3.000 millones de euros encuentran heredero

Publicado por el feb 3, 2010

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Los hermanos de Nina Wang celebran su victoria judicial. AP
Los hermanos de Nina Wang celebran su victoria judicial.
La multimillonaria Nina Wang junto a su vidente y amante, Tony Chan. REUTERS

Un “playboy” buscavidas metido a maestro de “feng shui”, una multimillonaria excéntrica famosa por sus coletas y sus gustos frugales y una fortuna valorada en 4.200 millones de dólares (3.010 millones de euros), pero que en realidad podría ser hasta tres veces mayor. Estos son los protagonistas del último “culebrón” judicial que ha mantenido en vilo a la opulenta ciudad de Hong Kong, donde se acaba de dictar sentencia en el juicio por la herencia de la millonaria Nina Wang, una de las mujeres más ricas de Asia según la revista “Forbes”.

A sus 69 años, la presidenta del potente grupo empresarial Chinachem, falleció en abril de 2007 de un cáncer. Atrás dejaba a su desconsolada familia y a Tony Chan, un maestro de feng shui 20 años más joven que ella que se había convertido en su adivino personal y con quien, además, mantenía una relación sentimental.

Al parecer, Tony, que antes de vidente había sido camarero, vendedor de maquinaría, técnico de marketing y hasta exportador de piezas informáticas, había encandilado a Nina Wang con sus cualidades más humanas que espirituales. Por ese motivo, a su muerte esgrimió un testamento supuestamente firmado por la millonaria el 16 de octubre de 2006 donde le dejaba como único heredero de su patrimonio.

El problema es que la familia de Nina Wang tenía otra última voluntad, fechada el 28 de julio de 2002, donde destinaba su herencia a la fundación benéfica de su empresa, que

ella había creado junto a su difunto marido, el magnate Teddy Wang. Curiosamente, la “Pequeña Dulce”, como era conocida la mujer por su parecido con un cómic japonés, también tuvo que pleitear por la fortuna de su esposo, ya que Teddy Wang fue secuestrado en 1990 y, a pesar de que se pagó un rescate de 33 millones de dólares (23,6 millones de euros), su cuerpo nunca fue hallado.

Nueve años después, fue oficialmente declarado muerto, pero Nina Wang, nacida en 1937 en Shanghai bajo el nombre Kung Yusum, tuvo que acudir a los tribunales para batallar por su herencia frente a su suegro, Wang Dinshin. Aunque el juez falló a favor de la viuda sólo dos años antes de su muerte, ya le había dado tiempo a multiplicar la fortuna de su difunto marido, pues convirtió a su empresa, Chinachem, en una de las inmobiliarias más potentes del mundo al construir 300 rascacielos durante los últimos años.

Igual de accidentada ha sido la herencia de Nina Wang, que un juez del Alto Tribunal de Hong Kong, Lam Man-hon, ha otorgado a sus familiares al considerar que el testamento de 2006 esgrimido por su amante era falso. “Su firma ha sido falsificada con mucha pericia, pero el tribunal no cree que la relación fuera tal que Nina estuviera preparada para donarle todo su patrimonio sin tener en cuenta sus otros compromisos y responsabilidades”, recoge el fallo judicial.

En un caso que ha enganchado a la opinión pública hongkonesa por mezclar sexo, dinero y “feng shui”, la popular filosofía oriental que estudia la disposición de los objetos para aprovechar su máxima energía natural, la sentencia aclara que “darle regalos a Tony Chan e incluso grandes sumas de dinero en vida de Nina cuando éste la hacía feliz es una cosa. Convertirle en el único heredero de toda su fortuna es otra muy diferente, ya que ella situó sus obligaciones caritativas por encima de Chan y habría querido que su relación secreta fuera enterrada con ella tras su muerte”.

Los hermanos de Nina Wang celebran su victoria judicial. AP
Los hermanos de Nina Wang celebran su victoria judicial. AP

Tras ver cómo las intimidades de la multimillonaria eran destapadas en el juicio, donde su amante llegó a decir que tenía dos de sus coletas y que hacían el amor incluso cuando su esposa estaba embarazada, la familia de Nina Wang aplaudió satisfecha la resolución judicial. “Hemos ganado. Hay justicia en el mundo”, se congratuló su hermano, Kung Yan-sum.

Mientras tanto, sus abogados aseguraron que Tony Chan estaba “decepcionado”, pero que recurriría la sentencia. A su frustración se suma ahora la posibilidad de que sea acusado de haber falsificado el testamento de Nina Wang, unos cargos por lo que, en caso de ser declarado culpable, puede ser condenado a 14 años de prisión.

Compuesto y sin herencia, el adivino necesitará algo más que el buen rollito del “feng shui”para superar que los 3.000 millones de euros de Nina Wang han encontrado, por fin, un heredero. Y no ha sido él.

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