Perros tras el rastro del tigre en Camboya

Publicado por el Nov 16, 2009

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El fino olfato de Maggie, una perra pointer alemana, puede salvar a los tigres de Camboya de la extinción. El alarmante descenso del número de este tipo de felinos, de los cuales sólo quedan 5.000 de los 100.000 que poblaban toda Asia hace un siglo, ha obligado a las asociaciones conservacionistas a emplear los métodos más sorprendentes para localizar a los animales en peligro de desaparición.

El último de ellos consiste en utilizar canes de la raza pointer como Maggie, famosos por sus dotes para el rastreo de las presas en las cacerías. Pero, por su propio bien, la perrita no irá ladrando detrás de ningún tigre, sino que se dedicará a olfatear el terreno en busca de sus excrementos para poder determinar su ubicación.
Para empezar, Maggie rastreará los 3.000 kilómetros cuadrados del Área de Conservación de la Biodiversidad de Seima, una de las mayores reservas naturales enclavada al noreste de Camboya. El año pasado, ni las cámaras instaladas en el parque ni las búsquedas sobre el terreno dieron con ningún tigre, por lo que se ha recurrido a los pointer ante el temor de que hayan desaparecido para siempre. No en vano, la última vez que se tuvo constancia de la permanencia de los tigres en dicha reserva fue en 2007, cuando se encontraron las huellas de unas zarpas.
“Este es el mejor método cuando tenemos una gran extensión de terreno y no demasiados tigres”, explicó a la agencia AP Hannah O´Kelly, una experta de la Sociedad para la Conservación de la Vida Salvaje (Wildlife Conservation Society o WCS en sus siglas en inglés). Fundada en 1895, esta asociación es una de las más importantes instituciones ecologistas de Estados Unidos, donde gestiona el acuario de Nueva York y los zoológicos del Bronx, Queens, Central Park y Prospect Park.

Junto con la ONG Pantera, dedicada a la protección de los felinos, la Sociedad se gastará más de 23.000 euros en desplazar a Camboya a Maggie y un segundo perro procedente de Rusia que llegará a finales de este año.
Esta iniciativa forma parte de un gran proyecto iniciado en 2006, presupuestado en casi 8 millones de euros con una duración de diez años, que se denomina “Tigres para siempre”. El plan persigue aumentar en un 50 por ciento el número de tigres asiáticos en Camboya, China, India, Indonesia, Laos, Tailandia y el este de la Siberia rusa.
De hecho, en esa vasta región fue el primer lugar del mundo donde los pointer empezaron a rastrear los excrementos de los tigres siberianos. Hasta el momento, seis canes han sido entrenados por la bióloga Linda Kerley, que participa en el proyecto, en la Reserva Natural de Lazovsky, en Rusia.
“No queremos perros que cacen a los tigres, sino que olfateen sus rastros”, indicó Kerley, quien matizó que los mejores animales para esta tarea son los cazadores y los pastores de ovejas. El motivo es que dichas razas pueden detectar fácilmente el olor a almizcle que desprenden los excrementos de los felinos, que sirven también como una señal a otras especies para marcar su territorio.
Según un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF en sus siglas en inglés), apenas quedan en todo el mundo algo menos de 7.000 tigres en libertad y unos 9.000 en cautividad, sobre todo en EE.UU. y China. En 1993, cuando sólo quedaban una decena de ejemplares en este país, Pekín puso en marcha un eficaz programa de cría en cautiverio e inseminación artificial que ha disparado la población hasta los 4.000 felinos.
A pesar de este éxito, sólo sobreviven cinco subespecies del tigre asiático. Entre ellos, destacan el de Bengala, localizado en la India, Bangladesh, China, Bhután, Myanmar (antigua Birmania) y Nepal; y el siberiano, oriundo de Rusia, China y Corea del Norte.
Además, en Indonesia persiste el tigre de Sumatra y en el Sureste Asiático lo hace el indochino, mientras que el de Amoy podría haber desaparecido ya del sur de China, como ocurrió hace tiempo con el tigre del Caspio, el de Java y el de Bali.

Desde que se empezara a utilizar a los perros para localizar a los tigres siberianos en el este de Rusia, este método ha sido empleado en otros países con distintas especies. Así, en Latinoamérica se recurre a los canes para buscar jaguares y en África hacen lo propio con los leopardos, ya que su fino olfato les permite seguirles la pista rastreando sus excrementos.
En el caso de especies protegidas o en peligro de extinción como los tigres asiáticos, amenazados por los cazadores y por la reducción de su hábitat natural, los restos biológicos de los animales son una valiosa pista no sólo para encontrarlos, sino también una importante fuente de información genética que puede llegar a salvarlos.
Además, en el Parque Nacional de Taman Negara, en Malasia, se estudiaron los excrementos de los elefantes para calcular su población, lo que indica que un método tan prosaico también puede ser muy efectivo.

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