Pablo M. Díez | Pekin
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"Españoladas" en Shenzhen
18 Marzo 2010, 11:12Como lo prometido es deuda, aquí adjunto varias fotos para una de las más recientes y fieles lectoras de este blog, AAM, que dudaba y sigue dudando de los encantos urbanos de una ciudad tan llena de vida como Shenzhen. Aparte de nuestros diferentes criterios estéticos sobre las bellezas urbanas, naturales y hasta humanas, incluyo varias imágenes del parque temático "Ventanas del mundo" con bastante sabor español. Como en este recinto se exponen las principales obras arquitectónicas del planeta, desde la Torre Eiffel hasta el Taj Mahal, también hay lugar para un par de joyas monumentales españolas.
La primera es el Parque Güell de Barcelona, todo un homenaje a la pasión que los chinos sienten por el genial arquitecto catalán Gaudí, cuya obra cumbre, la Sagrada Familia, quizás era un poco más difícil de reproducir en este parque, ni siquiera a escala.
La arquitectura de Gaudí, con sus formas sinuosas y vivas, apasiona a los chinosComo si estuvieran en la Ciudad Condal, los visitantes de "Ventanas del mundo" se retratan ante los monumentos en miniatura. Particularmente, me quedo con la sensual pose de esta chica aprovechando las sinuosas ventanas de Gaudí.
Con sus poses de modelo, las visitantes chinas también aspiran a ser monumentos, pero de carne y huesoY el segundo monumento patrio a figurar en el recinto es el Alcázar de Segovia, bautizado como "castillo español".
El Alcázar de Segovia es para los chinos el típico ejemplo de un castillo medieval españolPor supuesto, habrá quien se queje de que faltan joyas de la arquitectura española como la Mezquita de Córdoba (que para eso soy yo de allí y algo tira la tierra), la Alhambra de Granada, el Acueducto de Segovia, la catedral de Santiago de Compostela, la plaza mayor de Salamanca, el monasterio de El Escorial, el Palacio Real de Madrid o el Museo Guggenheim de Bilbao. Así que desde aquí abro la veda para proponer una lista de nuevas "españoladas" al parque "Ventanas del mundo".
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Un marido para cuatro esposas
16 Marzo 2010, 08:04Dos docenas de zapatos se amontonan en la puerta de la casa de Ikramullah Ashaari, un musulmán de Malasia de 43 años que no sólo cumple la costumbre de descalzarse antes de entrar en su hogar, sino también la de mantener varias esposas. En concreto son Juhaidah, Kartini, Rohaya y Rubaizah, cuatro mujeres – el máximo permitido por la ley en este país del sureste asiático – con edades comprendidas entre los 41 y los 30 años con las que ha tenido 17 hijos de entre 21 y 7 años. De ellos, cuatro se han casado ya y uno hasta le ha dado un nieto, aumentando aún más una familia no ya numerosa, sino multitudinaria, cuyos zapatos colapsan la entrada a su casa cada vez que se reúne al completo.
Ikramullah, en el centro, rodeado por sus cuatro esposas: Juhaidah (a la derecha de la imagen), Kartini (izquierda), Rohaya (abajo a la izquierda) y Rubaizha (abajo a la derecha)Pero para Ikramullah no supone ningún récord, sino algo habitual, ya que es el sexto de 38 hermanos y su padre, que también tiene cuatro esposas a sus 72 años, ha visto nacer a unos 200 nietos y 12 bisnietos. De hecho, Ikramullah ni siquiera es el más prolífico de la estirpe porque uno de sus hermanos ha concebido 33 vástagos con sus cuatro esposas, mientras que sus dos hermanas mayores, casadas también con un polígamo, han alumbrado 14 y 13 hijos. Y eso que aún quedan por contraer matrimonio 14 de sus 37 hermanos, que tienen entre 47 y 14 años. "El mes pasado se casó uno con dos mujeres al mismo tiempo", explica Ikramullah con una orgullosa sonrisa de oreja a oreja.
Desde hace tres décadas, su progenitor, el gurú religioso Abuya Ashaari Muhammad, viene promoviendo la poligamia en Malasia porque está permitida por el islam y la practicaba el profeta Mahoma.
Para ello, dirige una secta con 300 miembros varones y sus 700 mujeres bajo la forma de la compañía Global Ikhwan, que cuenta con más de un millar de sucursales repartidas por todo el mundo en 14 tipos de negocios, desde hoteles hasta restaurantes y supermercados pasando por publicaciones islámicas y productos de alimentación. De origen humilde, Abuya, que en malayo significa padre, ha levantado un imperio religioso y económico a pesar de que el Gobierno prohibió sus actividades a mediados de los 90. En su conglomerado empresarial, que incluye escuelas, clínicas y hasta departamentos de avituallamiento, vivienda y cultura para las familias polígamas, trabajan todos sus hijos.
"Queremos cambiar la imagen negativa de la poligamia que se tiene no sólo en Occidente, sino también en países musulmanes como Malasia, donde el 5 por ciento de los matrimonios están compuestos por varias mujeres y lo mantienen en secreto", indica Rohaya, la esposa número tres de Ikramullah.
Tras regresar de cursar sus estudios islámicos en Pakistán, éste se casó con 22 años con su primera esposa, Juhaidah, en un matrimonio concertado por su padre. La mujer, que entonces contaba 20 años, era alumna del "santón" Abuya y, según reconoce, "no tuve ninguna duda porque para mí era un honor contraer matrimonio con uno de sus hijos".
Por su parte, Ikramullah añade que "Abuya no es sólo mi progenitor, sino también mi maestro y mi guía espiritual, así que hice lo que me dijo porque él sabía lo mejor para mí". Lo mismo ocurrió al cabo de cinco años, cuando se casó con Kartini, una abogada que también le presentó su padre y se convirtió en la esposa número dos.
Los zapatos de esta familia más que numerosa se amontonan en la puerta de su casa"Tuve que prepararme para admitirlo y renunciar a mi instinto de posesión o a los celos", admite su primera mujer, quien fue aleccionada por el "iluminado" Abuya para controlar sus sentimientos más naturales. Imbuidas de su filosofía, fueron las propias esposas las que le propusieron a Ikramullah que se casara con su amiga Rohaya, doctora de profesión, cuando ésta se quedó sola y con siete hijos tras divorciarse de su marido.
"Al principio me sorprendió mucho, pero luego vi que era mi ángel salvador y las otras esposas se convirtieron en mis hermanas", se congratula Rohaya, quien no duda en afirmar que "por su naturaleza, los hombres necesitan varias mujeres".
Tras ella vino Rubaizah, una profesora de árabe de 30 años que está aportando ahora la juventud que Ikramullah precisa para seguir procreando. Rohaya desgrana que "cada una le damos algo distinto: la primera esposa es muy buena ama de casa; a la segunda le gusta viajar; conmigo tiene conversaciones intelectuales y la más joven mantiene viva la llama del deseo. A cambio, lo compartimos y pasa una noche con una y la siguiente con otra, pero nunca con dos a la vez, ya que la poligamia puede funcionar si se sigue la palabra de Alá".
¿Y qué pasa, entonces, con el amor? La segunda esposa lo tiene claro: "Surge después de la boda, no antes".
Hasta hace poco tiempo, las cuatro mujeres vivían juntas en un lujoso chalé de Putrajaya, una especie de Brasilia asiática construida por el Gobierno de Malasia para descongestionar la capital, Kuala Lumpur, de las labores administrativas de los ministerios. Aquí residen ahora la primera y segunda esposa, amas de casa que cuidan a los niños de las otras como si fueran sus propios hijos, mientras que la tercera y cuarta mujer tienen sus propios domicilios para ir cada día más fácilmente a sus trabajos.
"Pero nos reunimos, al menos, una vez a la semana porque somos una gran familia, aunque algo más numerosa de lo habitual", estalla entre risas Rohaya junto a las otras mujeres de su querido, y polígamo, marido.
La intendencia de una familia multitudinaria
Cada dos días, en la casa de Ikramullah se consumen diez kilos de arroz, cinco pollos, cuatro kilos de cordero, cinco de pescado, cinco de verdura y tres grandes melones. Y eso que algunos de los hijos mayores están estudiando fuera. Estas sencillas cifras sirven para desmontar la afirmación de Ikramullah de que "somos como cualquier otra familia".
Para empezar, un polígamo necesita un dormitorio con baño para cada una de sus esposas y otro cuarto para él, donde cada noche recibe a una de las mujeres. Divididos entre niños y niñas, los hijos duermen en grandes habitaciones con literas pero, como reconoce Rohaya, "casi siempre utilizan los aseos de los padres porque no se pueden esperar los unos a los otros cuando tienen que ir al colegio".
Ikramullah disfruta de la cena con sus cuatro mujeres y sólo una pequeña parte de su familiaPor supuesto, la ropa también se comparte y va pasando de un hermano a otro hasta que, finalmente, "la rompen por el uso o dan el estirón y cada uno prefiere su marca favorita".
Así es el día a día de una familia polígama feliz porque, según denuncia la ONG malasia Hermanas del Islam, también hay muchos casos de abusos y maltratos a mujeres por parte de sus maridos. Además, este grupo que promueve los derechos humanos entre las féminas critica su sumisión al varón.
En principio, la poligamia se permitió en el islam para que las viudas y sus huérfanos no quedaran desatendidos, pero para muchos ricos musulmanes ha derivado en la práctica de "ponerle un pisito" a sus amantes. Por eso, los seminarios para captar esposas de Global Ikhwan se centran en jóvenes campesinas pobres, mujeres maduras a las que se les ha pasado la edad de casarse o "señoritas" de turbulento pasado que son repudiadas por los hombres.
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La primavera de Pekín nos deja helados
14 Marzo 2010, 19:00
Un manto blanco cubre la emblemática plaza de Tiananmen, en el centro de PekínAsí de helados nos ha dejado la primavera de Pekín, con esta tardía nevada cubriendo la plaza de Tiananmen mientras los edificios de la ciudad se preparan para desconectar las calderas de su calefacción, que funcionan del 15 de noviembre al 15 de marzo con independencia de que haga calor en otoño o frío en primavera.
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El fútbol, la manzana podrida del deporte chino
11 Marzo 2010, 06:44Al mismo ritmo imparable que crecía su economía, el deporte chino ha experimentado durante las tres últimas décadas una progresión que tuvo su máximo auge durante los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008. Desde el tradicional ping pong hasta la gimnasia, los atletas chinos vienen copando los medalleros para orgullo y regocijo de su pueblo. Pero hay una deshonrosa excepción que desvirtúa todos estos logros: el fútbol, que se ha convertido en la manzana podrida del deporte chino.
A pesar de ser tremendamente popular, el fútbol chino está lastrado por la corrupciónJunto a la pésima trayectoria de la selección nacional, que sólo se clasificó para el Mundial de Corea del Sur y Japón en 2002 y hace el ridículo en cada competición, el balompié chino se encuentra lastrado por la corrupción, los partidos amañados y las apuestas ilegales.
Mientras el resto del mundo se escandaliza con la proliferación de partidos comprados por las mafias de internet, la Policía china intenta desarticular las redes de apuestas clandestinas que mueven millones en este país. Durante los últimos meses han sido detenidas una veintena de personas, entre las que destacan varios ex jugadores, entrenadores y directivos de clubes.
Uno de los primeros en caer, y luego tirar de la manta, fue Wang Xin, un antiguo futbolista que se había convertido en director general del Guangyuan de Liaoning, un club de dicha provincia china que, sin embargo, está registrado en Singapur. Buscado por la Interpol, Wang Xin fue detenido a finales del año pasado porque desde 2006 venía amañando partidos tanto en dicha ciudad-Estado como en la Primera División china, el segundo torneo más importante tras la Superliga.
Junto a él, también fueron arrestados Wang Po, director general de un equipo de la provincia de Shanxi, y Yang Xu, antiguo vicepresidente de la Asociación de Fútbol de Cantón (Guangzhou) y subdirector general del Guangzhou Pharmaceutical FC. En 2006, éste le pagó 200.000 (20.000 euros) a Wang Po para que su club, el Shanxi Wellsend, se dejase perder en un encuentro de vital importancia, allanando así el ascenso del Guangzhou Pharmaceutical a la Superliga. Conociendo que el resultado final iba a ser de 5-1, ambos apostaron en una página "web" extranjera y ganaron más de 100.000 yuanes (más de 10.000 euros).
"Como todo el mundo estaba sobornando a los jugadores y amañando partidos, pensé que nuestra honestidad se vería afectada si no seguíamos la práctica", confesó Yang Xu a la Policía.
Los medios chinos hablan de que la trama descubierta es sólo la punta del iceberg, anunciando además el plan del Gobierno para limpiar el maltrecho nombre del fútbol. Demostrando que el deporte sigue siendo una causa nacional, el régimen de Pekín ha lanzado una cruzada anticorrupción y hasta el presidente, Hu Jintao, ha abogado en público por el "juego limpio".
Con la humillación que supone "perder cara" con cada nueva derrota de la selección nacional, los gerifaltes del Partido Comunista incluso han llamado a capítulo a seis de sus jugadores, pero éstos han negado ser objeto de una investigación y aseguran estar colaborando con la regeneración del "deporte rey".
Un objetivo que parece bastante difícil porque la actual Ley Criminal no contempla como delito la compra de partidos, sino sólo las apuestas. En China, donde el juego está prohibido, la máxima pena por dicho delito asciende a diez años de cárcel, una sentencia que algunos juristas consideran demasiado suave teniendo en cuenta las astronómicas sumas de dinero que mueve el fútbol.
Presa de la sospecha, el balompié chino agoniza. Mientras los estadios se vacían por el desencanto del público ante los frecuentes escándalos de corrupción, la quiniela no recoge los partidos de la liga nacional, sino de la Premier inglesa y del Calcio italiano, por miedo al amaño de resultados. Y la manzana sigue pudriéndose.
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Shenzhen, el laboratorio chino
07 Marzo 2010, 15:42Hace treinta años, Shenzhen no era más que un humilde pueblo de pescadores fronterizo con la entonces colonia británica de Hong Kong, cuya pujanza y desarrollo contrastaban con el atraso que sufría la China comunista como un mendigo a la puerta de una catedral. Pero, gracias a su estratégico emplazamiento en la provincia de Guangdong (Cantón), Shenzhen se convirtió en 1980 en una de las primeras zonas económicas especiales que se abrió a la inversión extranjera por obra y gracia de las reformas capitalistas acometidas por Deng Xiaoping tras la muerte de Mao Zedong.
De humilde pueblo de pescadores a vibrante megalópolis: así es Shenzhen, el paradigma del desarrollismo chinoEl resto es la historia del "milagro económico" chino personificada por su principal laboratorio. Hoy, Shenzhen es una vibrante megalópolis de nueve millones de habitantes plagada de futuristas rascacielos de cristal y acero, empresas tecnológicas de última generación, lujosas galerías comerciales con boutiques de Chanel, Dior, Prada, Louis Vuitton y Armani, discotecas con luces de neón y autopistas de seis carriles en cada sentido flanqueadas por palmeras al más puro estilo Hollywood.
En los 90 se llegó a decir que "cada día se abría una nueva avenida en Shenzhen y, cada tres, se levantaba un rascacielos". En su "skyline" sobresalen ya una veintena de edificios que miden más de 200 metros, entre los que destaca el Shun Hing Square, la novena construcción más elevada del mundo con sus 384 metros.
Con un Producto Interior Bruto (PIB) per cápita superior a los 100.000 yuanes (10.000 euros), se enorgullece de ser la ci
udad más rica de China, sólo superada por las vecinas Hong Kong y Macao. Además de albergar el segundo puerto con más tráfico de mercancías después de Shanghai, es la sede de la Bolsa del sur de China y de los centros de investigación y desarrollo de numerosas empresas tecnológicas, como Huawei y Lenovo, así como de las plantas de ensamblaje de prácticamente todo lo que se vende en el mundo, desde los sofisticados iPhones de Apple hasta los juguetes más simples.
Una futurista jungla de rascacielos de cemento y cristal ha crecido en Shenzhen en menos de tres décadasComo en la América del "Lejano Oeste", gentes venidas de toda China acuden a Shenzhen para trabajar en las cadenas de montaje de la "fábrica global" que se concentran en el Delta del Río de las Perlas, que baña otros cercanos núcleos industriales como Guangzhou, Dongguan, Foshan y Zhuhai. Comunicada por trenes de alta velocidad con capacidad para 200 pasajeros que salen cada cinco minutos, se trata de un área metropolitana que incluye también a Hong Kong y Macao y tiene una población superior a los 30 millones de habitantes.
Pero en Shenzhen, que es pura modernidad, no hay ni un solo monumento que ver, aparte del enorme cartelón que retrata al "Pequeño Timonel" Deng Xiaoping junto a su inmortal frase: "Gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones".
Shenzhen rinde pleitesía al "Pequeño Timonel" Deng Xiaoping, el "padre" de la apertura al capitalismoEn esta joven y dinámica ciudad sus principales reclamos son sus parques de atracciones. El más famoso es "Ventanas al mundo", un monumental complejo "kitsch" donde se reproducen a escala los 130 monumentos más famosos del planeta. Desde una Torre Eiffel que mide 108 metros hasta una copia diminuta del Big Ben pasando por la Mezquita Azul de Estambul, el Taj Mahal, el Partenón, las pirámides de Egipto, el Vaticano, el Palacio de Versalles, los canales de Venecia, la Ópera de Sidney, Buckingham, el templo camboyano de Angkor Wat, la torre de Pisa, los molinos de viento de Holanda, los rascacielos de Manhattan, el Monte Saint-Michael y hasta la mismísima Plaza Roja de Moscú. Por parte española destacan una coqueta maqueta del Alcázar de Toledo y una recreación del Parque Güell de Barcelona que haría las delicias de Gaudí. Todas, absolutamente todas las joyas del patrimonio de cada país están presentes en este recinto de 48 hectáreas que resume a la perfección el espíritu de la ciudad donde se levanta: "si no podemos salir a ver otros países, lo mejor es traerlos aquí".
Con una memoria histórica de apenas treinta años, los principales reclamos turísticos de Shenzhen son sus parques de atraccionesJunto a "Ventanas del Mundo", destacan el parque temático "China esplendorosa", que reproduce a escala los encantos de este país, y el gigantesco recinto de OCT East (Overseas Chinese Town), donde sus extasiados visitantes se quedan boquiabiertos ante cascadas artificiales o se deleitan con los platos típicos de cada país en el Pueblo Europeo.
En todos ellos, el habitual pragmatismo oriental vuelve a imponerse entre los chinos, que suman a su habitual campechanía una curiosidad desatada tras décadas de aislamiento maoísta. "Es una manera divertida y bonita de conocer el mundo", se encoge de hombros la joven Sun Jing mientras se fotografía junto a la Torre de Londres.
El mundo, aunque sea en miniatura, ya empieza a pertenecerle a los chinos.
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El lama "rojo" de Pekín
03 Marzo 2010, 13:30El régimen chino continúa vampirizando al movimiento tibetano, dividido entre la jerarquía que dirige el Dalai Lama desde su exilio en la India y los devotos sometidos bajo la bota de Pekín. Para reafirmar su control, hoy ha entrado a formar parte del comité nacional de la Conferencia Político-Consultiva del Pueblo Chino el Panchen Lama, la segunda figura más venerada del budismo tibetano tras el Dalai.
El Panchen Lama, colgando su correspondiente credencial, durante una de las reuniones de la Conferencia Político-Consultiva del Pueblo Chino. APDicho órgano, que está formado por 2.000 miembros entre los que figuran empresarios, intelectuales, académicos y otros personajes públicos, asesora a la Asamblea Nacional Popular, el máximo órgano legislativo del régimen chino que celebra su reunión anual a partir de este viernes.
La inclusión en dicho grupo de Gyaencaen Norbu, un monje de 20 años cuyo nombre religioso es Baingen Erdini Qogyijabu, es una bofetada al Dalai Lama, acusado de independentista, y un claro ejemplo del control que mantiene el Gobierno chino sobre los cultos religiosos y espirituales, ya que los tibetanos consideran a este Panchen Lama un títere de Pekín.
Nacido en el condado de Lhari, al norte del Tíbet, Norbu se convirtió en el XI Panchen Lama el 29 de noviembre de 1995, cuando el régimen chino lo reconoció como la reencarnación del X Panchen Lama tras una búsqueda que había comenzado al fallecer éste en 1989. Tal y como manda la tradición, su nombre fue extraído en una urna de oro situada junto a la estatua de Sakyamuni en el emblemático templo de Jokhang, en Lhasa.
A pesar de seguir estas costumbres y de los buenos augurios que, según la propaganda del régimen comunista, trajo
al nacer, como una letra tibetana bajo la lengua que representaba la reencarnación de Buda, la mayoría de los monjes no creen en este Panchen Lama y lo acusan de ser una marioneta de Pekín.
El motivo es que el Dalai Lama, que lleva exiliado en la ciudad india de Dharamsala desde 1959, había elegido a otro niño de siete años, Gedhun Choekyi Nyima, en mayo de 1995. Pero, debido a la enemistad manifiesta entre el Dalai Lama y el Gobierno chino, los agentes del régimen se llevaron al pequeño del monasterio de Tashilhunpo, donde se supone que vivía y en el que no queda ni una foto suya.
Desde entonces no se ha sabido nada de él y se sospecha que es el preso de conciencia más joven al hallarse bajo arresto domiciliario junto a su familia, pero las autoridades chinas lo niegan y aseguran que Gedhun es un chico normal y corriente sin ninguna autoridad religiosa que acude a sus clases y no quiere ser molestado.
En su lugar, e intentando provocar una especie de cisma entre los seguidores del Dalai Lama, han entronizado a Gyaencaen Norbu, a quien los medios chinos suelen retratar acompañado de las principales figuras del régimen comunista, como el presidente Hu Jintao.
Durante la revuelta tibetana de 2008, que condenó duramente, hasta se habló de que el Panchen Lama "rojo" podría ser nombrado diputado de la Asamblea Nacional Popular. Su entrada en la Conferencia Político-Consultiva es un peldaño más en su posición dentro del régimen.
Al margen de sus declaraciones y de su utilización propagandística por parte del Gobierno para dividir a los monjes budistas, el Panchen Lama vive en la lamasería de Zhaxi Lhunbo en Xigaze, la segunda mayor ciudad del Tíbet y donde residió también su encarnación.
Según los medios chinos, el joven ha estudiado inglés en Pekín y combina los principios básicos del budismo con su afición por los ordenadores y la comida tradicional tibetana, como la “tsanba”, el té de mantequilla de yak y los “dumplings” de carne. Pero ni por ésas puede ganarse el aprecio de los monjes, que siguen adorando en secreto al Dalai Lama y al verdadero Panchen Lama, donde quiera que esté.
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Las islámicas "noches locas" de Kuala Lumpur
28 Febrero 2010, 18:54Sábado noche en Kuala Lumpur, la capital de Malasia. El pujante desarrollo y el poderío económico del segundo país más desarrollado del Sureste Asiático, con un PIB per cápita de 7.469 dólares (5.540 euros), lucen músculo en torno a las torres gemelas de la petrolera estatal Petronas, que fueron en su día el edificio más alto del mundo. En su interior, las boutiques de Louis Vuitton, Chanel, Tiffany´s, Dior y Armani atraen por igual a malayos, chinos e indios, siempre y cuando tengan el dinero suficiente para comprar sus carísimos artículos.
Pero, a diferencia de las mujeres chinas, que lucen sus esbeltas piernas gracias a diminutas minifaldas de vértigo, y las indias, ataviadas con saris de colores, las malayas musulmanas van tocadas con el pañuelo tradicional que les cubre la cabeza o totalmente ocultas bajo el "naqib", una especie de burka que sólo les deja los ojos al descubierto.
Sin embargo, en el Skybar del Hotel Traders, que ofrece unas espectaculares vistas de las Petronas desde su terraza con piscina de la planta 33, una modelo baila sensualmente al ritmo de la percusión interpretada en directo y embutida en un ajustado vestido cuya minifalda acaba a la altura del cachete.
La terraza con piscina del Skybar en el Hotel Traders ofrece espectaculares vistas de las Torres PetronasEntre la clientela que da buena cuenta de cócteles y botellas de champán Moët Chandon repantigada en los sofás en torno a la piscina, de nuevo adinerados hombres de negocios chinos y extranjeros con sus esculturales esposas, novias o amantes, que sólo se diferencian por la edad, pero no por la longitud de sus vestidos.
De noche, la piscina cumple una función meramente estética, pero el "brunch" del domingo saca a relucir los bikinis y los espigados cuerpos de las malasias de origen chino.
Mientras tanto, en el club Zouk, el local de moda entre los jóvenes situado a la omnipresente sombra de las Petronas, el alcohol corre como la espuma entre los extranjeros expatriados, chinos, indios y los malayos musulmanes a los que los porteros dejan entrar haciendo la vista gorda sobre su carné de identidad, donde indican que profesan el Islam y, por lo tanto, deberían tener prohibido entrar en un bar.
Es el caso de Liya, una bella guía turística de 24 años que, después de nueve chupitos de tequila y B-52 – por supuesto siempre invitada por el enjambre de pretendientes que la rondan – se sube en la barra para, meneándose a ritmo de "hip hop" aprendido en los vídeos de la MTV, provocar con sus bailes y con las larguísimas piernas que deja al desnudo su diminuto y ajustado vestido chino.
"Malasia es una nación musulmana que se encuentra en una encrucijada por el desarrollo y el progreso que trae la globalización. Por eso el Gobierno a veces tiene que hacer algo para recordarle a la gente las normas islámicas", dice con una copa en la mano sin darle mucha importancia al asunto.
Pero ese "algo" incluye, entre otras cosas, el juicio por sodomía contra el líder opositor Anwar Ibrahim y los latigazos a mujeres que sean sorprendidas bebiendo alcohol o teniendo relaciones sexuales fuera del matrimonio.
Otro de los reclamos más picantes de Kuala Lumpur son los bares de la calle P. Ramlee, donde trabajan las prostitutas venidas de Vietnam, Indonesia, Filipinas, Tailandia y hasta Ghana. Y, de vuelta al hotel, se repiten a cada paso las ofertas de tentadores masajes que, a tenor de la indumentaria de las masajistas, parecen de todo menos relajantes. Junto a ellas, los "ladyboys", que se pasean alegremente por el centro de la ciudad a las puertas del local de travestis Funtheque, pasan al lado de los malayos que se pasean con sus segundas o terceras esposas permitidas por la poligamia, por supuesto enjauladas tras sus velos negros mientras el marido luce bermudas, camiseta de marca y gorra americana.
Así son las islámicas “noches locas” de KL.
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Haciendo cola para ver al "dato"
27 Febrero 2010, 16:54Que la creciente tensión interreligiosa en Malasia es un tema que levanta ampollas entre los políticos está tan claro como que la mayoría de sus habitantes, malayos musulmanes, chinos budistas, cristianos e hindúes, prefiere no remover más el asunto y seguir viviendo en paz. Como hasta ahora.
Tras entrevistar a bastantes católicos en la misa del pasado domingo, me he ido a la Mezquita Nacional de Kuala Lumpur para recabar la opinión de los musulmanes. La "Mesjid Negara", como se denomina en malayo, es un descomunal recinto de aire setentero que acoge a más de 15.000 personas en la oración del viernes.
Cubierto por un colorista velo, una mujer pasa ante la entrada a la Mezquita Nacional, cerrada para los turistas durante la oraciónA pesar de su importancia, los imanes de la mezquita se excusan diciendo que están muy ocupados para declinar hacer cualquier comentario sobre la polémica por la utilización de la palabra "Alá" en malayo para referirse al Dios cristiano, permitida por el Alto Tribunal y apelada por el Gobierno. Los imanes prefieren no meterse en camisa de once varas y derivan todas las preguntas al Departamento Religioso, que depende del Ejecutivo.
Como alrededor de la mezquita se levantan las sedes del Museo de Artes Islámicas y el Departamento Religioso, pruebo suerte con su "dato" (honorable) director, Haji Che Mat Bin Che Ali. Como es el jefe, me dicen en la entrada, su despacho está en el piso 16, la última planta de un edificio construido al amparo del desarrollismo malasio de los años 80 y 90.
Abriéndome paso entre los bedeles que van sirviendo café por las oficinas – es primera hora de la tarde y los funcionarios acaban de regresar de almorzar –, llego al despacho del "dato"director. Y ahí me topo, de inmediato, con la particular burocracia de los países en vías de desarrollo.
Sentadas en desgastados sofás de escay, varias mujeres con velos de colores y hombres tocados por el gorro tradicional malasio hacen cola para ver al director. Sus ropas raídas delatan su humilde procedencia. A su lado, los impolutos funcionarios enchaquetados que no paran de entrar y salir con legajos para que los firme el director parecen príncipes que se topan con mendigos en el laberinto de la burocracia.
Uno de los que guardan cola es el señor Rizal Guna, un anciano que ha venido a pedirle ayuda al director. Con un inglés impecable, me explica que gracias a las gestiones del "honorable", su hija ha sido operada de la espina dorsal pero, como no puede moverse ni valerse por sí misma, necesita 185 ringgit (40 euros) a la semana para atenderla y comprarle medicinas. Una fortuna para Rizal Guna, que está jubilado y ya no puede trabajar. Pero confía en que el director, que a su juicio es "un buen hombre y un buen musulmán", vuelva a ayudarle.
Confío en que así sea, aunque me asaltan mis dudas cuando me cuenta que lleva esperando desde las nueve de la mañana, hora a la que tenía su cita, pero que el "dato" no ha podido recibirlo porque hoy tenía la agenda cargada de reuniones muy importantes. Y, a las cuatro y media de la tarde, ahí seguía el pobre de Rizal haciendo cola en el sofá de escay.
Para que no me pase lo que a él, aprovecho que el director sale de su despacho para ir un momento al cuarto del baño y le asaltó en cuanto regresa. Me presento; le explico que he venido a Malasia para escribir un reportaje sobre la situación religiosa y la controversia por el uso cristiano de la palabra "Alá" y que me gustaría conocer su opinión como director del Departamento Religioso.
La forzada sonrisa de cortesía que he mantenido todo el rato se me hiela y me quedo con cara de tonto cuando el "dato" me suelta con gran desparpajo que "uf, ése es un tema muy complicado y no quiero decir nada que pueda resultar inconveniente y luego me lo reproche el ministro". Y, a tenor de su cara angustiada, me creo lo que me dice y prefiero que deje de pasar un momento embarazoso.
Eso es lo que pasa con los políticos en todos los países, que siempre tienen miedo a sacar los pies del plato para que no les caiga una bronca de sus superiores. Al menos confío en que ayude a la hija de Rizal Guna el muy honorable, pero también esquivo, director.
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Los formalismos de Obama, el Dalai y China
18 Febrero 2010, 23:24Al final, Obama se ha atrevido a reunirse con el Dalai Lama en la Casa Blanca, con lo que la consiguiente foto de rigor significa para el mundo y para las relaciones con China. En octubre del año pasado, el presidente de Estados Unidos prefirió evitar a la máxima figura política y religiosa del budismo tibetano para no enturbiar en noviembre su primera visita a China.
Haberse entrevistado con el "Océano de Sabiduría" antes que con el presidente Hu Jintao no sólo habría violado las normas no escritas de los formalismos diplomáticos, sino que habría sido una auténtica provocación. A Obama, que lleva su progresismo por bandera, le cayeron collejas por parte de los grupos defensores de la causa tibetana y los derechos humanos, pero poco más podía haber hecho en aras de la prudencia que se le recomienda a cualquier líder político.
El Dalai Lama ha vuelto a enfurecer a China al reunirse con Obama. REUTERSAun a costa de enrabietar al poderoso régimen de Pekín, Obama ha hecho lo mismo que otros líderes internacionales como Sarzkozy, Angela Merkel y hasta Gordon Brown: reunirse con el Dalai Lama. No como Zapatero, que prefirió darle "plantón" durante su visita a España para, seguramente con la esperanza de conseguir unos contratos millonarios que no llegan, que Pekín pueda seguir diciendo que el Gobierno de Madrid es el "mejor amigo de China en la Unión Europea". Una vez salvado aquel escollo y resuelto el encuentro en Pekín con Hu Jintao, que incluyó una comparecencia conjunta y sin preguntas ante los medios donde volvió a abordar los derechos humanos y la censura en internet
, el inquilino de la Casa Blanca tenía que cumplir con los formalismos del otro bando: los que le exigen que EE.UU. abandere las cruzadas contra la represión y las dictaduras del mundo.
Pero el presidente de EE.UU. ha recibido al Dalai Lama guardando las formas: en el escenario más reservado del salón de los mapas de la Casa Blanca, sin darle una medalla en el Congreso como ocurrió durante la Administración Bush y pidiendo el respeto a la "singular identidad religiosa, cultural y lingüística del Tíbet y la protección de los derechos humanos de los tibetanos en la República Popular China". Nada que, en teoría, no puedan suscribir las autoridades de Pekín, entre otras cosas porque hace ya tiempo que el "Océano de Sabiduría" se olvidó de la independencia del Tíbet y ya sólo reclama "la vía intermedia" para intentar arañar un poco de autonomía y más respeto cultural y religioso.
Entonces, ¿por qué causa en China tanta polémica la dichosa reunión? Pues por la sencilla razón de que el régimen aún denominado comunista de Pekín también tiene que guardar las formas, sobre todo con su pueblo. No es cuestión de pasarse toda la vida demonizando al Dalai Lama y acusándolo de ser un terrorista separatista para que ahora se vaya de rositas después de entrevistarse con el hombre más poderoso del mundo.
Haciendo un alto en sus vacaciones del Año Nuevo Lunar, el portavoz de Exteriores chino, Ma Zhaoxu, ya se ha apresurado a emitir un comunicado donde muestra su "enérgica protesta" por la reunión, que a su juicio viola "la aceptación de EE.UU. de que el Tíbet es una parte de China y no apoya su independencia".
Craso error, porque ni Obama ni el Dalai Lama hablaron de independencia o, si lo hicieron, se guardaron muy mucho de publicitarlo. Pero China, que mata moscas a cañonazos en su empeño por condenar al Dalai al ostracismo internacional, sigue amenazando a cualquiera que se atreva a recibirlo porque así habrá muchos otros líderes mundiales, con menos valor que Obama, Sarkozy, Merkel y Brown, que optarán por evitarlo cuando pase por sus países. Y, como no está bien eso de señalar, lo dejamos así porque ya habrán adivinado como quien.
El problema no es que el Dalai Lama sea la máxima figura política y religiosa del budismo tibetano. El problema no es que esté exiliado en la India desde hace casi 51 años por la ocupación china del Tíbet, una región fronteriza que desde hacía siglos venía perteneciendo a las dinastías imperiales cada vez que éstas eran lo suficientemente fuertes como para controlarlo. El problema es que el "Océano de Sabiduría" es el líder de un movimiento filosófico y espiritual con millones de seguidores en todo el mundo y, además, fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1989, curiosamente el mismo año que el régimen de Pekín masacraba a cientos de estudiantes en la matanza de Tiananmen.
"Sólo" por ese motivo, es totalmente legítimo que cumpla con los formalismos de reunirse con los principales dirigentes del mundo y, de paso, aproveche para hacer un poco de ruido mediático a favor de la causa tibetana, que recordemos una vez más ya no reclama la independencia, sino más autonomía o, al menos, respeto religioso y cultural.
Todo ello, por supuesto, guardando algo tan importante en política como son las formas o, más bien, los formalismos. Los mismos que le llevan a China a poner el grito en el cielo con cada nueva reunión del Dalai para así ir disuadiendo a otros gobernantes menos bragados.
De camino, se producirán algunas crisis más o menos duraderas, sobre todo si se mezclan con alguna venta de armas a Taiwán, y se cruzarán declaraciones más o menos ácidas de cara a la galería, sobre todo para el otro sepa que se las juega con una superpotencia dispuesta, como mínimo, a hacer ruido. Pero nada tan grave que no puedan curar los miles de millones de dólares que la "fábrica global" exporta a EE.UU. o que China compra a la Reserva Federal en forma de bonos del Tesoro. Y eso, amigos, no son formalismos, sino negocios puros y duros.
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Un tigre contra la crisis
14 Febrero 2010, 13:10Con motivo del Fin de Año chino, que se celebró anoche con una estruendosa traca de petardos y fuegos artificiales por todo el país, se enviaron 19.000 millones de mensajes de texto para felicitar las fiestas. Durante estas fechas, las vacaciones más importantes para los chinos, 200 millones de personas – la mayoría campesinos que trabajan en las grandes ciudades – vuelven en tren a sus hogares para reunirse con sus familias. Y mil millones de telespectadores vieron la gala de la Fiesta de la Primavera, como se conoce en mandarín al Año Nuevo Lunar, que en esta ocasión se corresponde con el tigre.
Los adornos del tigre son omnipresentes en este Año Nuevo chinoSon las desorbitadas cifras del país más populoso del planeta. En su condición de "fábrica global"y quimérico mercado de 1.300 millones de potenciales consumidores, los economistas confían en China para liderar la recuperación mundial tras crecer el año pasado un 8,7%.
Para ello, el recién estrenado Año del Tigre debe darle un buen zarpazo a la crisis. ¿Cómo? Consumiendo, tal y como se aprecia en el mercado de Futian en Yiwu, una ciudad de la provincia de Zhejiang que se ha convertido en el "bazar global" desde el que dar salida a los productos de la "fábrica del mundo".
Entre sus 50.000 tiendas, repartidas en plantas enteras donde se venden desde televisores hasta calcetines pasando por material de papelería y aparatos de gimnasia, hay 400 que en invierno hacen su agosto comercializando artículos navideños y del Año Nuevo chino. Una de ellas es Chuan Yi Gongli, que llega a facturar al mes 70.000 yuanes (unos 7.000 euros) vendiendo a 20 yuanes (2 euros) tigres de peluche y peces colgantes, el inevitable símbolo de la abundancia que preside cada hogar chino durante la Fiesta de la Primavera.
Guirnaldas de color rojo, farolillos y peces conforman los adornos del Año Nuevo Lunar"No hemos sentido la crisis porque toda la producción de nuestra fábrica, que tiene 30 trabajadores, va al mercado interno, salvo unas pequeñas exportaciones a Singapur, Malasia y a tiendas de chinos en el extranjero", explica la responsable del local, Zheng Lanzhen, confiando en que el tigre salvará a la economía mundial.
Guirnaldas de colores, farolillos rojos, pegatinas con la figura de un tigre sonriente que ha perdido toda su fiereza y pósters con los caracteres en mandarín del Feliz Año Nuevo. Por unos precios que oscilan entre los 5 maos y los 10 yuanes (entre 0,05 céntimos y 1 euro), ése es el genero que vende la tienda Fei Yue de Hong Changxin, cuya fábrica de 20 trabajadores recibe los pedidos en verano y factura al año unos 200.000 yuanes (20.000 euros). "Primero hago los adornos navideños y luego los de la Fiesta de la Primavera", aclara Hong Chang, para quien cualquier cambio de año, ya sea el occidental o el chino, es bueno para hacer negocio.