Yengisar, el Albacete de China

Publicado por el Nov 23, 2009

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Al igual que le ocurre a Albacete en España, en China hay una ciudad famosa por sus cuchillos y navajas. Se trata de Yengisar, una pequeña localidad cercana a Kashgar que se ubica en la remota y convulsa región de Xinjiang, a más de 4.000 kilómetros al oeste de Pekín y fronteriza con Rusia, Mongolia, Pakistán, India y varias ex repúblicas soviéticas de Asia Central, como Kazajstán, Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán.

En este cruce de caminos entre Oriente y Occidente, por el que discurría la Ruta de la Seda, se ubica Xinjiang, una zona que ocupa tres veces la superficie de España y de donde es originaria la etnia uigur, que se distingue de los mayoritarios chinos “han” por su lengua emparentada con el turco y su religión musulmana. Precisamente, a esta influencia islámica se debe la tradición cuchillera de Yengisar, donde desde hace cuatro siglos se vienen fabricando a mano y de manera artesanal navajas y dagas de estilo árabe. En total, hay repartidos por toda la ciudad unos 5.000 maestros cuchilleros, cuyo gremio se agrupa, sobre todo, en la calle Mang Xinxiang.

Aquí, el oficio ha pasado de generación en generación como en el caso de Hyusuyim Uluog, ya que su padre, su abuelo y su bisabuelo también se ganaban la vida afilando hojas y modelando con finos adornos los puñales. “Cuando era un niño empecé a aprender el método de fabricación en este mismo lugar”, explica Hyusuyim Uluog, quien a sus 47 años sigue trabajando en la Fábrica de Cuchillos de Yengisar. “Ya he olvidado cuántas navajas he hecho en todo este tiempo, pero pueden ser unas 15.000”, asegura entre risas mientras da los últimos retoques a una típica daga de Xinjiang.

Dependiendo del color y del estilo, hay más de cien ti

pos de cuchillos a la venta en Yengisar, cuyas calles están plagadas de tiendas con letreros en forma de puñales y donde hasta las hojas de las navajas han sustituido a la media luna islámica en los tejados de las casas. “El puñal típico de Xinjiang se caracteriza por una empuñadura de plata que está cubierta de conchas de mar y tiene incrustaciones de bronce y dibujos grabados en la hoja, que termina en una punta que se eleva y puede llegar a medir unos 13 centímetros”, desgrana el artesano mientras afila un cuchillo con una rueda de piedra que mueve con el pie, y de la que saltan unas chispas ante las que ni se inmuta. “Por su parte, la daga de Mongolia es más pesada y dispone de una hoja más gruesa para cortar mejor la carne, mientras que los puñales árabes destacan por tener mucha fantasía tanto en la hoja como en la empuñadura”, continúa Hyusuyim Uluog bajo la atenta mirada del responsable de la fábrica, Abdukeyum Ablikim.

Fundado en 1956, este taller comenzó con nueve artesanos uigures y, aunque en 1972 recibió fondos estatales, nunca llegó a convertirse en una empresa pública. En 1998, la factoría pasó a estar participada por 49 socios, de los cuales 40 son maestros cuchilleros que trabajan en sus desvencijadas instalaciones. De hecho, cada uno tiene su puesto en la amplia y destartalada nave que, situada tras el patio en el que se ubica la tienda, sirve de taller. Cada mes, de aquí salen los 20.000 puñales más bellos de Yengisar, que, dependiendo de su complejidad y materiales, pueden estar terminados en cinco horas o en una semana. “Hay una gran diferencia entre los cuchillos elaborados a mano y los que proceden de las fábricas, ya que los primeros están hechos a medida y pueden llegar a costar hasta 50.000 yuanes (5.000 euros)”, señala Abdukeyum Ablikim, quien matiza que “el puñal más popular cuesta 4.000 yuanes (400 euros) y tiene una empuñadura de conchas y una hoja de acero negro muy afilada”.

A pesar de estos precios tan altos, la empresa atraviesa un mal momento porque, con motivo de la revuelta uigur que se cobró casi 200 muertos a principios de julio en Urumqi, la seguridad ha aumentado al mismo ritmo que se desplomaba el turismo.

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