El auténtico “perrito caliente” viene de Asia

Publicado por el ago 28, 2007

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Aunque los americanos se enorgullecen de tener al hot dog entre una de las delicias de su gastronomía nacional, dominada por las hamburguesas y el fast food, el auténtico perrito caliente no viene de Estados Unidos, sino de Asia. Al menos, así ocurre, literalmente, en países como las dos Coreas, Vietnam, China, Laos, Camboya, Tailandia o Myanmar (antigua Birmania), donde el mejor amigo del hombre suele estar incluido en los menús de algunos restaurantes junto al cerdo agridulce, la ternera con bambú o el pollo con arroz. Aunque resulte escandaloso en Occidente, donde los perros y los gatos son animales de compañía que se convierten en un miembro más de la familia, su consumo es generalizado en numerosos lugares del Lejano Oriente por sus supuestas cualidades nutritivas y hasta afrodisíacas.
Así ocurre en Vietnam, donde los canes son tan apreciados como las serpientes. Por eso, su carne (thit chó) se puede encontrar fácilmente a escasos metros de la antigua cárcel de la capital, convertida hoy en museo y conocida como el Hilton de Hanoi entre los prisioneros americanos que fueron recluidos allí durante la guerra.

En un mercado levantado en medio de estrechos y oscuros callejones, y junto a todo tipo de verduras y hortalizas, sobresalen de los puestos ambulantes los cuerpos asados de los perros. Con su piel, por supuesto sin pelo, quemada por un soplete, los animales se quedan rígidos sobre los estantes y algunos de ellos hasta pueden sostenerse sobre sus patas.
Como si fueran un cochinillo asado de Segovia, su lomo está duro y la corteza de su piel resulta crujiente pero, a diferencia de este manjar de la cocina castellana, el perro adquiere una expresión, como mínimo, desagradable. Muchos de ellos, de una pieza y con el rabo enhiesto, siguen conservando sus irregulares dientes y colmillos, que permanecen apretados y dan la impresión de que el animal está gruñendo o de que ha sufrido mucho al ser sacrificado y, luego, cocinado.
A la vista de semejante panorama, y de las cabezas, patas y lomos abiertos que dejan al aire libre los huesos del perro, resulta difícil dejarse convencer por un vietnamita para probar este plato, por muy bueno y nutritivo que sea.

Y es que me resultó más fácil comer perro en los alrededores de Chongqing, una megalópolis de 30 millones de habitantes enclavada en el sur de China a orillas del río Yangtsé. Gracias a que los animales no estaban visibles y a que la carne había sido troceada y jugosamente aderezada con una salsa, lo cierto es que el plato más bien parecía ternera tanto por su aspecto como por su sabor.
Aunque en Asia cada cual le encuentra un gusto distinto a los canes, desde los que opinan que es como comer cordero hasta quienes lo ven más próximo al pollo, quien mejor definió la carne de perro fue un norcoreano en uno de los restaurantes estatales de la calle Changgwang, en el centro de Pyongyang. Simplemente sabe a perro, dijo encogiéndose de hombros y disponiéndose a saborear su sopa de can, también conocida como carne dulce.
Tanto en Corea del Norte como Corea del Sur el mejor amigo del hombre es una delicia que, en ocasiones, ha ocasionado más de un conflicto internacional. Sin ir más lejos, el Gobierno surcoreano prohibió su consumo durante los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, con el consiguiente enfado de muchos de sus habitantes.
A raíz de la controversia causada por el mismo asunto durante el Mundial de fútbol de Corea del Sur y Japón en 2002, cuando Brigitte Bardot criticó duramente dicho hábito, el reputado nutricionista An Yong-kun, más conocido como el Doctor Carne de Perro, contraatacó denunciando que los franceses habían comido este animal durante la Guerra Franco-Prusiana y que en su país había establecimientos donde se vendía carne de caballo.

Mientras en Corea del Sur funcionan 6.000 restaurantes que sirven perro a un precio de 150 euros por ejemplar, en la provincia china de Guangdong se cocinan canes, gatos, civetas y hasta ratas. De hecho, más de un comerciante avispado ha hecho su agosto este verano cuando una plaga de millones de roedores invadió los cultivos de la provincia de Hunan y muchos de estos animales cazados acabaron en las cazuelas cantonesas.
Con respecto a los perros, la última novedad consiste en importar de Suiza ejemplares de la raza San Bernardo, ya que de su gran tamaño se puede sacar bastante carne. No en vano, éste es el producto estrella de una granja de Datong, en la provincia minera de Shanxi, que se ha empeñado en convertir al mejor amigo del hombre en uno de los platos favoritos de los chinos.
Algo que resultará complicado por el rechazo que su consumo despierta en buen parte del mundo y por las críticas al trato inhumano de los animales en las granjas. Comer perro sí o no: el debate está servido.

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Tras un biombo chino © DIARIO ABC, S.L. 2007

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