La cagona diplomacia española

Publicado por el jun 6, 2012

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Dos periodistas españoles y sin embargo amigos, Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, tienen que “emigrar” a la Embajada de México en Pekín para presentar un libro que han escrito, “La silenciosa conquista china”, sobre la expansión internacional del gigante asiático. Por ser el principal centro cultural en castellano de la capital china, el escenario lógico para dicho acto sería el Instituto Cervantes, pero la Embajada española no lo considera apropiado porque el libro no se va a publicar en este país, aunque sí está previsto que se edite en mandarín en Taiwán.

"La silenciosa conquista china", publicada por la Editorial Crítica de Planeta.

"La silenciosa conquista china", publicada por la Editorial Crítica de Planeta.

Esa es, al menos, la explicación oficial. Pero, según ha desvelado uno de sus autores, Heriberto Araújo, el propio embajador, Eugenio Bregolat, le dijo que no podía apoyar su libro “para no enfadar a los chinos”. La legación española no niega dichas palabras, pero se aferra a una supuesta conversación “off the record” que, a mi juicio, no se atiene a las normas del periodismo. Unas declaraciones “off the record” son aquéllas que alguien te hace no para que sean publicadas, sino para darte a entender algunas claves de una información o ayudarte en tus pesquisas a la hora de seguir indagando y buscando más fuentes. En este caso, lo que Bregolat hizo fue explicarle a Heriberto Araújo por qué la Embajada española no podía estar detrás de la presentación de su obra, que no es otra cosa que por miedo a las autoridades chinas porque el libro se muestra crítico con su expansión por todo el mundo.

La Embajada no puede esgrimir ahora el “off the record” porque Heriberto Araújo no estaba entrevistando a Bregolat, sino pidiéndole una sala en el Cervantes o en la propia legación para presentar “La silenciosa conquista china”. Se trata, por tanto, de una conversación sobre un asunto privado que, más allá de la discreción de cada uno, no puede regirse por las normas de la confidencialidad periodística. Es como si un político o un magnate al que estás entrevistando se acuerda de tu santa madre en el transcurso de la charla y luego te dice que es “off the record”.

Heriberto Araújo ha decidido desvelar dicha conversación porque las razones del embajador Bregolat retratan perfectamente a la diplomacia española. Una charla privada se ha convertido así en una noticia que ha sido recogida por los principales periódicos de España, como El País, El Mundo y ABC, por su indudable valor informativo, ya que se trata de un caso de censura ideológica, bastante estúpida por cierto.

¿Qué habría ocurrido si “La silenciosa conquista china” se hubiera presentado en el Cervantes o en la Embajada española? Como bien dice su otro autor, Juan Pablo Cardenal, “habríamos ido cuatro gatos”. Los amigos y la familia, como en los funerales, añado yo. ¿Habría dejado China de comprar nuestra deuda? ¿Expulsaría al día siguiente a nuestras empresas? ¿Nacionalizaría, como Argentina, las participaciones de Telefónica en China Unicom y del BBVA en el Grupo Citic? ¿Dejaría de ser España el mejor amigo de China en la Unión Europea? ¿Nos condenaría Pekín al ostracismo mundial con su derecho de veto en la ONU y al hundimiento aún mayor de nuestra economía, como si no nos bastáramos nosotros solitos para ello? ¿Nos declararía la guerra el Ejército Popular de Liberación? Aún peor, ¿echarían a Camacho como entrenador de la selección china de fútbol?

Sinceramente, no lo creo. Entiendo que, sobre todo en estos tiempos de crisis, la diplomacia española se ande con pies de plomo, pero una cosa es la realpolitik y otra el servilismo más humillante. Dejando a un lado las condescendientes opiniones del embajador Bregolat sobre la masacre de Tiananmen o sus alabanzas al régimen chino “por haber sacado a tanta gente de la pobreza en tan poco tiempo”, su veto resulta aún más escandaloso porque, según le dijo a Heriberto Araújo, ni siquiera se ha leído el libro. Al parecer, le basta con la opinión de sus subordinados y con la charla que el propio Araújo impartió durante dos horas a la cúpula de la Embajada y la Oficina Comercial para ilustrarles sobre sus investigaciones.

Mención aparte, pero breve, merece el delirante manifiesto anónimo que ha circulado estos días por internet reclamando la dimisión del embajador Bregolat, del que los propios autores del libro se han desvinculado totalmente. Con un lenguaje incendiario propio de panfleto universitario y el espíritu asambleario de los “indignados”, unos cuantos aburridos con más tiempo libre que nociones de sintaxis se han subido al carro de la polémica pidiendo la cabeza de Bregolat, con bastante poco éxito por cierto. Lo han firmado cuatro; una vez más, los amigos y la familia, como en los funerales. Para ser silenciosa, la conquista china de Cardenal y Araújo ha armado bastante ruido y, como suele ocurrir, su prohibición ha servido para darle más publicidad. Estoy deseando ver si, movidos por sus ánimos revolucionarios, sus anónimos seguidores aparecen con pancartas contra Bregolat durante la presentación del libro en la Embajada de México.

Habrá quien piense que, a pesar de su larga experiencia, el embajador español ha pecado de ingenuo porque, en lugar de hablar directamente con Heriberto Araújo, le habría sido mucho más fácil alegar, por escrito o a través de su secretaria, que su libro no reunía los requisitos o la calidad necesaria para ser presentado en el Cervantes. Pero eso es falso y tal argumento se cae por su propio peso.

Guste más o menos, “La silenciosa conquista china” supone la mayor investigación hasta la fecha de la expansión global de China. Así lo avalan los 25 países de África, Asia y Latinoamérica que durante dos años han recorrido Cardenal y Araújo para realizar 500 entrevistas en lugares tan dispares como la Venezuela de Chávez, el Irán de los ayatolás, el convulso Sudán o la hermética Birmania. Andando ya por su quinta edición en España, todo un mérito para una obra de estas características en un país tan dado a la lectura como el nuestro, será traducido a cinco idiomas. Entre ellos al inglés por la prestigiosa editorial Penguin y al francés por Flammarion. A pesar del hito que dicha obra supone para el reporterismo español, será presentada el jueves 7 de junio en la Embajada mexicana porque la diplomacia española ha vuelto a pecar, una vez más, de cagona. Y es lo mejor que se puede decir porque la otra opción que nos queda es mucho más triste: connivencia con el autoritario régimen chino, que censura todo aquello contrario a sus intereses.

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