Día de difuntos en China

Publicado por el abr 5, 2017

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Mientras el orbe cristiano recuerda a sus difuntos el 1 de noviembre, los budistas chinos lo hacen a principios de abril en la denominada Fiesta de Qingming. Durante estos días, millones de personas acuden a los cementerios para adecentar las lápidas y hacer todo tipo de ofrendas a los muertos con el fin de que no les falte de nada en el más allá. Desde dinero de mentira que queman junto al incienso hasta cigarrillos, botellas de alcohol y coches o casitas de juguete, el materialismo chino que ha traído su auge económico se cuela incluso en el mundo de los espíritus.

El tributo al Emperador Amarillo en Huangling, en la provincia de Shaanxi, es el acto más importante de la Fiesta de Qingming, el Día de los Difuntos en China.

El tributo al Emperador Amarillo en Huangling, en la provincia de Shaanxi, es el acto más importante de la Fiesta de Qingming, el Día de los Difuntos en China.

De todos los actos festivos que se suceden durante las vacaciones de Qingming, el más importante es el que tuvo lugar este martes en honor del Emperador Amarillo en el pueblo de Huangling, a unas tres horas en coche de Xi´an, la ciudad de los famosos guerreros de terracota. Venerado como el ancestro mitológico del pueblo chino, la leyenda sitúa su reinado hace unos 5.000 años y está considerado el primer padre de esta nación con tan rico pasado.

La espectacular ceremonia del Emperador Amarillo recrea los trajes antiguos de las cortesanas y los soldados en China.

La espectacular ceremonia del Emperador Amarillo recrea los trajes antiguos de las cortesanas y los soldados en China.

Como jefe místico de una tribu del Río Amarillo, en lo que hoy es la provincia central de Shaanxi, el Emperador Amarillo Huang Di ya controlaba buena parte del vasto territorio chino en la prehistoria. Sus dominios se remontan a unos tres milenios antes de que el país fuera unificado en el año 221 antes de Cristo por el monarca Qin Shi Huang, cuya tumba guardan dichos guerreros de terracota.

En la Fiesta de Qingming, los chinos budistas queman incienso en los templos para honrar a los difuntos.

En la Fiesta de Qingming, los chinos budistas queman incienso en los templos para honrar a los difuntos.

Tras imponerse a sus rivales en 56 batallas, curiosamente las mismas etnias que hay en China, Huang Di introdujo la agricultura entre sus súbditos y, por este motivo, fue apodado el Emperador Amarillo, el color de la tierra. Además de implantar la medicina y acuñar monedas de bronce, la leyenda le atribuye un sinfín de inventos que van desde barcos y flechas hasta el calendario o una especie de fútbol primitivo.

Al son de un tambor y una campana, la ceremonia recuerda al ancestro mitológico del pueblo chino y pide por la unidad del país, incluyendo a la separada isla de Taiwán.

Al son de un tambor y una campana enormes, la ceremonia pide por la unidad del país, incluyendo a la separada isla de Taiwán.

Debido al respeto por los ancestros que impone la tradición confuciana, miles de personas peregrinan cada año hasta su tumba, en el monte Qiao de Huangling, para mostrarle sus respetos en el particular Día de los Difuntos chinos. En una colorista ceremonia en la que participan cientos de figurantes ataviados con antiguos trajes de soldados y cortesanas, importantes personalidades políticas del régimen hacen una ofrenda floral ante el mausoleo de Xuanyuan y piden por la unidad del país, incluyendo por supuesto la separada isla de Taiwán.

Ofrenda floral en honor del Emperador Amarillo Huang Di, ancestro mitológico del pueblo chino.

Ofrenda floral en honor del Emperador Amarillo Huang Di, ancestro mitológico del pueblo chino.

Al son que marcan el gigantesco tambor y la enorme campana que flanquean el mausoleo, el momento más espectacular tiene lugar cuando un globo con forma de dragón y más de 20 metros de largo se eleva sobre las cabezas de los presentes y luego asciende hasta perderse en el cielo. Así se simboliza la muerte de Huang Di, ya que, según cuenta la leyenda, un dragón amarillo bajó de las nubes cuando el jefe tribal tenía ya 110 años y, debido a todos los logros que alcanzó bajo su mandato y a la proliferación de la agricultura entre sus súbditos, se lo llevó para siempre al reino de los cielos como recompensa.

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Tras un biombo chino © DIARIO ABC, S.L. 2017

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