Prohibido reírse en Birmania

Publicado por el May 28, 2008

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Un birmano que tiene caries decide ir a Tailandia para ver a un dentista. Cuando el médico comprueba de lo que se trata, le pregunta sorprendido: ¿Por qué ha venido desde tan lejos para un problema tan sencillo? ¿Es que en su país no hay dentistas? Sí que los hay, le responde el birmano, pero allí el Gobierno no nos deja abrir la boca.
Chistes como éste le han costado más de seis años en la cárcel a Par Par Lay, uno de los componentes de Los Hermanos del Bigote (Moustache Brothers), la troupé de cómicos más famosos de Birmania y también la más perseguida por la Junta militar que dirige esta paupérrima y aislada nación del Sureste Asiático con puño de hierro y, por cierto, con muy poco sentido del humor.

Par Par Lay, a la izquierda, y su hermano, Lu Maw, durante la representación en su casa-taller de Mandalay

Con más de treinta años de experiencia en el mundo de la farándula y tres generaciones de cómicos en su familia, Par Par Lay, su hermano Lu Maw y su primo Lu Zaw, los tres miembros principales del conjunto, empezaron a tener problemas con el régimen que pilota el general Than Shwe en 1996. El 4 de junio de ese año, y para celebrar el Día de la Independencia, actuamos en Yangón (Rangún) ante más de 2.000 personas, entre ellas la líder opositora Aung San Suu Kyi, que en ese momento no estaba bajo arresto domiciliario, explica a ABC Lu Maw, quien señala que Par Par Lay ya pasó seis meses entre rejas en 1990 después de que los militares anularan las elecciones.

El primo Lu Zaw, otro de los Hermanos del Bigote, en pleno número

Pero, tras la representación ante la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, todo un símbolo de la lucha por la democracia en Birmania, al humorista no le esperaban seis meses en prisión, sino siete años. Condenado por el genérico y vago delito de subversión contra el Estado, Par Par Lay fue enviado a un campo de trabajos forzados en el remoto estado de Kachin, al norte del país.
Picando piedra de sol a sol con grilletes en los tobillos, sometido a las más brutales torturas, expuesto a enfermedades como la malaria y subsistiendo a base de bazofia y agua turbia, los militares creían que la sentencia le iba a servir al humorista para tomarse las cosas un poco más en serio. Pero ni las vejaciones ni las muertes de otros presos consiguieron arrebatarle la sonrisa a Par Par Lay, que seguía actuando ante sus compañeros para hacerles más pasajera la estancia en aquel infierno, relata Lu Maw en la casa donde vive la familia en Mandalay.
Ubicada en los números 80-81 de la calle 39, dicha vivienda es también el escenario en que cada noche actúan para un reducido grupo de turistas extranjeros. Aunque el Gobierno vetó a los Hemanos del Bigote para el público birmano y prohibió que fueran contratados para amenizar bodas, cumpleaños y banquetes por todo el país, sí les permite que sigan representando sus números en inglés para los extranjeros.

Lu Maw y su esposa interpretan uno de los “gags” en los que participa toda la familia

Así lo hicieron durante el tiempo que Par Par Lay estuvo en el campo de trabajos forzados, del que fue liberado en julio de 2001 a los cinco años y siete meses, y así lo continúan haciendo cada día a partir de las ocho y media de la tarde. Su actuación, en la que también participan otros miembros de la familia como las hermanas y esposas de los cómicos, se basa en el a-nyeint, una forma de teatro tradicional birmano que combina el vodevil, la sátira, la danza y la música con escenas de humor sacadas de la vida cotidiana.
Los mosquitos de aquí sólo pican a los turistas, y no a los birmanos, porque tienen miedo de infectarse de sida, dice entre las risas del público Lu Maw, quien a continuación dispara otra carga de profundidad. En China se copia todo por tres dólares: DVD, ropa, relojes, misiles para vendérselos a Venezuela y a la Junta militar birmana… Yo hasta tengo una esposa Made in China por tres dólares.
Aunque los Hermanos del Bigote repasan con sus números la actualidad birmana, desde la inflación galopante hasta los constantes apagones, el blanco preferido de sus críticas es la Junta militar. Aferrado a su viejo micrófono, el incombustible Lu Maw, de 58 años, cuenta que en sus sueños el general Than Shwe muere de SIDA y se convierte en un gran pez que surca el Océano Índico. Cuando se produce el tsunami y la ola gigante se dirige a Birmania, éste la detiene y le dice: ¿A dónde vas? Llegas tarde; ahí ya lo he arrasado yo todo.

Par Par Lay se ríe de la corrupción del régimen de los generales

En este país, plagado de chivatos y policías de paisano a los que los cómicos llaman la KGB de Birmania, tales bromas serían motivo de una nueva condena. Pero lo que salvó a los Hermanos del Bigote fue que, en 1996, aparecieron en la guía de viajes Lonely Planet y, desde entonces, se han convertido en celebridades internacionales. De hecho, el caso de Par Par Lay aparece mencionado en la película Un niño grande (About a boy), protagonizada por Hugh Grant, y la esposa de Lu Maw incluso ilustra la portada de la edición italiana en la guía birmana de Lonely Planet.
Sin embargo, ni siquiera la fama ha conseguido librarlos del acoso del régimen, que el 25 de septiembre del año pasado volvió a apresar a Par Par Lay por unirse a las manifestaciones lideradas por los monjes budistas durante la Revuelta Azafrán. Estuve dos semanas entre rejas, pero no tengo miedo y seguiré con mis chistes sin perder el sentido del humor, se enorgullece el cómico, de 60 años, junto la silla que ocupó Aung San Suu Kyi cuando vino a Mandalay para asistir a su actuación el 27 de junio de 2002.
Durante la última vez que estuvo en libertad, la Dama, como se la conoce popularmente en Birmania, aprovechó para olvidarse de los graves problemas que sufre su país y reirse un rato, un delito muy serio en la Birmania de los generales.

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