Las islámicas “noches locas” de Kuala Lumpur

Publicado por el feb 28, 2010

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Sábado noche en Kuala Lumpur, la capital de Malasia. El pujante desarrollo y el poderío económico del segundo país más desarrollado del Sureste Asiático, con un PIB per cápita de 7.469 dólares (5.540 euros), lucen músculo en torno a las torres gemelas de la petrolera estatal Petronas, que fueron en su día el edificio más alto del mundo. En su interior, las boutiques de Louis Vuitton, Chanel, Tiffany´s, Dior y Armani atraen por igual a malayos, chinos e indios, siempre y cuando tengan el dinero suficiente para comprar sus carísimos artículos.

Pero, a diferencia de las mujeres chinas, que lucen sus esbeltas piernas gracias a diminutas minifaldas de vértigo, y las indias, ataviadas con saris de colores, las malayas musulmanas van tocadas con el pañuelo tradicional que les cubre la cabeza o totalmente ocultas bajo el “naqib”, una especie de burka que sólo les deja los ojos al descubierto.

Sin embargo, en el Skybar del Hotel Traders, que ofrece unas espectaculares vistas de las Petronas desde su terraza con piscina de la planta 33, una modelo baila sensualmente al ritmo de la percusión interpretada en directo y embutida en un ajustado vestido cuya minifalda acaba a la altura del cachete.

La terraza con piscina del Skybar en el Hotel Traders ofrece espectaculares vistas de las Torres Petronas

Entre la clientela que da buena cuenta de cócteles y botellas de champán Moët Chandon repantigada en los sofás en torno a la piscina, de nuevo adinerados hombres de negocios chinos y extranjeros con sus esculturales esposas, novias o amantes, que sólo se diferencian por la edad, pero no por la longitud de sus vestidos.

De noche, la piscina cumple una función meramente estética, pero el “brunch” del domingo saca a relucir los bikinis y los espigados cuerpos de las malasias de origen chino.

Mientras tanto, en el club Zouk, el local de moda entre los jóvenes situado a la omnipresente sombra de las Petronas, el alcohol corre como la espuma entre los extranjeros expatriados, chinos, indios y los malayos musulmanes a los que los porteros dejan entrar haciendo la vista gorda sobre su carné de identidad, donde indican que profesan el Islam y, por lo tanto, deberían tener prohibido entrar en un bar.

Es el caso de Liya, una bella guía turística de 24 años que, después de nueve chupitos de tequila y B-52 por supuesto siempre invitada por el enjambre de pretendientes que la rondan se sube en la barra para, meneándose a ritmo de “hip hop” aprendido en los vídeos de la MTV, provocar con sus bailes y con las larguísimas piernas que deja al desnudo su diminuto y ajustado vestido chino.

“Malasia es una nación musulmana que se encuentra en una encrucijada por el desarrollo y el progreso que trae la globalización. Por eso el Gobierno a veces tiene que hacer algo para recordarle a la gente las normas islámicas”, dice con una copa en la mano sin darle mucha importancia al asunto.

Pero ese “algo” incluye, entre otras cosas, el juicio por sodomía contra el líder opositor Anwar Ibrahim y los latigazos a mujeres que sean sorprendidas bebiendo alcohol o teniendo relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Otro de los reclamos más picantes de Kuala Lumpur son los bares de la calle P. Ramlee, donde trabajan las prostitutas venidas de Vietnam, Indonesia, Filipinas, Tailandia y hasta Ghana. Y, de vuelta al hotel, se repiten a cada paso las ofertas de tentadores masajes que, a tenor de la indumentaria de las masajistas, parecen de todo menos relajantes. Junto a ellas, los “ladyboys”, que se pasean alegremente por el centro de la ciudad a las puertas del local de travestis Funtheque, pasan al lado de los malayos que se pasean con sus segundas o terceras esposas permitidas por la poligamia, por supuesto enjauladas tras sus velos negros mientras el marido luce bermudas, camiseta de marca y gorra americana.

Así son las islámicas noches locas de KL.

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