Publicado por Pablo M. DÃez el abr 13, 2008
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En la ciudad india de Dharamsala, residencia del Dalai Lama y sede del Gobierno tibetano en el exilio, tienen lugar cada dÃa multitudinarias vigilias por las vÃctimas de la represión china tras la revuelta en Lhasa.

Cientos de monjes budistas, refugiados y turistas comprometidos con la causa tibetana, que incluso ondean la simbólica bandera nacional con el sol, la montaña y los dos leones de nieve, desfilan por las calles de McLeod Ganj, la antigua estación de montaña levantada por los británicos durante la época colonia a cuatro kilómetros de Dharamsala y a la sombra del imponente Himalaya.

Los tibetanos son conscientes de que, gracias al escaparate mundial que suponen los Juegos OlÃmpicos de PekÃn, ésta supone su oportunidad para dar a conocer al mundo sus reivindicaciones y presionar al régimen comunista chino para negociar sobre esta región del Himalaya. Tradicionalmente, el TÃbet ha formado parte del imperio chino cada vez que sus dinastÃas eran lo bastante fuertes como para controlarlo, pero lucha por su independencia desde la ocupación de las tropas chinas en 1950 y su anexión oficial un año después.

Varios monjes budistas encienden velas en honor de los tibetanos que han fallecido en las protestas contra China y en la posterior represión, que se presume atroz porque el régimen comunista de PekÃn ha cerrado a cal y canto una zona que es el doble de España para que ni la Prensa internacional ni los diplomáticos acreditados en el paÃs puedan tener conocimiento de lo que ocurre.

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Tras un biombo chino © DIARIO ABC, S.L. 2008