Prohibido escupir en Pekín

Publicado por el Jan 4, 2008

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El Gobierno chino lo va a tener más difícil que Michael Caine en aquella famosa película, Educando a Rita, para enseñar buenos modales a sus ciudadanos. A ocho meses de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, la espontaneidad, la ingenuidad, la falta de decoro y, en muchas ocasiones, la rudeza amenazan con arruinar el evento con el que el régimen comunista pretende legitimarse ante el mundo y despiertan el mayor temor de los chinos: el miedo a perder la cara. Para evitar quedar mal ante el medio millón de turistas extranjeros que aterrizarán en Pekín durante las Olimpiadas y, sobre todo, ante los 20.000 periodistas internacionales dispuestos a escrutarlo todo con su lupa profesional , el Ayuntamiento de Pekín lleva ya un par de años lanzando campañas para mejorar el civismo de sus ciudadanos.

El primer objetivo de esta iniciativa consiste en erradicar el hábito de los chinos de escupir ruidosamente, una costumbre campesina muy extendida en un país donde el 60 por ciento de la población (800 de sus 1.300 millones de habitantes) vive en el mundo rural en unas condiciones bastante precarias donde la etiqueta es, seguramente, la última de sus preocupaciones. Durante la época de Mao se consagró este hábito milenario, que para los extranjeros es profundamente desagradable pero para los chinos, con la mente siempre puesta en el yin y el yang, consiste sólo en un medio para expulsar del cuerpo la saliva dañina, que además se forma con mucha rapidez por la tremenda contaminación que sufre Pekín. Durante las pasadas vacaciones del Día del Trabajo, el Gobierno repartió 10.000 bolsas de papel entre los turistas chinos que visitaban la ciudad con el fin de que depositaran sus esputos en ellas. Y, para aquéllos que se resisten a dejar de plantar sus escupitajos en el suelo, hay furgonetas de la Policía con cámaras de v

ídeo que recorren el centro de Pekín grabando y vigilando el comportamiento de los viandantes. Así, si un peatón es sorprendiendo escupiendo en la acera, un policía lo detendrá, le enseñará la grabación y lo multará con una sanción de 50 yuanes (5 euros), que fue lo que tuvieron que pagar los 50 infractores cazados durante un fin de semana festivo de mayo.

Otro de los caballos de batalla del Gobierno son las colas, que los chinos se saltan a la torera entrando en los vagones del metro o los ascensores antes de que salgan sus ocupantes. En un país que funciona a golpe de decreto bajo un régimen autoritario, el Ayuntamiento de Pekín ha elegido el 11 de cada mes como el día de la cola para concienciar a los habitantes de la capital de que deben esperar ordenadamente en línea a tomar el autobús o a cruzar por los pasos de cebra. Lo malo es que los conductores tampoco suelen respetar demasiadas normas de circulación, por lo que se han editado 2,8 millones de panfletos para mejorar su comportamiento. Así, a los taxistas, que son la imagen de cualquier ciudad para los visitantes, no sólo se les recuerda que no deben saltarse los semáforos en rojo, sino que han de tener una imagen aseada y un vehículo limpio, que no deben fumar ni hablar por el móvil mientras conducen y que han de cepillarse los dientes después de comer ajo. Y es que, especialmente en invierno, el olor de los taxis pequineses, donde duermen muchos de sus conductores, es capaz de tumbar a la pituitaria más insensible.

En verano, el problema será, en cambio, el calor, que lleva a muchos chinos a arremangarse la camiseta hasta las axilas dejando al descubierto sus bartolillas sin el menor pudor mientras hablan a gritos por el móvil. Para que una estampa tan poco atractiva no sea la imagen de los Juegos Olímpicos, ya ha empezado la cuenta atrás por los buenos modales en Pekín.

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Tras un biombo chino © DIARIO ABC, S.L. 2008

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