Shichahai, la escuela de los campeones chinos

Publicado por el Sep 30, 2008

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Una niña que no levanta más de un metro del suelo avanza a toda velocidad por la pista del gimnasio, salta sobre un muelle elástico, da un par de volteretas en el aire y cae estrepitosamente sobre una alfombra de almohadas de gomaespuma. Unos metros más allá, unas compañeras de su misma edad, que tienen entre 6 y 8 años, caminan de puntillas sobre la barra fija mientras otras se afanan retorciéndose como si sus cuerpos fueran de goma y estirando sus todavía diminutas piernas. A su lado, cuatro pequeñas apoyan la cabeza sobre una barra y los pies en otra y así se pasan varios minutos para que su cuerpo permanezca suspendido en el aire totalmente recto y sin temblores.

Al fondo de la sala, plagada de aparatos de gimnasia y colchonetas y presidida por una gran bandera de China, un grupo de niños, vestidos sólo con un bañador y con el torso desnudo, esperan en fila su turno para balancearse en las barras paralelas y el potro. En el tartán, situado en el centro de la estancia, otros practican la disciplina del suelo saltando en el aire y clavando sus finos tobillos sobre el piso.

Bienvenidos a la escuela de deportes de Shichahai, la cantera de la que ha salido buena parte de los atletas chinos que ya copan el medallero mundial tras arrasar en los Juegos Olímpicos de Pekín. La progresión deportiva del gigante asiático es sólo comparable a su extraordinario crecimiento económico, ya que China, que estuvo cerrada al mundo durante la época comunista de Mao Zedong, no obtuvo su primera medalla olímpica hasta Los Ángeles 84.
Dos décadas después de los 32 metales cosechados en aquella cita, los deportistas chinos amenazaron la hegemonía de Estados Unidos en Atenas, donde quedaron segundos tras ganar 32 oros. Pero ha sido en su propia casa donde han terminado de eclosionar. En Pekín 2008, China se ha colgado 51 medallas doradas, 15 más de las 36 alcanzadas por los americanos, que sin embargo se han llevado un total de 110 metales por los 100 de los asiáticos.

Cuatro de estos atletas, laureados en taekwondo, boxeo y esgrima, habían estudiado de niños en la escuela de Shichahai, que, desde 1983, ha dado al país una treintena de campeones olímpicos y del mundo. Entre ellos destacan estrellas de la gimnasia como Zhang Nan, que ganó los últimos Campeonatos del Mundo celebrados hace dos años en Dinamarca en la modalidad de equipos femeninos, o del ping-pong como Zhang Yining, oro en individuales y dobles en los Juegos de Atenas 2004.
Fundada en 1958 junto al hoy turístico lago de Houhai, la escuela de Shichahai ha formado a más de 3.000 deportistas y, en la actualidad, entrena a unos 600 alumnos, de los cuales 400 son niños pequeños que han sido seleccionados en sus respectivos colegios como los mejores de su clase. El resto, que no está becado, debe pagar unos 30.000 yuanes al año (unos 3.000 euros) para cumplir algún día su sueño de subir a un podio.

Con este propósito, la escuela de Shichahai impone una durísima rutina a niños con edades comprendidas entre los 6 y los 10 años. Una de estas alumnas es Wang Yanru, que tiene 8 años pero entrena desde los 5. Sus padres, que representan a los nuevos empresarios que han surgido al amparo del crecimiento chino, se han empeñado en que sea algún día una figura de la gimnasia, por lo que Wang Yanru debe entrenar cada jornada cinco horas después de sus clases en el colegio.
Mis padres quieren que gane una medalla de oro en los Juegos Olímpicos, explica a ABC, rodeada por niñas mucho más pequeñas que ella, tras haber sido escogida por su entrenador, quien previamente había dicho que sólo entrenaba dos horas cada día.

Una mentira que demuestra el temor de los preparadores chinos por las frecuentes críticas occidentales a sus durísimos y alienantes métodos de trabajo, que convierten a los atletas en meras máquinas al servicio de la gloria deportiva para el Estado. Los entrenamientos son muy sacrificados en todos los países, incluido Estados Unidos, pero la diferencia es que en Occidente los niños van a los gimnasios después de sus clases en el colegio y aquí están unidas la formación académica y la deportiva, se justifica la vicerrectora del centro, Shi Fenghua.
Algunos padres han acabado renunciando porque las sesiones son muy duras, pero lo realmente brutal del deporte es no alcanzar tu sueño de estar en la elite, explica uno de los nueve entrenadores de gimnasia, Wang Zhijian, que ocupa el puesto que le corresponderá a todos aquéllos que no puedan ser campeones, sino sólo profesores de deporte.

Por su parte, los mejores alumnos de Shichahai, entre los que figuran los niños que juegan repetitivamente al ping-pong moviéndose a velocidad de vértigo, podrán seguir formándose en alguno de los 221 centros de alto rendimiento que existen en China. Ese será el trampolín desde el cual intentarán saltar a la gloria deportiva, dejando atrás muchas horas de duros entrenamientos y sueños tan rotos como sus huesos.

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Tras un biombo chino © DIARIO ABC, S.L. 2008

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