Publicado por Pablo M. DÃez el dic 10, 2008
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Shokia se lleva la mano al corazón para saludar al estilo musulmán en señal de respeto. Junto a sus padres, tÃos y primos, este niño afgano vive en un inmundo cuartucho de un edificio en ruinas de Kabul donde sólo unos plásticos malolientes los aÃslan del fango y la humedad. La última vez que su padre, Abdul (al fondo), trabajó le pagaron un mÃsero euro por pasarse el dÃa colocando ladrillos en la reconstrucción de una casa. Asà de dura es la vida de los refugiados que vuelven a Afganistán.
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Tras un biombo chino © DIARIO ABC, S.L. 2008