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  • Nan Hai 1: los tesoros de la Ruta Marítima de la Seda

    04 Noviembre 2009, 04:43

    En agosto de 1987, una empresa británica de "cazatesoros" estaba buscando barcos de la Compañía de Indias Orientales hundidos en el Mar del Sur de China y, de manera casual, descubrió el mayor hallazgo de la arqueología subacuática de este país. Se trataba de un junco sumergido en el fondo marino en perfectas condiciones, en cuyo interior se encontraron artefactos personales, como un cinturón de oro y plata de 170 centímetros que pudo haber pertenecido al capitán de la nave, monedas de cobre, lingotes de oro y bella porcelana de las dinastías Song (960-1279) y Yuan (1271-1368). Algunas de estas teteras y jarrones de cerámica pertenecían a cuatro de las escuelas más aclamadas de China y de gran valor en la actualidad, como Jingdezhen, Longquan, Dehua y Jianyao.

    Al contrario de lo ocurrido en España con el proceloso caso "Odissey", el Gobierno chino tomó de inmediato cartas en el asunto: rescindió el contrato con los "cazatesoros" británicos y asumió personalmente la compleja exploración del barco hundido, que se convirtió así en un asunto de Estado y una cuestión de orgullo nacional.
    El problema era que, en esos momentos, China no disponía de la tecnología suficiente para acometer tal proyecto, así que en 1989 pidió ayuda al Instituto Japonés de Investigación Submarina de Asia, cuyos buzos localizaron el buque en noviembre de ese año y llevaron a cabo su primera incursión.
    Bautizado como "Nan Hai 1" ("Mar del Sur 1"), los expertos determinaron que se trataba de un junco de madera que se había hundido hacía 800 años frente a las costas de Yangjiang, en la provincia sureña de Guangdong. Aunque se situaba a unos 23 metros en el fondo el mar, la embarcación se conservaba en muy buen estado porque se había sumergido varios metros en el lodo del fondo marino, que lo había preservado de la erosión del mar.

    Arrancaba así la titánica tarea para rescatar el mayor tesoro de la arqueología submarina china, que a partir de 2001 implicó no sólo al Gobierno regional de Guangdong, sino también a grupos de expertos de la cercana Hong Kong, la antigua colonia británica devuelta al régimen de Pekín en 1997. Desde 1989 hasta 2007, se llevaron a cabo ocho exploraciones submarinas hasta determinar que la embarcación medía 30,4 metros de largo, 9,8 de ancho y 4 de alto en la parte de la bodega. Aunque habían desaparecido los mástiles, la cubierta y los laterales estaban intactos. Debido a las buenas condiciones en que se hallaba, su rescate se convirtió de inmediato en un objetivo prioritario para los arqueólogos submarinos chinos.
    "No es el barco más antiguo que hemos encontrado, pero sí el mejor conservado, por lo que nos ha proporcionado mucha información sobre la Ruta Marítima de la Seda", explica a ABC Cui Yong, vicepresidente del Centro de Arqueología Submarina de Guangdong. No en vano, del mismo ya se han extraído más de 4.000 piezas de porcelana y 6.000 monedas de cobre que abarcan un periodo de 500 años, pero lo más importante es que se calcula que en su interior aún hay unos 80.000 objetos.
    "El “Nan Hai 1” era un barco de mercaderes privados que iba a vender sus artículos a algún país del Sureste Asiático o del Océano Indico siguiendo la Ruta Marítima de la Seda", desgrana Cui Yong, para quien el rescate de la embarcación se convirtió en una obsesión que ha marcado buena parte de su vida.
    Para sacar al "Nan Hai 1" del fondo y elevarlo más de 20 metros hasta la superficie, la Oficina de Salvamento Marítimo de Guangdong construyó un sarcófago de hierro de 35 metros de largo, 14 de ancho y 12 de alto. Tal y como recuerda el subdirector del Departamento de Ingeniería de la Oficina de Salvamento Marítimo, Wang Renyi, "esta especie de cesta, que no tenía fondo, fue sumergida hasta cubrir el barco. Luego, para elevarlo, se metieron en el mar 36 grandes raíles de hierro que fueron introducidos por los agujeros laterales del sarcófago y formaron así su suelo".
    Dos décadas después de su localización, el "Nan Hai 1" fue por fin extraído del mar el 22 de diciembre de 2007. El descomunal barco grúa "Hua Tiang Long" ("Próspero Dragón del Cielo"), que se utiliza para rescatar buques hundidos y colocar plataformas petrolíferas, elevó hasta la superficie el sarcófago, que pesaba 4.000 toneladas incluyendo el agua, el "Nan Hai 1" y parte del fondo marino.
    A continuación, fue trasladado unos 300 metros hasta la isla de Hailing, en cuya playa se ha construido un espectacular museo que tiene previsto abrir sus puertas en breve para mostrarlo al público.
    Con forma de olas, el museo de la isla de Hailing donde se exhibirá el "Nan Hai 1" no desmerece de su audaz rescate. El junco ha sido depositado en el "Palacio de Cristal", una piscina de 70 metros de largo, 40 de ancho y 12 de profundidad que cuenta con ventanas laterales para que el público pueda ver la embarcación cuando se retire el sarcófago de hierro que aún lo cubre.
    Una vez que la nave tenga en el estanque las mismas condiciones de presión y temperatura del agua que en el fondo marino, el público podrá contemplar en vivo las exploraciones de los buzos en busca de sus tesoros. Tras varios retrasos que han demorado su fecha de inauguración, el Museo de la Ruta Marítima de la Seda, que mostrará una colección de 30.000 piezas en sus 130.000 metros cuadrados, tiene previsto abrir al público durante los próximos meses.

    FOTOS: CHINA PICTORIAL

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  • Pu Yi, el prisionero de la Ciudad Prohibida

    24 Septiembre 2009, 09:06

    Todo bajo el cielo. La máxima que rigió las todopoderosas dinastías chinas durante más de 2.000 años debía sonarle como una amarga broma del destino a Aisin Gioro Pu Yi, el último emperador que reinó desde su jaula dorada de la Ciudad Prohibida de Pekín. Coronado con sólo dos años en 1908, Pu Yi tuvo en su vida todo lo que un hombre puede soñar, menos lo más importante: la libertad.

    Esa gran tragedia, visionaria metáfora de esta nueva China que cumple ahora 60 años disfrutando del progreso que ha traído la apertura al capitalismo de las tres últimas décadas, es la base argumental de "El último emperador", la monumental película dirigida en 1987 por Bernardo Bertolucci, que ABC ofrece este domingo a sus lectores.
    Por primera vez, Pekín permitió a un cineasta extranjero rodar en la Ciudad Prohibida para plasmar la autobiografía del último monarca de la dinastía Qing, quien fue un prisionero toda su vida. Desde que, en mitad de la noche, los guardias de palacio lo separaron de su madre, la segunda princesa Chun, para ser designado sucesor por la emperatriz regente Cixi en su lecho de muerte, hasta su internamiento durante diez años por parte del régimen comunista en el campo de reeducación para criminales de guerra de Fushun, en la provincia de Liaoning.

    Mientras su imperio se derrumbaba a manos de los "señores de la guerra" y las potencias occidentales, Pu Yi era un niño malcriado detrás de las murallas de la Ciudad Prohibida, cuyas arcas eran expoliadas por los mismos eunucos que se dejaban humillar infantilmente al venerarle como un dios viviente. Sin saber siquiera que había sido depuesto en 1912, allí siguió viviendo preso de la tradición y el pasado hasta que fue expulsado en 1924.
    Casado a los 16 años con dos esposas, Pu Yi tenía al fin la oportunidad de disfrutar de la libertad al perder sus "privilegios". "Henry", como se hacía llamar entre el elitista círculo de extranjeros que frecuentaba en su retiro de la concesión japonesa de Tianjin, podía haber emigrado a Estados Unidos como el moderno "playboy" que simulaba ser en las fiestas de la alta sociedad.

    Pero se ve que no siguió las enseñanzas de su admirado tutor, el escocés sir Reginald Johnston que interpreta magistralmente Peter O´Toole, y fue otra vez prisionero, en esta ocasión de sus propias ambiciones.
    En 1932, y con el norte de China ocupado por las tropas niponas, Pu Yi fue nombrado regente de Manchukuo, un "Estado títere" controlado por Japón del que fue coronado emperador dos años después. Desde Manchuria pensaba reconquistar el trono de China, pero fue su última actuación como marioneta del poder. Utilizado por Tokio y odiado por los chinos, que no habían perdonado a los monarcas manchúes siglos de opresión feudal, se fue quedando solo e impotente hasta que el Ejército soviético lo capturó al término de la Segunda Guerra Mundial (1939-45).

    Tras declarar ante el Tribunal Internacional para crímenes de guerra de Tokio, donde cometió perjurio, y pasar cinco años en un "gulag" ruso, Stalin no hizo caso de sus cartas pidiendo clemencia y lo devolvió a la China de Mao en 1950. Reeducado al cabo de una nueva década sin libertad, el "señor Pu Yi" a secas, sin apellido ni título real, acabó sus días como un humilde jardinero ataviado con el característico "traje Mao".

    Rehabilitado y manejado de nuevo por el régimen comunista, Pu Yi llegó a formar parte en 1964 de la Conferencia Política Consultiva del Pueblo Chino, un órgano que asesora al Parlamento, y pudo escribir su autobiografía. Cuando la "Revolución Cultural" (1966-76) amenazaba con ensañarse con uno de los principales símbolos de la vieja China feudal, un cáncer de rinón rescató en 1967 a Pu Yi de caer nuevamente prisionero. Sólo muerto pudo gozar de lo que nunca tuvo "bajo el cielo": la libertad.

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  • La "dolce vita" del hijo de Kim Jong-il

    14 Marzo 2008, 05:16

    Su hermético país se muere de hambre mientras su padre aterroriza al mundo detonando bombas atómicas y lanzando misiles sobre sus vecinos, pero él prefiere la “dolce vita” lejos de casa. Tras hacerse famoso en 2001, cuando fue detenido al intentar entrar en Japón con un pasaporte falso para visitar el parque de atracciones Disneyworld de Tokio, Kim Jong-nam, el hijo mayor del dictador norcoreano Kim Jong-il, vuelve a las andadas.

    El díscolo vástago del “Querido Líder” – como denomina la propaganda oficial a su progenitor – lleva varios años viviendo a todo tren en Macao, donde se le puede ver comiendo y bebiendo en restaurantes de lujo y apostando en los numerosos casinos que pueblan la ciudad. Tal y como puso al descubierto el año pasado el periódico South China Morning Post, Kim Jong-nam se aloja en hoteles de cinco estrellas mientras otros familiares suyos viven en una villa en la isla de Coloane, pero no parece que la “saudade” que desprende la antigua colonia portuguesa haya entristecido su ánimo ni despertado la nostalgia por regresar al hogar.
    De hecho, el joven, de 36 años, sale con frecuencia de Macao y, utilizando un pasaporte de la República Dominicana, se desplaza a lugares cercanos como Hong Kong, donde entrada ha sido vetada en alguna que otra ocasión por las autoridades de Inmigración quizás como respuesta al ensayo atómico que su padre efectuó en octubre de 2006.
    Donde Kim Jong-nam tiene menos problemas para entrar es en China, ya que viaja con frecuencia a Pekín, entre otras cosas, para hacerse reconocimientos médicos. Ya se sabe, la salud hay que cuidarla no vaya a ser que tan buena vida, aunque lejos de casa, acabe sentándole mal a uno, sobre todo ahora que parece haber sido descartado para suceder a su padre.
    Nacido en Pyongyang el 10 de mayo de 1971 de la unión entre Kim Jong-il y la actriz Sung Hae-rim, este primogénito estaba llamado a ocupar el poder en Corea del Norte, un régimen estalinista convertido en la primera dinastía comunista hereditaria. Así lo indicaban la selecta educación recibida por Kim Jong-nam en Suiza y Moscú, su alto cargo en el Ministerio de Seguridad Pública y los viajes oficiales con su padre a China, pero su humillante detención en Tokio y dos posteriores atentados fallidos contra su vida lo han apartado de la carrera por el “trono” norcoreano. Pero no de la “dolce vita” a costa de su sufrido pueblo.

    Foto de Kim Jong-nam durante su arresto en 2001 por intentar entrar en Japón con un pasaporte falso para visitar el parque Disneyworld de Tokio: REUTERS

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