Pablo M. Díez | Pekin
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El fútbol, la manzana podrida del deporte chino
11 Marzo 2010, 06:44Al mismo ritmo imparable que crecía su economía, el deporte chino ha experimentado durante las tres últimas décadas una progresión que tuvo su máximo auge durante los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008. Desde el tradicional ping pong hasta la gimnasia, los atletas chinos vienen copando los medalleros para orgullo y regocijo de su pueblo. Pero hay una deshonrosa excepción que desvirtúa todos estos logros: el fútbol, que se ha convertido en la manzana podrida del deporte chino.
A pesar de ser tremendamente popular, el fútbol chino está lastrado por la corrupciónJunto a la pésima trayectoria de la selección nacional, que sólo se clasificó para el Mundial de Corea del Sur y Japón en 2002 y hace el ridículo en cada competición, el balompié chino se encuentra lastrado por la corrupción, los partidos amañados y las apuestas ilegales.
Mientras el resto del mundo se escandaliza con la proliferación de partidos comprados por las mafias de internet, la Policía china intenta desarticular las redes de apuestas clandestinas que mueven millones en este país. Durante los últimos meses han sido detenidas una veintena de personas, entre las que destacan varios ex jugadores, entrenadores y directivos de clubes.
Uno de los primeros en caer, y luego tirar de la manta, fue Wang Xin, un antiguo futbolista que se había convertido en director general del Guangyuan de Liaoning, un club de dicha provincia china que, sin embargo, está registrado en Singapur. Buscado por la Interpol, Wang Xin fue detenido a finales del año pasado porque desde 2006 venía amañando partidos tanto en dicha ciudad-Estado como en la Primera División china, el segundo torneo más importante tras la Superliga.
Junto a él, también fueron arrestados Wang Po, director general de un equipo de la provincia de Shanxi, y Yang Xu, antiguo vicepresidente de la Asociación de Fútbol de Cantón (Guangzhou) y subdirector general del Guangzhou Pharmaceutical FC. En 2006, éste le pagó 200.000 (20.000 euros) a Wang Po para que su club, el Shanxi Wellsend, se dejase perder en un encuentro de vital importancia, allanando así el ascenso del Guangzhou Pharmaceutical a la Superliga. Conociendo que el resultado final iba a ser de 5-1, ambos apostaron en una página "web" extranjera y ganaron más de 100.000 yuanes (más de 10.000 euros).
"Como todo el mundo estaba sobornando a los jugadores y amañando partidos, pensé que nuestra honestidad se vería afectada si no seguíamos la práctica", confesó Yang Xu a la Policía.
Los medios chinos hablan de que la trama descubierta es sólo la punta del iceberg, anunciando además el plan del Gobierno para limpiar el maltrecho nombre del fútbol. Demostrando que el deporte sigue siendo una causa nacional, el régimen de Pekín ha lanzado una cruzada anticorrupción y hasta el presidente, Hu Jintao, ha abogado en público por el "juego limpio".
Con la humillación que supone "perder cara" con cada nueva derrota de la selección nacional, los gerifaltes del Partido Comunista incluso han llamado a capítulo a seis de sus jugadores, pero éstos han negado ser objeto de una investigación y aseguran estar colaborando con la regeneración del "deporte rey".
Un objetivo que parece bastante difícil porque la actual Ley Criminal no contempla como delito la compra de partidos, sino sólo las apuestas. En China, donde el juego está prohibido, la máxima pena por dicho delito asciende a diez años de cárcel, una sentencia que algunos juristas consideran demasiado suave teniendo en cuenta las astronómicas sumas de dinero que mueve el fútbol.
Presa de la sospecha, el balompié chino agoniza. Mientras los estadios se vacían por el desencanto del público ante los frecuentes escándalos de corrupción, la quiniela no recoge los partidos de la liga nacional, sino de la Premier inglesa y del Calcio italiano, por miedo al amaño de resultados. Y la manzana sigue pudriéndose.
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Shenzhen, el laboratorio chino
07 Marzo 2010, 15:42Hace treinta años, Shenzhen no era más que un humilde pueblo de pescadores fronterizo con la entonces colonia británica de Hong Kong, cuya pujanza y desarrollo contrastaban con el atraso que sufría la China comunista como un mendigo a la puerta de una catedral. Pero, gracias a su estratégico emplazamiento en la provincia de Guangdong (Cantón), Shenzhen se convirtió en 1980 en una de las primeras zonas económicas especiales que se abrió a la inversión extranjera por obra y gracia de las reformas capitalistas acometidas por Deng Xiaoping tras la muerte de Mao Zedong.
De humilde pueblo de pescadores a vibrante megalópolis: así es Shenzhen, el paradigma del desarrollismo chinoEl resto es la historia del "milagro económico" chino personificada por su principal laboratorio. Hoy, Shenzhen es una vibrante megalópolis de nueve millones de habitantes plagada de futuristas rascacielos de cristal y acero, empresas tecnológicas de última generación, lujosas galerías comerciales con boutiques de Chanel, Dior, Prada, Louis Vuitton y Armani, discotecas con luces de neón y autopistas de seis carriles en cada sentido flanqueadas por palmeras al más puro estilo Hollywood.
En los 90 se llegó a decir que "cada día se abría una nueva avenida en Shenzhen y, cada tres, se levantaba un rascacielos". En su "skyline" sobresalen ya una veintena de edificios que miden más de 200 metros, entre los que destaca el Shun Hing Square, la novena construcción más elevada del mundo con sus 384 metros.
Con un Producto Interior Bruto (PIB) per cápita superior a los 100.000 yuanes (10.000 euros), se enorgullece de ser la ci
udad más rica de China, sólo superada por las vecinas Hong Kong y Macao. Además de albergar el segundo puerto con más tráfico de mercancías después de Shanghai, es la sede de la Bolsa del sur de China y de los centros de investigación y desarrollo de numerosas empresas tecnológicas, como Huawei y Lenovo, así como de las plantas de ensamblaje de prácticamente todo lo que se vende en el mundo, desde los sofisticados iPhones de Apple hasta los juguetes más simples.
Una futurista jungla de rascacielos de cemento y cristal ha crecido en Shenzhen en menos de tres décadasComo en la América del "Lejano Oeste", gentes venidas de toda China acuden a Shenzhen para trabajar en las cadenas de montaje de la "fábrica global" que se concentran en el Delta del Río de las Perlas, que baña otros cercanos núcleos industriales como Guangzhou, Dongguan, Foshan y Zhuhai. Comunicada por trenes de alta velocidad con capacidad para 200 pasajeros que salen cada cinco minutos, se trata de un área metropolitana que incluye también a Hong Kong y Macao y tiene una población superior a los 30 millones de habitantes.
Pero en Shenzhen, que es pura modernidad, no hay ni un solo monumento que ver, aparte del enorme cartelón que retrata al "Pequeño Timonel" Deng Xiaoping junto a su inmortal frase: "Gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones".
Shenzhen rinde pleitesía al "Pequeño Timonel" Deng Xiaoping, el "padre" de la apertura al capitalismoEn esta joven y dinámica ciudad sus principales reclamos son sus parques de atracciones. El más famoso es "Ventanas al mundo", un monumental complejo "kitsch" donde se reproducen a escala los 130 monumentos más famosos del planeta. Desde una Torre Eiffel que mide 108 metros hasta una copia diminuta del Big Ben pasando por la Mezquita Azul de Estambul, el Taj Mahal, el Partenón, las pirámides de Egipto, el Vaticano, el Palacio de Versalles, los canales de Venecia, la Ópera de Sidney, Buckingham, el templo camboyano de Angkor Wat, la torre de Pisa, los molinos de viento de Holanda, los rascacielos de Manhattan, el Monte Saint-Michael y hasta la mismísima Plaza Roja de Moscú. Por parte española destacan una coqueta maqueta del Alcázar de Toledo y una recreación del Parque Güell de Barcelona que haría las delicias de Gaudí. Todas, absolutamente todas las joyas del patrimonio de cada país están presentes en este recinto de 48 hectáreas que resume a la perfección el espíritu de la ciudad donde se levanta: "si no podemos salir a ver otros países, lo mejor es traerlos aquí".
Con una memoria histórica de apenas treinta años, los principales reclamos turísticos de Shenzhen son sus parques de atraccionesJunto a "Ventanas del Mundo", destacan el parque temático "China esplendorosa", que reproduce a escala los encantos de este país, y el gigantesco recinto de OCT East (Overseas Chinese Town), donde sus extasiados visitantes se quedan boquiabiertos ante cascadas artificiales o se deleitan con los platos típicos de cada país en el Pueblo Europeo.
En todos ellos, el habitual pragmatismo oriental vuelve a imponerse entre los chinos, que suman a su habitual campechanía una curiosidad desatada tras décadas de aislamiento maoísta. "Es una manera divertida y bonita de conocer el mundo", se encoge de hombros la joven Sun Jing mientras se fotografía junto a la Torre de Londres.
El mundo, aunque sea en miniatura, ya empieza a pertenecerle a los chinos.
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Los formalismos de Obama, el Dalai y China
18 Febrero 2010, 23:24Al final, Obama se ha atrevido a reunirse con el Dalai Lama en la Casa Blanca, con lo que la consiguiente foto de rigor significa para el mundo y para las relaciones con China. En octubre del año pasado, el presidente de Estados Unidos prefirió evitar a la máxima figura política y religiosa del budismo tibetano para no enturbiar en noviembre su primera visita a China.
Haberse entrevistado con el "Océano de Sabiduría" antes que con el presidente Hu Jintao no sólo habría violado las normas no escritas de los formalismos diplomáticos, sino que habría sido una auténtica provocación. A Obama, que lleva su progresismo por bandera, le cayeron collejas por parte de los grupos defensores de la causa tibetana y los derechos humanos, pero poco más podía haber hecho en aras de la prudencia que se le recomienda a cualquier líder político.
El Dalai Lama ha vuelto a enfurecer a China al reunirse con Obama. REUTERSAun a costa de enrabietar al poderoso régimen de Pekín, Obama ha hecho lo mismo que otros líderes internacionales como Sarzkozy, Angela Merkel y hasta Gordon Brown: reunirse con el Dalai Lama. No como Zapatero, que prefirió darle "plantón" durante su visita a España para, seguramente con la esperanza de conseguir unos contratos millonarios que no llegan, que Pekín pueda seguir diciendo que el Gobierno de Madrid es el "mejor amigo de China en la Unión Europea". Una vez salvado aquel escollo y resuelto el encuentro en Pekín con Hu Jintao, que incluyó una comparecencia conjunta y sin preguntas ante los medios donde volvió a abordar los derechos humanos y la censura en internet
, el inquilino de la Casa Blanca tenía que cumplir con los formalismos del otro bando: los que le exigen que EE.UU. abandere las cruzadas contra la represión y las dictaduras del mundo.
Pero el presidente de EE.UU. ha recibido al Dalai Lama guardando las formas: en el escenario más reservado del salón de los mapas de la Casa Blanca, sin darle una medalla en el Congreso como ocurrió durante la Administración Bush y pidiendo el respeto a la "singular identidad religiosa, cultural y lingüística del Tíbet y la protección de los derechos humanos de los tibetanos en la República Popular China". Nada que, en teoría, no puedan suscribir las autoridades de Pekín, entre otras cosas porque hace ya tiempo que el "Océano de Sabiduría" se olvidó de la independencia del Tíbet y ya sólo reclama "la vía intermedia" para intentar arañar un poco de autonomía y más respeto cultural y religioso.
Entonces, ¿por qué causa en China tanta polémica la dichosa reunión? Pues por la sencilla razón de que el régimen aún denominado comunista de Pekín también tiene que guardar las formas, sobre todo con su pueblo. No es cuestión de pasarse toda la vida demonizando al Dalai Lama y acusándolo de ser un terrorista separatista para que ahora se vaya de rositas después de entrevistarse con el hombre más poderoso del mundo.
Haciendo un alto en sus vacaciones del Año Nuevo Lunar, el portavoz de Exteriores chino, Ma Zhaoxu, ya se ha apresurado a emitir un comunicado donde muestra su "enérgica protesta" por la reunión, que a su juicio viola "la aceptación de EE.UU. de que el Tíbet es una parte de China y no apoya su independencia".
Craso error, porque ni Obama ni el Dalai Lama hablaron de independencia o, si lo hicieron, se guardaron muy mucho de publicitarlo. Pero China, que mata moscas a cañonazos en su empeño por condenar al Dalai al ostracismo internacional, sigue amenazando a cualquiera que se atreva a recibirlo porque así habrá muchos otros líderes mundiales, con menos valor que Obama, Sarkozy, Merkel y Brown, que optarán por evitarlo cuando pase por sus países. Y, como no está bien eso de señalar, lo dejamos así porque ya habrán adivinado como quien.
El problema no es que el Dalai Lama sea la máxima figura política y religiosa del budismo tibetano. El problema no es que esté exiliado en la India desde hace casi 51 años por la ocupación china del Tíbet, una región fronteriza que desde hacía siglos venía perteneciendo a las dinastías imperiales cada vez que éstas eran lo suficientemente fuertes como para controlarlo. El problema es que el "Océano de Sabiduría" es el líder de un movimiento filosófico y espiritual con millones de seguidores en todo el mundo y, además, fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1989, curiosamente el mismo año que el régimen de Pekín masacraba a cientos de estudiantes en la matanza de Tiananmen.
"Sólo" por ese motivo, es totalmente legítimo que cumpla con los formalismos de reunirse con los principales dirigentes del mundo y, de paso, aproveche para hacer un poco de ruido mediático a favor de la causa tibetana, que recordemos una vez más ya no reclama la independencia, sino más autonomía o, al menos, respeto religioso y cultural.
Todo ello, por supuesto, guardando algo tan importante en política como son las formas o, más bien, los formalismos. Los mismos que le llevan a China a poner el grito en el cielo con cada nueva reunión del Dalai para así ir disuadiendo a otros gobernantes menos bragados.
De camino, se producirán algunas crisis más o menos duraderas, sobre todo si se mezclan con alguna venta de armas a Taiwán, y se cruzarán declaraciones más o menos ácidas de cara a la galería, sobre todo para el otro sepa que se las juega con una superpotencia dispuesta, como mínimo, a hacer ruido. Pero nada tan grave que no puedan curar los miles de millones de dólares que la "fábrica global" exporta a EE.UU. o que China compra a la Reserva Federal en forma de bonos del Tesoro. Y eso, amigos, no son formalismos, sino negocios puros y duros.
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Un tigre contra la crisis
14 Febrero 2010, 13:10Con motivo del Fin de Año chino, que se celebró anoche con una estruendosa traca de petardos y fuegos artificiales por todo el país, se enviaron 19.000 millones de mensajes de texto para felicitar las fiestas. Durante estas fechas, las vacaciones más importantes para los chinos, 200 millones de personas – la mayoría campesinos que trabajan en las grandes ciudades – vuelven en tren a sus hogares para reunirse con sus familias. Y mil millones de telespectadores vieron la gala de la Fiesta de la Primavera, como se conoce en mandarín al Año Nuevo Lunar, que en esta ocasión se corresponde con el tigre.
Los adornos del tigre son omnipresentes en este Año Nuevo chinoSon las desorbitadas cifras del país más populoso del planeta. En su condición de "fábrica global"y quimérico mercado de 1.300 millones de potenciales consumidores, los economistas confían en China para liderar la recuperación mundial tras crecer el año pasado un 8,7%.
Para ello, el recién estrenado Año del Tigre debe darle un buen zarpazo a la crisis. ¿Cómo? Consumiendo, tal y como se aprecia en el mercado de Futian en Yiwu, una ciudad de la provincia de Zhejiang que se ha convertido en el "bazar global" desde el que dar salida a los productos de la "fábrica del mundo".
Entre sus 50.000 tiendas, repartidas en plantas enteras donde se venden desde televisores hasta calcetines pasando por material de papelería y aparatos de gimnasia, hay 400 que en invierno hacen su agosto comercializando artículos navideños y del Año Nuevo chino. Una de ellas es Chuan Yi Gongli, que llega a facturar al mes 70.000 yuanes (unos 7.000 euros) vendiendo a 20 yuanes (2 euros) tigres de peluche y peces colgantes, el inevitable símbolo de la abundancia que preside cada hogar chino durante la Fiesta de la Primavera.
Guirnaldas de color rojo, farolillos y peces conforman los adornos del Año Nuevo Lunar"No hemos sentido la crisis porque toda la producción de nuestra fábrica, que tiene 30 trabajadores, va al mercado interno, salvo unas pequeñas exportaciones a Singapur, Malasia y a tiendas de chinos en el extranjero", explica la responsable del local, Zheng Lanzhen, confiando en que el tigre salvará a la economía mundial.
Guirnaldas de colores, farolillos rojos, pegatinas con la figura de un tigre sonriente que ha perdido toda su fiereza y pósters con los caracteres en mandarín del Feliz Año Nuevo. Por unos precios que oscilan entre los 5 maos y los 10 yuanes (entre 0,05 céntimos y 1 euro), ése es el genero que vende la tienda Fei Yue de Hong Changxin, cuya fábrica de 20 trabajadores recibe los pedidos en verano y factura al año unos 200.000 yuanes (20.000 euros). "Primero hago los adornos navideños y luego los de la Fiesta de la Primavera", aclara Hong Chang, para quien cualquier cambio de año, ya sea el occidental o el chino, es bueno para hacer negocio.
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¡Feliz Año del Tigre!
13 Febrero 2010, 10:44Se marcha el buey y, de un salto, llega el tigre. Buena parte de Asia da la bienvenida esta noche el Año Nuevo Lunar, una festividad que desata una ensordecedora traca de petardos y fuegos artificiales en todas las ciudades y pueblos de China. En el país más poblado del mundo, esta multitudinaria celebración es el momento más señalado del año para reunirse en familia y disfrutar de una copiosa cena a base de, entre otras muchas deliciosas viandas, "dumplings"(una especie de raviolis o empanadillas hervidas y rellenas de carne y verdura) y pescado ("yu"), que simboliza la abundancia que se desea para los próximos doce meses.
China da esta noche la bienvenida al Año del TigreAl contrario que en Occidente, donde rige el calendario gregoriano, China y otros países asiáticos, como Corea, Japón o Vietnam, utilizan el calendario lunar, cuyo fin de año oscila entre finales de enero y mediados de febrero. En esta ocasión, además, ha coincidido con San Valentín, una tradición extranjera que cada vez está ganando más adeptos entre los jóvenes enamorados chinos debido a la rápida apertura y modernización del país.
Globalización aparte, hay doble motivo, pues, para lanzarse de lleno a un nuevo fin de año de ojos rasgados. Sobre todo para los nacidos bajo el signo del tigre, que son aquéllos que, como Penélope Cruz, Fidel Castro, Tom Cruise, Leonardo DiCaprio, Jodie Foster o Marilyn Monroe, vinieron al mundo en los años 1998, 1986, 1974, 1962, 1950, 1938, 1926, 1914 y 1902. A diferencia de los signos mensuales del zodiaco, el horóscopo chino se basa en ciclos de doce años representados por los animales que, según la leyenda, participaron en la carrera para asistir al banquete organizado por el Emperador.
Gracias a su astucia, el primero fue la rata, que engañó al buey al cruzar sobre sus lomos un río y se adelantó así también al veloz tigre, tercer animal del horóscopo chino. Basándose en el "yin"y el "yang" y en los elementos básicos del universo, cada signo está marcado por un ascendente que puede ser de metal (oro), agua, madera, fuego y tierra. A partir de esta madrugada, entraremos en el Año del Tigre de Metal, que se corresponde con el año 4707 del calendario lunar.
Pero, ¿qué nos deparará este nuevo año? Según los maestros del "feng shui", la tradicional filosofía china que persigue la armonía con la Naturaleza, los próximos doce meses se presentan bastante moviditos debido a las singulares características del tigre. Este felino, poderoso y agresivo, destaca por su fuerza y energía, así como por sus ágiles e impredecibles movimientos, que le llevan a saltar y atacar en el momento más inesperado. Influido además por el ascendente del metal, que se asocia a acciones contundentes como las guerras, cualquier cosa puede pasar en este 2010 (perdón, 4707), en el que los videntes ya han previsto el enconamiento de crisis internacionales como los conflictos nucleares de Irán y Corea del Norte. Precisamente, la guerra de Corea estalló en un año del tigre (1950), cuyas garras también dieron un zarpazo a la estabilidad mundial durante la crisis de los misiles cubanos (1962) o cuando Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela (1998).
Adornos del Año Nuevo chino en el mercado de YiwuPero, quizás para compensar estas tensiones geopolíticas, el poder del tigre también puede ser decisivo para acometer la recuperación económica que saque al mundo de la crisis financiera. Sobre todo después de los esfuerzos que hizo el año anterior el abnegado y trabajador buey para empezar a salir de un hoyo en el que, para nuestra desgracia, España aún sigue inmersa.
Atentos este año a las rayas del tigre en los mercados bursátiles y la convulsa escena internacional, que seguirá presenciando el ascenso de China como superpotencia impulsada, además, por un animal que tiene un especial significado en este país. "En teoría, el dragón es el animal nacional de China, pero el tigre es su primer dios. Desde hace más de 6.000 años, hay tumbas de nobles con el dragón y el tigre, pero el simbolismo de éste último es más rico y complejo. De este felino destaca su fuerza como dios de la guerra y dios de la muerte, pero en la cultura china esto no es el final, sino una transformación que tiene componentes ascéticos porque se alcanza la inmortalidad a lomos de un tigre, como se ve en algunos cuentos", explica el sinólogo Pedro Ceinos, quien acaba de publicar su séptimo libro sobre el gigante asiático, titulado "El tigre en China: imagen y símbolo" (Miraguano Ediciones).
Para la cultura llana, es bueno que un hombre sea tigre porque denota poderío e impone respeto, pero también puede ser peligroso por su gusto por el riesgo y su valentía para enfrentarse a todo tipo de peligros. Magnéticos y enérgicos, los tigres no pasan desapercibidos por el mundo y destacan por su dedicación y liderazgo, por lo que son especialmente apropiados para convertirse en políticos, empresarios, militares, escritores, músicos, profesores y diseñadores.
En el amor son emotivos y cariñosos, pero a veces tan posesivos que les gusta marcar a su pareja como si fuera su territorio. Por eso, son compatibles con otros signos poderosos como el dragón y el caballo y echan chispas con los monos, los gallos y las serpientes. Y es que, aunque nobles y encantadores, hay ocasiones en que los tigres sacan a relucir su carácter depredador, orgulloso y testarudo.
Pero no dude en arrojarse esta noche en las garras del Año del Tigre. Confiemos en que nos ayude a salir de la crisis y se alíe con uno de sus más ilustres "hijos" en España, el nacido en 1950 Vicente del Bosque, para que la selección nacional gane este verano el Mundial de fútbol de Suráfrica. ¡Que el rugido de la "Roja" se haga oír en la tierra de los leones en un muy feliz Año del Tigre para todos!
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Harbin, la ciudad de hielo
08 Febrero 2010, 06:40Sus calles no están pavimentadas con asfalto, sino con nieve, y sus edificios no han sido levantados con ladrillos ni hormigón, sino con témpanos de hielo. Con unas temperaturas que rebasan los 20 grados bajo cero, durante el invierno se mantienen congelados enormes palacios de hielo que recuerdan a la Ciudad Prohibida de Pekín, descomunales pagodas como las del templo de Wat Phra Kaew en Bangkok, un castillo feudal que se parece al de Osaka, la Esfinge de las pirámides de Egipto, la plaza de San Pedro en Roma, una reproducción del mismísimo Kremlin de Moscú y hasta un típico rascacielos neoyorquino con decenas de metros de altura. Y, en medio de una noche cerrada con reflejos de aurora boreal que se echa sobre las cuatro de la tarde, todos ellos brillan en la oscuridad gracias a las luces de colores colocadas dentro de los bloques de hielo.

Bienvenidos al festival de la nieve y el hielo que, desde hace 26 años, se celebra entre enero y febrero en Harbin, una ciudad del norte de China cercana a la frontera con Rusia. A pesar del frío siberiano que caracteriza a su invierno, dicho evento se ha convertido en la principal atracción turística de dicha urbe de 4,7 millones de habitantes, capital de la provincia de Heilongjiang.

Cada temporada, miles de turistas desafían al termómetro y, envueltos como cebollas en varias capas de pantalones térmicos, camisas de paño, jerseys de pura lana, abrigos forrados de pelo, bufandas, guantes, gorros y hasta pasamontañas disfrutan de un espectáculo único que corta la respiración. Y no sólo por el frío, sino por la monumentalidad de decenas de construcciones de hielo que no se derretirán hasta la entrada de la primavera a principios de marzo.

De hecho, el hielo es tan consistente que los visitantes pueden subir hasta la cima del Kremlin o deslizarse desde ella gracias a unos témpanos pulidos en forma de escalones y toboganes. Con lámparas verdes, azules, rojas y amarillas en su interior, pagodas como las del templo de Angkor Wat en Camboya e iglesias como la de San Pablo en Macao refulgen majestuosas mientras sus colores cambian de forma intermitente.

Y ésa es sólo la atracción nocturna, porque durante el día se puede visitar el contiguo parque de la isla del Sol para contemplar sus espléndidas figuras de nieve. Algunas de ellas, de gran tamaño, muestran a un Buda sentado como el de Leshan, en la provincia de Sichuan, y otras lucen rostros asiáticos en relieves esculpidos en las blancas paredes de las rocas.

Patinando en las pistas de hielo o deslizándose en trineos tirados por perros huskys siberianos, los visitantes pueden extasiarse ante las esculturas de nieve repartidas por todo el recinto, contiguo al congelado río Songhua y cuyo cauce se puede cruzar a pie en esta época del año hasta el centro de la ciudad, justo en la otra orilla.

Allí, en una piscina al aire libre bajo el parque de Stalin, el arbolado paseo que recorre el río, un grupo de locos nadadores rusos se dan un chapuzón ante la atónita mirada de los turistas chinos, que tiritan sólo de ver sus cuerpos medio desnudos zambullirse en sus gélidas aguas.

Para entrar un poco en calor después de presenciar semejante hazaña, nada mejor que tomar un chocolate caliente en alguna de las numerosas cafeterías que pueblan la céntrica avenida peatonal Zhongyang. Aquí se puede admirar en toda su esencia la influencia rusa que predomina en Harbin, conocida como la San Petersburgo de Oriente desde que en 1898 se construyera un ramal del Transiberiano que acortaba el camino a Vladivostok y enlazaba con el puerto de Dalian.

Convertida desde entonces en un importante centro de negocios que atrajo a miles de comerciantes de hasta 33 países, y sacudida por la Guerra Ruso-Japonesa, la Revolución bolchevique de Octubre y la Segunda Guerra Mundial, Harbin adquirió un estilo cosmopolita y colonial gracias a la llegada de exiliados políticos y judíos que huían del comunismo. Pasear por las adoquinadas calles del distrito de Daoli y embelesarse ante las fachadas, cúpulas y torres festoneadas de sus edificios neoclásicos supone un viaje en el tiempo hasta los años 20, cuando la moda de París llegaba a Harbin antes que a Shanghai.

Si no fuera por los rostros de ojos rasgados de sus vecinos, uno no diría que está en Asia, sino en Moscú o en algún otro lugar de Europa. Así lo demuestran también los cafés y restaurantes rusos, donde se pueden degustar suculentos platos como sus famosas salchichas y los deliciosos “piroshki” (una especie de empanadillas rellenas parecidas a los “dumplings” chinos).
En las bollerías de la avenida Zhongyang, y junto a las lujosas boutiques de Armani y Zara, se puede comprar pan recién hecho, todo un lujo en China. Y en sus tiendas se venden hasta “Matrioskas”, las conocidas muñecas rusas huecas que esconden otras figuras de menor tamaño en su interior.
Hasta 1949, cuando triunfó la revolución comunista liderada por Mao Zedong, la impronta rusa fue tal que llegó a haber unas 15 iglesias ortodoxas, varias de las cuales fueron destruidas o quedaron muy dañadas durante los turbulentos años de la Revolución Cultural (1966-76). De las diez que se conservan en la actualidad, la más imponente es la catedral de Santa Sofía, que fue erigida entre 1923 y 1932 y hoy es el museo de la arquitectura multicultural de Harbin. Bajo los tenues reflejos de la lámpara de araña que pende de su cúpula, un coro chino entona canciones navideñas junto a las fotografías que cuelgan de sus desconchadas paredes y resumen la historia de la ciudad.

Para completar la excursión a Harbin, no hay que perderse una visita al Parque del Tigre Siberiano, una reserva donde viven unos 90 animales de esta especie en vías de extinción originaria del nordeste de China, este de Rusia y Corea del Norte. Junto a estos felinos de Manchuria, también conocidos como tigres de Amur, hay varios leones africanos, panteras y leopardos, que los turistas pueden fotografiar a pocos metros desde un recorrido en autobús y hasta alimentar con gallinas, patos y ovejas vivas que cuestan entre 100 y 500 yuanes (entre 10 y 50 euros). Una forma bastante comercial de contemplar la Naturaleza salvaje y que ha sido muy criticada por los grupos conservacionistas, pero que constituye el contrapunto más caliente para la gélida ciudad del hielo.
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El bazar chino de los Reyes Magos
04 Enero 2010, 19:42Aunque menos que otras campañas por el impacto de la crisis, los Reyes Magos volverán a repartir este año millones de juguetes "made in China". Producidos en las fábricas que se concentran en Shantou y Dongguan, en la sureña región industrial de Guangdong, buena parte de ellos se distribuyen a todo el mundo desde la ciudad de Yiwu, situada al sur de Shangai en la provincia costera de Zhejiang.

Allí se levanta el gigantesco "bazar global" del mercado de Futian, que cuenta con 50.000 tiendas repartidas por cuatro edificios de varias plantas comunicados entre sí. De ellas, 400 venden juguetes y artículos navideños, generando cada año una producción de 2.500 millones de yuanes (250 millones de euros) que se destina en su mayoría a la exportación.
Es el caso de la empresa de juguetes Zhan Yong, que dirige desde hace 20 años una fábrica de juguetes con 120 trabajadores en Shantou y abrió hace 15 su antena en Yiwu. "Esta sucursal es muy importante porque aquí se generan la mitad de las ventas, de las cuales el 80% tienen como destino otros países y sólo el 20% se centran en el mercado chino", explica su responsable, Xin Zhanyong.
Debido a la vocación exportadora de estas firmas, la crisis le ha pasado factura, como demuestra que la facturación ha caído de los 30 millones de yuanes (3 millones de euros) del año pasado a los 20 millones de yuanes (2 millones de euros) de esta campaña. "Las ventas han caído entre un 20 y un 30% en el sector juguetero chino", se queja Xin Zhanyong, cuyo local ofrece coches teledirigidos con control remoto por precios que oscilan entre los 10 yuanes (1 euro) para los modelos más pequeños hasta los 200 yuanes (20 euros) que cuestan las réplicas a gran tamaño de deportivos BMW, Audi y Lamborghini. Por su parte, los helicópteros cuestan entre 40 y 170 yuanes (entre 4 y 17 euros).

En busca del escaparate que supone la Ciudad Internacional del Comercio, numerosas firmas jugueteras se han trasladado de Guangdong a Yiwu. Desde hace ocho años, aquí gestiona sus ventas al extranjero Concord, que cuenta con una fábrica con más de 1.000 empleados y una pequeña tienda en el mercado de Futian que le reporta el 10% de la facturación total.

Entre copias chinas "Barbie" que cuestan 9 yuanes (0,9 euros) y osos de peluche a 16 yuanes (1,6 euros), comerciantes venidos de los cinco continentes buscan los regalos favoritos de los niños. "Cada mes gasto unos 100.000 yuanes (10.000 euros) en 600 tipos de juguetes y obtengo un beneficio del 50%", asegura Lu Xianxian, un empresario taiwanés que, al igual que otros dueños de establecimientos "todo a 100", se abastece en Yiwu, el bazar chino de los Reyes Magos.
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Navidades "made in China"
27 Diciembre 2009, 20:45Santa Claus cargando sacos a sus espaldas y con escalerillas para trepar por los balcones, abetos de plástico con sus correspondientes bolitas brillantes para decorarlos, guirnaldas, gorros y trajes de Papá Noel, felicitaciones en todos los idiomas y, por supuesto, toneladas de juguetes… Todo, prácticamente todo lo que usted haya comprado para celebrar estos días la Navidad, tendrá el inevitable sello "Made in China" en su reverso.

Dichos artículos se manufacturan en las cadenas de montaje de la "fábrica del mundo", en la sureña provincia industrial de Guangdong (Cantón) y fronteriza con Hong Kong. Y, por precios irrisorios, todos ellos se pueden comprar al por mayor en la ciudad de Yiwu, que se ubica al sur de Shangai en la provincia costera de Zhejiang y se ha convertido en el "todo a 100" global.

Mientras las fábricas cantonesas producen artículos de valor medio-alto, las tiendas y factorías de Yiwu se han especializado en pequeños regalos. Repartidas por esta ciudad de dos millones de habitantes, hay una veintena de gigantescas superficies comerciales donde se venden al por mayor todo tipo de artículos, desde zapatos hasta pantallas de plasma pasando por perchas, mecheros, cuadernos, joyas y calcetines.
Entre ellos destacan los adornos navideños, que se encuentran en la Ciudad del Comercio Internacional, popularmente conocida como mercado de Futian. Dicho recinto cuenta con unas 50.000 tiendas distribuidas por cuatro edificios de varias plantas comunicadas entre sí, entre las que figuran 400 establecimientos de objetos navideños.
Luo Jingjing, de la firma Zhizun Christmas Supplier, regenta uno de estos locales, totalmente invadido por figuritas de Papá Noel colgando de sus escaleras en el techo, amontonadas en las estanterías y dando la bienvenida junto a la entrada. Los muñecos abarcan desde el ya clásico Santa Claus que se acciona con la voz y trepa arriba y abajo su escala hasta el que luce un saxofón, un micrófono, una guitarra, un balón de fútbol o se ha metamorfoseado en un típico abeto navideño. "El escalador, que mide 50 centímetros, cuesta 29 yuanes (3 euros), mientras que los otros, de 30 centimetros, valen 20 yuanes (2 euros)", explica Luo Jingjing, cuyo suegro posee en la cercana ciudad de Ningbo una fábrica de objetos navideños con 300 trabajadores.
La firma centra sus ventas en las exportaciones a otros países, como Estados Unidos, España, Rusia y Brasil, cuyas ventas han bajado por la crisis. "En 2008 facturamos seis millones de yuanes (600.000 euros), pero esta temporada sólo llegaremos a los cinco millones de yuanes (500.000 euros)", se queja Luo Jingjing junto a un muñeco de Papá Noel a tamaño natural que no para de agitarse mecánicamente mientras canta una versión rockera de "I wish you a Merry Christmas".
Una figura que, por 450 yuanes (45 euros), compra Miao Xiaoping para decorar su cafetería durante estas fechas. "La Navidad es cada vez más popular, sobre todo entre los jóvenes", indica esta sonriente mujer, que personifica la extraordinaria capacidad de adaptación de los chinos para hacer negocios.
Buena prueba de ello es también la tienda de abetos de plástico de Lu Hongmei, quien señala que "mi compañía, Xindan, es pequeña porque sólo tiene 50 trabajadores, pero cada año producimos unos 20.000 árboles artificiales". De ello, el 70% se exportan a EE.UU., Rusia, España e Italia, pero este año las ventas han caído a los cuatro millones de yuanes (400.000 yuanes), un millón de yuanes menos (100.000 euros) que en la anterior campaña.
Las 400 tiendas y fábricas de objetos navideños de Yiwu generan cada año una producción de 2.500 millones de yuanes (250 millones de euros), la mayoría para la exportación. Pero la crisis en Occidente ha mermado las ventas, que cayeron un 16,3% hasta agosto en la provincia manufacturera de Guangdong. Las exportaciones a EE.UU. y la Unión Europea se desplomaron un 25,3 y un 14,9%, respectivamente.
Con pedidos mínimos de 50 unidades, los precios de Lu Hongmei oscilan entre los 300 yuanes (30 euros) de los abetos de 2,4 metros hasta los 40 yuanes (4 euros) de los que miden 60 centímetros. Los pedidos, que se efectúan en verano, se envían por barco en contenedores de 40 pies que cuestan unos 2.100 euros o 1.050 euros para los de 20 pies. Además, el mercado de Futian ofrece la posibilidad de compartir dichos contenedores a los compradores que no encarguen pedidos demasiado grandes.
Es el caso de algunos clientes de Hua Fengcui, quien les suministra pequeños artículos como los típicos gorros navideños, calcetines de color rojo y blanco para los regalos y trajes de Papá Noel. "Muchos de mis clientes son chinos que tienen tiendas en España", desgrana la mujer, que cobra entre 4,5 maos y 7,5 yuanes (entre 0,04 y 0,75 euros) por los gorros; entre 8 maos y 3 yuanes (entre 0,08 euros y 0,30 euros por los calcetines) y entre 8,5 y 40 yuanes (entre 0,08 y 4 euros) por los trajes, algunos incluso con minifalda.
Junto a su tienda, Fu Chenglin apura su cuenco de "noodles" (fideos) rodeado por carteles con el mofletudo rostro de Santa Claus y guirnaldas navideñas. "Este año he tenido que bajar los precios por la crisis, ya que hemos pasado de los 10 millones de yuanes (1 millón de euros) a los siete millones de yuanes (700.000 euros)", relata el empresario, quien dirige una fábrica con 30 trabajadores, cuyos sueldos ascienden a 1.000 yuanes (100 euros) por jornadas de nueve horas.
Debido a la abundante y barata mano de obra china, Fu Chenglin cobra sólo entre 2 y 10 yuanes (entre 0,20 y 1 euro) por los carteles, banderillas y adornos que conmemoran la Navidad. Para que la celebremos en Occidente, de la “fábrica global” viene la Navidad "made in China". -
Navidad en una isla tropical del sur de China
25 Diciembre 2009, 19:40Arrecia el frío, bajan las temperaturas y hace un tiempo de mil demonios. La nieve llega a Pekín, pero la estampa idílica del manto blanco que cubre la ciudad se esfuma en cuanto uno se entera de que es artificial. Para aliviar la sequía, el Gobierno ha vuelto a disparar sus ya famosos cohetes con yoduro de plata, un catalizador que provoca la lluvia. Todo, hasta la nieve, es mentira en este mundo "made in China", menos el frío que te cala los huesos. Así las cosas, lo mejor es seguir los consejos de los nuevos ricos chinos - que han hecho un cursillo acelerado de capitalismo y buena vida - y hacer las maletas para salir pitando en dirección a Hainan.

A más de 2.500 kilómetros al sur de Pekín, Hainan es una paradisíaca isla de 34.000 kilómetros cuadrados que se enclava en el Mar de la China Meridional y linda con la provincia industrial de Guangdong y con Vietnam. Dicha posición geográfica le confiere un clima tropical muy recomendable en esta época del año, un atractivo al que se suman sus playas de fina arena blanca, palmeras y aguas cristalinas de color turquesa.
Así que, si usted es de los que reniegan de esperar a Papá Noel y a los Reyes Magos al calor de la chimenea o prefiere tomarse el turrón y las uvas en bañador y bajo un cocotero, no lo dude: su destino para olvidar el frío navideño y este año de crisis es Hainan. Más en concreto Sanya, la segunda ciudad de la isla tras la capital, Haikou, que se ubica en el extremo sur de la isla. Y, más en concreto aún, los "resorts" de la bahía de Yalong, donde se encuentran las mejores playas del litoral.
Por eso, no es casualidad que aquí hayan construido sus descomunales complejos vacacionales las principales cadenas hoteleras del mundo. Uno tras otro, los "resorts" de Ritz-Carlton, Sheraton, Hilton, Marriott y Le Meridien se suceden, sin ley de protección de costas que valga, en primera línea de sus siete kilómetros de playa, que además es privada para sus huéspedes.
Los turistas chinos marcan tendencias paseándose por la orilla del mar ataviados con los albornoces blancos de sus respectivos hoteles, que sólo se distinguen por el emblema que lucen en la pechera. Es su particular forma de disfrutar del sol y la playa, ya que, tradicionalmente, los chinos no han sido muy propensos a bañarse en el mar porque su ideal de belleza, sobre todo para la mujer, es que luzca una inmaculada piel blanca.
Pero poco a poco, y como consecuencia de la modernización gracias a su extraordinario crecimiento económico, los chinos van pillándole el gustillo a los chapuzones en el mar, que alternan con las zambullidas en las piscinas levantadas también junto a la arena. Eso sí, cambiando los sempiternos albornoces blancos por los manguitos y flotadores cada vez que se remojan, ya que muchos no saben nadar.
Cerrando negocios por el móvil tumbados en las hamacas, jugando al volley-playa, sorteando las olas con motos de agua, saboreando un cóctel en el chiringuito, escapándose con sus amantes a este apartado rincón del país, dando buena cuenta del "buffet" en los viajes de empresa, relajándose con masajes en los balnearios o celebrando la luna de miel (la de hiel vendrá luego), hordas de visitantes chinos y rusos recalan cada año en Hainan, cuya economía depende en un 80 por ciento del turismo. Paradójico destino para un archipiélago formado por una isla principal y 200 diminutos islotes que, durante las dinastías imperiales, era el remoto lugar donde se exiliaban los mandarines caídos en desgracia.
Tras un intenso debate ideológico en la cúpula comunista, el régimen chino decidió en 1988 que Hainan se subiera al carro de las Zonas Económicas Especiales, los experimentos capitalistas iniciados una década atrás en la vecina Guangdong que ya estaban dando sus frutos gracias a su apertura a la inversión extranjera y la economía de mercado.
A pesar de los tifones que trae cada verano el monzón, Hainan no ha parado de crecer desde entonces gracias a sus encantos tropicales, especialmente apreciados en la temporada alta, que va de octubre a abril e incluye los picos de la Navidad y el Año Nuevo Chino, entre finales de enero y mediados de febrero. Entre ellos destacan hacer surf aprovechando las revueltas olas de Sanya, pero no todos los atractivos de la isla se reducen al tópico de sol y playa.
En la isla de los Monos, una península montañosa próxima a Xincun, viven un millar de macacos en un parque protegido donde los animales corren a sus anchas esperando que los turistas les suelten un puñado de cacahuetes. En Xincun se puede ver a los miembros de la minoría "danjia", que viven de la pesca y el cultivo de perlas.
No en vano, en la isla residen hasta 39 de los 56 grupos étnicos que conforman China. Aunque los "han" son mayoritarios en todo el país al llegar hasta el 92 por ciento de sus 1.350 millones de habitantes, los "li" y los "miao" son originarios de las junglas tropicales que cubren la cordillera Limuling Shan, donde se alza majestuoso el pico de Wuzhi, con 1.867 metros de altura, y fluye la impresionante cascada de Baihua.
De los más de ocho millones de habitantes con que cuenta Hainan, un millón pertenecen a la etnia "li" y se calcula que llegaron a la isla hace 3.000 años procedentes de Fujian, una provincia oriental de la costa china. Por su parte, los "miao", que en otros países del Sureste Asiático son denominados "hmong", se expandieron desde el sur de China hasta el norte de Vietnam, Laos y Tailandia, así que en Hainan ya sólo quedan unos 60.000.
Junto a las costumbres tradicionales de estos grupos, que subsisten en sus aldeas gracias a cultivos tropicales como el caucho o el café, los paisajes son uno de los principales reclamos de Hainan, donde destacan las reservas naturales de Datian y Jianfengling.
Como no podía ser de otra manera en China, la gastronomía es otro de los factores que conquistará al viajero, sobre todo si le gusta el marisco. Al margen de los carísimos menús que sirven los hoteles de lujo, en el animado mercado de Chunyuan se pueden comprar por 40 euros langostas frescas que luego son cocinadas por un pequeño cargo adicional en los restaurantes del mismo recinto. Los cocineros agitan sus enormes sartenes sobre los fogones a presión mientras un enjambre de camareras revolotea con las bandejas llenas de viandas entre las mesas, cuyos comensales devoran el marisco entre "gan beis" (brindis) de cerveza y "baiju", un fortísimo licor de arroz parecido al orujo muy popular en China.
En las peceras de sus 40 puestos se venden al peso gambas, langostinos, almejas, vierias, coquinas, navajas, cangrejos, pulpos y varios tipos de peces recién pescados, así como verduras frescas y los inevitables tazones de arroz y "noodles" (tallarines) con que los chinos suelen acompañar las comidas. De postre, frutas tropicales como la papaya o cocos recién arrancados del árbol y abiertos a machete para degustar su leche.

Cargando sobre sus hombros un palo del que cuelgan a ambos lados cestas llenas de plátanos, piñas y kiwis, los vendedores ambulantes pregonan a voces las bondades de su mercancía. A sus espaldas, brillan los letreros escritos con vistosos caracteres en mandarín en los neones de los restaurantes, cuyas terrazas están abarrotadas de clientes. Sin nieve, a 20 grados y pelando gambas en mangas de camisa, así se celebra la Navidad en una isla tropical del sur de China.
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Ponga un Rembrandt "chino" en su casa
14 Diciembre 2009, 21:12¿Cuánto cuestan "Los girasoles" de Van Gogh, "La ronda de noche" de Rembrandt o la serie de retratos de Mao realizada por Andy Warhol? En cualquier subasta de Christie´s o Sotheby´s valdrían millones de dólares y batirían récords de cotización, pero hay un lugar en China donde se pueden comprar por menos de 30 euros.

Se trata del barrio de Dafen, que se ubica en la megalópolis industrial de Shenzhen, en la provincia sureña de Guangdong. Una tras otra y de forma abierta al público, en sus calles se apilan las grandes obras maestras de la pintura: desde "La última cena" de Leonardo Da Vinci hasta el arte "pop" de Liechtenstein pasando por los paisajes venecianos de Canaletto. Evidentemente, son falsificaciones – "réplicas", prefieren llamarlas aquí –, pero lo cierto es que algunas de ellas están reproducidas con tanta fidelidad y maestría que cuesta distinguirlas del original.

Bienvenidos al barrio de los artistas de Dafen, donde se concentran unas 700 galerías y estudios en los que trabajan más de 5.000 pintores que, cada año, "producen" (en el sentido más industrial de la palabra) el 60 por ciento de los cuadros al óleo que se venden en todo el mundo. La inmensa mayoría, por no decir todos, son réplicas, ya que en China, el paraíso de las copias, era inevitable que también se reprodujeran las obras de arte.

Todo empezó en 1989, cuando un avispado empresario hongkonés, Huang Jiang, recaló en Dafen con 26 pintores buscando un lugar tranquilo donde poder atender los pedidos de miles de cuadros que le hacían grandes superficies comerciales americanas, como Wal-mart. Entonces, Dafen era sólo una humilde aldea donde los campesinos cultivaban coles en las huertas a las afueras de Shenzhen. Desde finales de los 70, cuando se abrió a la inversión extranjera al convertirse en uno de los primeros lugares en aplicar las reformas capitalistas que han transformado a China, este pequeño pueblo de pescadores fronterizo con Hong Kong venía desarrollándose y creciendo a pasos agigantados.
Impulsado por este "boom" industrializador, que ha convertido a las provincias de la costa china en la "factoría global", Huang Jiang implantó en Dafen la producción en serie de obras de arte. Mientras en otros lugares se fabricaban televisores, frigoríficos, ordenadores y coches, aquí se manufacturaban cuadros siguiendo el patrón de las cadenas de montaje ideado por Henry Ford para su legendario modelo T. Con una filosofía claramente estajanovista, el empresario dirigía una planta con un centenar de obreros-artistas que se pasaban el día entero pintando por un sueldo mensual de unos 2.000 yuanes (200 euros).
"En esa cadena de producción, unos aplicaban los colores mientras otros dibujaban las formas. Nuestras vidas se reducían a pintar mucho, comer sólo un poco y dormir aún menos", recuerda Chen Ming, quien trabajó primero en la fábrica del arte de Huang Jiang y ahora regenta su propio estudio.
Nacido en la provincia de Anhui, este afable pintor estudió Bellas Artes y soñaba con alcanzar la fama, aunque fuera póstuma, de genios como Renoir o Toulouse-Lautrec, pero ahora sólo se puede dedicar a imitarlos. "Por supuesto que me gustaría pintar mis propias obras, pero de algo hay que vivir y esto es lo único que sé hacer", se resigna en su pequeña galería, en cuyos quince metros cuadrados se amontonan cuadros de Gustav Klimt y paisajes japoneses junto a desnudos femeninos y retratos de Marilyn Monroe o del presidente chino, Hu Jintao.
Por este local, que incluye un apartamento de dos habitaciones en el piso superior, paga un alquiler mensual de 4.000 yuanes (400 euros), casi la mitad de los 10.000 yuanes (1.000 euros) que ingresa de media con su negocio. En la planta de arriba, Chen Ming vive junto a su mujer, otra pintora que está embarazada, y dos primos que acaban de llegar del pueblo y a los que ya está iniciando en el oficio de las copias. Desde que se levantan hasta que se acuestan, con dos breves pausas para comer y cenar, ambos aprendices se pasan el día reproduciendo cuadros famosos.

En realidad, lo que hacen es aplicar con óleo los colores sobre unas láminas de tela donde ya aparecen impresos los motivos y contornos de las figuras del cuadro, por lo que se trata de una sencilla, pero minuciosa, labor técnica que no les exige pintar ni dibujar por ellos mismos. Como si fueran las antiguas cartillas de colorear que pintarrajeaban los niños en el colegio, las obras más reproducidas son las caras sonrientes de Yue Minjin. Junto a los pálidos retratos de familias tristes de Zhang Xiaogang, éste es uno de los clásicos de las copias chinas, que se encuentran por doquier en cada tienda de arte por unos 300 yuanes (30 euros), el triple de lo que cuestan "en la fábrica".

"El negocio ahora no es muy bueno porque las ventas, sobre todo en Occidente, han bajado por la crisis", se queja Chen Ming, quien trabaja para clientes chinos y marchantes canadienses que, cada dos meses, vienen a Shenzhen y le compran cientos de cuadros.

Aquí, el arte se compra al peso y el precio no depende de la calidad de la obra porque todas son exactamente iguales, sino del tamaño del lienzo. Con marco, un óleo de Klimt de 92 por 122 centímetros cuesta 600 yuanes (60 euros), mientras que uno de 62 por 92 centímetros vale 350 yuanes (35 euros). Un retrato neoclásico de Napoleón, de 31 por 41 centímetros y con marco de madera maciza, se cotiza a 320 yuanes (32 euros), al tiempo que un cuadro ovalado de flores con las mismas dimensiones alcanza los 180 yuanes (18 euros). El precio sube para un Rubens de 62 por 92. "350 yuanes (35 euros) sin marco y 300 yuanes más (30 euros) con él", aclara Chen equiparando el valor de continente y contenido.

"Tengo un hotel en España y quiero decorar sus 200 habitaciones con cuadros de la “Mona Lisa”. ¿Es posible?", pregunto al artista ocultándole la verdadera profesión de periodista. "Por supuesto", responde de inmediato ofreciendo un diminuto taburete para empezar la negociación mientras teclea como un loco los botones de una calculadora para ajustar las cuentas. "400 yuanes (40 euros) con un marco de buena calidad y 320 yuanes (32 euros) sin él, más los gastos del envío por barco", ofrece Chen, quien asegura que "no hay problemas en la aduana porque no existen derechos de propiedad intelectual para obras como la Gioconda o de autores que lleven muertos más de 50 años".

Aunque estén vivitos, coleando y protestando por la copia indiscriminada, también se pueden adquirir las obras de los pintores chinos contemporáneos, ya que, según Chen Ming, "en los documentos de embarque se especificará que los cuadros son réplicas". Sin duda, este lugar haría las delicias litigantes de la SGAE. "Lo único que no podemos exportar son desnudos", se encoge de hombros antes de llamar a su contacto en una compañía de transporte para discutir el importe del envío.

Al instante aparece una joven modosita con gafas y coletas, la típica pinta de secretaria eficiente, que trae un albarán y otra calculadora. "El envío de 200 cuadros en un contenedor al puerto de Barcelona cuesta unos 300 euros más gastos adicionales, como los 113 euros del papeleo, los 120 yuanes (12 euros) por metro cúbico de la tarifa de empaquetado y otros 900 yuanes (90 euros) por diversas tasas", desgrana de manera profesional.
"En un mes tendré las 200 “Mona Lisas” terminadas", promete Chen. Para cumplir el pedido, contratará por 100 yuanes diarios (10 euros) a diez pintores, a los que ofrecerá comida y alojamiento en su casa para que trabajen a destajo y finalicen un cuadro cada dos días. Una inversión de 30.000 yuanes (3.000 euros) que Chen abonará cuando haya recibido el pago por el pedido.
En total, las 200 Giocondas salen a 8.000 euros con marco y 6.400 sin él, más otros 600 euros para el envío por barco y el papeleo. Un precio más que competitivo en la fábrica del arte y que le deja a Chen Ming un margen de beneficio de entre 5.000 y 3.400 euros. Con marco o sin él.
"¿Y en España siguen vigentes los derechos de propiedad intelectual de Picasso?", pregunta el pintor replicante pensando, quizás, en ampliar su negocio.