Publicado por Pablo M. DÃez el abr 7, 2008
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Durante estos dÃas se están celebrando en Nueva Delhi unas jornadas de oración por la independencia del Tïbet. El lugar no es casual porque la máxima figura polÃtica y religiosa del budismo tibetano, el Dalai Lama, está exiliado en la ciudad india de Dharamsala desde que huyó de China en 1959 y en este paÃs residen buena parte de los refugiados que han escapado de la ocupación del régimen comunista.

Como suele ocurrir en Nueva Delhi cada vez que hay una protesta ciudadana, los manifestantes han sido ubicados por las autoridades en la calle Jamtar Mantar, que por su cercanÃa con el Parlamento se ha convertido en una especie de manifestódromo en el que se dan cita desde los refugiados tibetanos hasta los trabajadores del Estado de Bihar que vienen a la capital para denunciar sus duras condiciones laborales.

Entre los asistentes a la concentración hay veteranos como como Pema Thinley, que escapó del Tibet con su familia tras la rebelión fallida de 1959 y anduvo por las montañas seis meses, hasta jóvenes como Tashi Norbu, que ahora tiene 26 años y a quien su padre trajo de niño a la India para que no se criara bajo la dominación de PekÃn.

Junto a ellos también figuran miembros del Parlamento en el exilio como Tempa Tsering y Youdon Aukatsnag, una de sus diez diputadas, quienes denuncian, además de la represión china y la violación de los derechos humanos en la región del Himalaya, que los tibetanos que viven en la India se encuentran tan indefensos que carecen de pasaporte y tienen muy difÃcil viajar a otros paÃses.

La protesta tiene lugar a ritmo de mantras y sutras que los monjes, con sus voces guturales, van entonando bajo una tienda de campaña profusamente decorada con fotografÃas de la sangrienta represión china, en las que no faltan jóvenes torturados o que han caÃdo bajo las balas del Ejército Popular de Liberación.

Además de la oración, tiene lugar una representación donde se adapta la leyenda de los tres monos incapacitados para denunciar la actitud de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que no dice nada sobre la represión china; del presidente Hu Jintao, que no escucha las manifestaciones ciudadanas contra los Juegos OlÃmpicos, y de la comunidad internacional, cuyos Gobiernos permanecen ciegos ante los abusos en el Tïbet mientras sus ciudadanos toman las calles.

Al grito de “¡TÃbet libre!”, “¡Larga vida al Dalai Lama!”, “¡TÃbet nunca será parte de China!”, “¡Hu Jintao, asesino, carnicero y mentiroso!” y “¿Dónde está la ONU?”, los monjes budistas protestan en el manifestódromo de Jamtar Mantar portando banderas tibetanas y retratos del Dalai Lama.

Su objetivo es que China se avenga a dialogar con el Dalai Lama para que el régimen comunista conceda una autonomÃa real al TÃbet y respete su cultura. Y saben que todo el mundo estará mirando a PekÃn durante los Juegos OlÃmpicos de este verano, por lo que no cesarán en sus protestas porque, si no consiguen algo en esta ocasión, su causa estará perdida para siempre.

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Tras un biombo chino © DIARIO ABC, S.L. 2008