechazo que su consumo despierta en buen parte del mundo y por las críticas al trato inhumano de los animales en las granjas. Comer perro sí o no: el debate está servido.
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