¿Guardan los guerreros de terracota de Xi´an una pirámide?

Publicado por el Sep 11, 2007

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Los guerreros de terracota de Xi´an son uno de los monumentos más conocidos de China y, al mismo tiempo, uno de sus mayores misterios. Aunque estos 7.000 soldados de arcilla, modelados a escala real y cada uno con rasgos fisonómicos distintos, ya constituyen un tesoro arqueológico por sí mismos, se supone que son sólo una pequeña parte de un hallazgo mucho mayor: el espectacular mausoleo de Qin Shi Huang, el primer emperador que unificó China en el año 221 antes de Cristo y ordenó erigir los tramos más antiguos de la Gran Muralla.

Y es que la misión de los guerreros consistiría en proteger al monarca, quien subió al trono con 13 años, acabó con dos siglos de guerras internas, impuso una moneda y un idioma común y se hizo enterrar en un fabuloso túmulo subterráneo. Según cuentan las crónicas de la época, por su tumba corrían ríos de mercurio y estaba cubierta por una bóveda plagada de gemas y perlas que representaban al Sol, los planetas y las estrellas.
Mito o realidad, la verdad sobre este enigmático mausoleo está un poco más cerca de conocerse gracias al reciente descubrimiento de los arqueólogos que investigan el recinto. Tras cinco años de estudios, los expertos acaban de hallar una misteriosa construcción de 30 metros de altura sepultada bajo una colina piramidal de 51 metros que se levanta justo sobre lo que podría ser la tumba de Qin Shi Huang.

Tal y como explicó a la agencia estatal Xinhua uno de los miembros del Instituto de Arqueología de Shaanxi, Duan Qingbo, dicha cámara tiene cuatro muros con forma de escaleras de nueve peldaños, lo que podría haber servido para que el alma del emperador iniciara su viaje al más allá.
Para encontrar este recinto, los investigadores han utilizado radares y tecnología sensorial remota, pues el Gobierno chino prohibió hace años las excavaciones para evitar que los restos se deterioren una vez sacados a la superficie. En este sentido, la conservación del mausoleo del primer emperador de China se ha convertido en una prioridad para el régimen comunista, sobre todo tras desvelarse hace dos años que los guerreros de terracota se estaban desmoronando y perdiendo sus colores debido a la contaminación del aire.

Como consecuencia, el mausoleo de Qin Shi Huang (259-210 a.C). permanece aún oculto en el condado de Lintong, a 35 kilómetros de Xi´an y situado entre el monte Lishan y el río Weihe. De momento, lo único que se ha desenterrado son un millar de los más de 7.000 soldados de terracota encargados de custodiarlo, descubiertos por casualidad en 1974 cuando unos campesinos excavaban un pozo.
A tenor de los estudios realizados hasta la fecha, se calcula que dicho templo funerario, que alberga 400 fosas con carrozas y caballos de bronce y figuras de animales, podría ser mayor que las Pirámides de Egipto, pues yace enterrado bajo un frondoso montículo cuya base mide 350 metros y que tiene 51 metros de altura.

En su interior, el palacio fúnebre del fundador de la Dinastía Qin (221-206 a.C.) se halla a una profundidad de 30 metros y mide 80 metros de este a oeste y 50 de norte a sur, con una altura del techo estimada en 15 metros.
Tal y como detalló el arqueólogo Duan Qingbo, dicha estructura guarda muchas similitudes con el mausoleo de Halicarnaso, una de las siete maravillas de la Antigüedad y que se levantaba con forma de pirámide en la Grecia clásica, en lo que hoy es el suroeste de Turquía.
La conexión con dicho monumento, que databa del año 350 a.C, probaría las tempranas relaciones de los antiguos reinos chinos con los pueblos occidentales, muy anteriores a lo que hasta ahora se pensaba. Una teoría avalada, además, por el hallazgo el año pasado de los restos del primer extranjero que recaló en el gigante asiático. Se trataría de un esclavo que habría trabajado en la construcción del mausoleo de Qin Shi Huang y que, según las pruebas de AND realizadas, podría pertenecer a la etnia parsi de la India, a los kurdos de Turkmenistán o a los persas de Irán.

No en vano, más de 700.000 trabajadores, la mayoría esclavos y reos, participaron durante 32 años en esta tumba que, al igual que las pirámides de las faraones egipcios, estaba plagada de trampas y en la que también se enterró a aquellos ingenieros que conocían sus secretos. Por ese motivo, muchos se preguntan ahora si los guerreros de terracota no estarán custodiando una pirámide en la que descansaría el primer emperador de China.

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