El auténtico "perrito caliente" viene de Asia

Aunque los americanos se enorgullecen de tener al “hot dog” entre una de las delicias de su gastronomía nacional, dominada por las hamburguesas y el “fast food”, el auténtico “perrito caliente” no viene de Estados Unidos, sino de Asia. Al menos, así ocurre, literalmente, en países como las dos Coreas, Vietnam, China, Laos, Camboya, Tailandia o Myanmar (antigua Birmania), donde el “mejor amigo del hombre” suele estar incluido en los menús de algunos restaurantes junto al cerdo agridulce, la ternera con bambú o el pollo con arroz. Aunque resulte escandaloso en Occidente, donde los perros y los gatos son animales de compañía que se convierten en un miembro más de la familia, su consumo es generalizado en numerosos lugares del Lejano Oriente por sus supuestas cualidades nutritivas y hasta afrodisíacas.
Así ocurre en Vietnam, donde los canes son tan apreciados como las serpientes. Por eso, su carne (“thit chó”) se puede encontrar fácilmente a escasos metros de la antigua cárcel de la capital, convertida hoy en museo y conocida como el “Hilton de Hanoi” entre los prisioneros americanos que fueron recluidos allí durante la guerra.

En un mercado levantado en medio de estrechos y oscuros callejones, y junto a todo tipo de verduras y hortalizas, sobresalen de los puestos ambulantes los cuerpos asados de los perros. Con su piel, por supuesto sin pelo, quemada por un soplete, los animales se quedan rígidos sobre los estantes y algunos de ellos hasta pueden sostenerse sobre sus patas.
Como si fueran un cochinillo asado de Segovia, su lomo está duro y la corteza de su piel resulta crujiente pero, a diferencia de este manjar de la cocina castellana, el perro adquiere una expresión, como mínimo, desagradable. Muchos de ellos, de una pieza y con el rabo enhiesto, siguen conservando sus irregulares dientes y colmillos, que permanecen apretados y dan la impresión de que el animal está gruñendo o de que ha sufrido mucho al ser sacrificado y, luego, cocinado.
A la vista de semejante panorama, y de las cabezas, patas y lomos abiertos que dejan al aire libre los huesos del perro, resulta difícil dejarse convencer por un vietnamita para probar este plato, por muy bueno y nutritivo que sea.

Y es que me resultó más fácil comer perro en los alrededores de Chongqing, una megalópolis de 30 millones de habitantes enclavada en el sur de China a orillas del río Yangtsé. Gracias a que los animales no estaban visibles y a que la carne había sido troceada y jugosamente aderezada con una salsa, lo cierto es que el plato más bien parecía ternera tanto por su aspecto como por su sabor.
Aunque en Asia cada cual le encuentra un gusto distinto a los canes, desde los que opinan que es como comer cordero hasta quienes lo ven más próximo al pollo, quien mejor definió la carne de perro fue un norcoreano en uno de los restaurantes estatales de la calle Changgwang, en el centro de Pyongyang. “Simplemente sabe a perro”, dijo encogiéndose de hombros y disponiéndose a saborear su sopa de can, también conocida como “carne dulce”.
Tanto en Corea del Norte como Corea del Sur el “mejor amigo del hombre” es una delicia que, en ocasiones, ha ocasionado más de un conflicto internacional. Sin ir más lejos, el Gobierno surcoreano prohibió su consumo durante los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, con el consiguiente enfado de muchos de sus habitantes.
A raíz de la controversia causada por el mismo asunto durante el Mundial de fútbol de Corea del Sur y Japón en 2002, cuando Brigitte Bardot criticó duramente dicho hábito, el reputado nutricionista An Yong-kun, más conocido como el “Doctor Carne de Perro”, contraatacó denunciando que los franceses habían comido este animal durante la Guerra Franco-Prusiana y que en su país había establecimientos donde se vendía carne de caballo.

Mientras en Corea del Sur funcionan 6.000 restaurantes que sirven perro a un precio de 150 euros por ejemplar, en la provincia china de Guangdong se cocinan canes, gatos, civetas y hasta ratas. De hecho, más de un comerciante avispado ha hecho su agosto este verano cuando una plaga de millones de roedores invadió los cultivos de la provincia de Hunan y muchos de estos animales cazados acabaron en las cazuelas cantonesas.
Con respecto a los perros, la última novedad consiste en importar de Suiza ejemplares de la raza San Bernardo, ya que de su gran tamaño se puede sacar bastante carne. No en vano, éste es el producto estrella de una granja de Datong, en la provincia minera de Shanxi, que se ha empeñado en convertir al “mejor amigo del hombre” en uno de los platos favoritos de los chinos.
Algo que resultará complicado por el rechazo que su consumo despierta en buen parte del mundo y por las críticas al trato inhumano de los animales en las granjas. Comer perro sí o no: el debate está servido.

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Comentarios | 302 comentarios

  • María D.
    • María D. |
    • 29 Agosto 2007, 18:57

    Pero Esos Perritos también vienen a España??? MADRE MIA EL Mº DE SANIDAD...

    Apliquemos un Refran...

    "CARNE EN CALCETA... QUE LA COMA QUIEN LA META..."

    No me estraña nada que esten estos PERRITOS CALIENTES en nuestro Mercado, por eso el "Deficit Comercial" tan grande que tenemos con CHINA... y ZP fue diceee, para tomar medidas... MEDIDAS A LAS FAMOSAS MURALLAS... DIGO.

  • sergio
    • sergio |
    • 29 Agosto 2007, 19:05

    Os olvidáis que en España comemos conejo cuando en muchos paises se tiene como un animal de compañía y les causa la misma repugnancia cuando lo vienen y los ven en las carnicerías.

  • ignacio
    • ignacio |
    • 29 Agosto 2007, 19:25

    hay que ser objetivos....que parece que seguimos encerrados en nuestras fronteras. Con acercarnos a una de nuestras carnicerias podemos ver cabezas de cerdo, orejas, rabo....criadillas....conejos sin piel, colgados de la cabeza....(el cerdo tambien lo quemamos con un soplete)...que de todo hay en todos los sitios...es solo una cuestion culturas y de mirarse el ombligo de vez en cuando

  • MARIA LUISA VILLAGRAN
    • MARIA LUISA VILLAGRAN |
    • 29 Agosto 2007, 19:53

    INDEPENDIENTEMENTE DE LAS COSTUMBRES DE CADA PAIS, EL COMER CARNE ANIMAL ES UNA ATROCIDAD PORQUE NO SE TIENTAN EL CORAZON, LOS HACEN SUFRIR HASTA EL ULTIMO MOMENTO, YA NO IMPORTA SI ES RES,CERDO,PERRO O CONEJO EL SER HUMANO ES MUY CRUEL. NI SIQUIERA PORQUE ESTAMOS ENFERMOS POR COMER CARNE ENTENDEMOS LA LECCION, FRANCAMENTE QUE TRISTEZA.

  • VICTOR PB
    • VICTOR PB |
    • 29 Agosto 2007, 20:05

    QUE CADA UNO COMO LO QUE QUIERA, LO QUE NOS TENEMOS ES QUE TENER ES RESPETO MUTUO, POR LO DEMAS LO MISMO ME DA QUE ALGUNOS SE COMAN UNA JOROBA, SABEMOS QUE LOS GUSTOS...

  • Carmen
    • Carmen |
    • 29 Agosto 2007, 21:44

    Alguno ha probado ha entrar en una carnicería fría y objetivamente? Qué es lo que se ve? Cadáveres. Que luego nos llevamos a casa tan ricamente y los preparamos y, uy, que rico! Que asco! La verdad es que mientras el ser humano no aprenda a dejar de matar, ya sean pollos, conejos, vacas o lo que sea, no hay solución para la Humanidad. La agresividad así sigue, cada vez más. Más hamburguesas y carne en la dieta= gente más violenta. Los americanos tienen estadísticas sobre eso, y es cierto. Saludos a todos.

  • JAVIER
    • JAVIER |
    • 29 Agosto 2007, 22:22

    Vale es algo cultural pero es una burrada.
    Y ya no me preocupa tanto que los coman, ni que los maten sino como los tienen en almacenados vivos, esto es lo peor.
    Informémonos de como los tienen así como de los osos a los que tienen 40 años en unas jaulas del tamaño exacto de su cuerpo para que no se muevan y dos veces por semana les clavan el hígado para extraer su bilis, son burradas por muy culturales que sean y me preocupa cuando viven, una vez muertos que coman lo que quieran y lo mismo aplico para el mundo occidental y su ganado.
    No cuesta nada mirar un poco como viven nuestro futuro alimento.

  • Roberto
    • Roberto |
    • 29 Agosto 2007, 22:37

    Los españoles - la mayoría - siempre tan extremistas... o blanco o negro. Pues no, no todo es blanco o negro sino que hay matices. En la cultura occidental el perro es una animal de compañía y por tanto es desagradable que las personas se lo coman y punto. Un cerdo, en general, no se considera un animal de compañía - ya sé que hay algunos casos excepcionales pero en general no forma parte de la cultura occidental - y por tanto se come de este animal todo. Lo cierto es que como seres racionales que somos, deberíamos hacer un esfuerzo por reducir el número de especies que nos comemos, que entraría en consonancia con ser lo menos crueles posibles con los seres vivos que comparten espacio en nuestro planeta. Por otra parte, en épocas de escasez todos sabemos que se han dado casos de canibalismo, bueno, si se pone en su contexto se puede entender...

    Por otra parte de los chinos no puede sorprendernos ya nada. Son en general muy muy guarros, escupen en el suelo porque así se liberan de los esputos que en medicina china se consideran malos para la salud - la medicina china no tiene en cuenta lo antihigiénico que es escupir en la calle. No es la primera vez que veo a un chino meando en un rincón de una calle en Madrid. Los chinos engañan si pueden, no respetan la propiedad privada - mucho menos la intelectual -, su concepto de amistad roza a veces el límite de lo que aquí llamaríamos mafias... y muchas cosas más. Por tanto, no nos debe de sorprender que se coman a los perros y a las ratas... Los chinos en muchos aspectos rozan temas que en occidente se consideran "poco civilizados", y aún nos llaman bárbaros. Eso es China y que cada cual saque sus conclusiones...

  • Pablo M. Díez
    • Pablo M. Díez |
    • 30 Agosto 2007, 11:49

    Queridos lectores: En primer lugar, quiero agradeceros el interés que habéis mostrado por este artículo y, sobre todo, vuestros respetuosos comentarios. Además, me gustaría hacerle una observación a Roberto, quien, muy acertadamente, nos recuerda que la mayoría de los españoles, “siempre tan extremistas”, nos olvidamos con frecuencia de que no todo en la vida es blanco o negro, sino que hay muchos matices. Como coincido plenamente con dicha opinión, me extraña que, a continuación, critique duramente a los chinos por ser “en general muy muy guarros” y que ponga en duda otros de sus valores, como la amistad y su respeto por la propiedad, tanto privada como intelectual. Por los casi tres años que llevo viviendo en Pekín y viajando por China y el resto de Asia, que tampoco son demasiado tiempo para conocer una cultura tan distinta a la nuestra, me veo obligado a puntualizar algunos de sus comentarios, que no comparto. Es cierto que hay muchos chinos que escupen por la calle (y muy ruidosamente, por cierto), pero también hay muchos (quizás más) que no lo hacen o que han dejado de hacerlo (sobre todo en Pekín) gracias a la campaña cívica puesta en marcha por el Gobierno para mejorar los modales de cara a los Juegos Olímpicos del próximo año. Con respecto a otras cuestiones como orinar en la calle, creo que no es un hábito tan extendido como en otros países en vías de desarrollo, como India, donde es algo muy frecuente. Porque, al fin y al cabo, todas estas normas de buena conducta dependen de que el progreso y la educación estén ampliamente extendidos en el conjunto de la población. En este sentido, los españoles no podemos olvidar que muchos de esos malos hábitos, como escupir en la calle, tirar los papeles al suelo y orinar en los arcenes de las carreteras, estaban bastante arraigados en nuestra sociedad hace poco tiempo. Sin embargo, la evolución de nuestro país nos ha acercado bastante a otras naciones europeas, aunque algunas de ellas van todavía muy por delante en cuestiones de civismo. Algo parecido, pero a otra escala, ocurre en China y en el resto de naciones en vías de desarrollo de todo el mundo. Mención aparte merecen las críticas al respeto a la propiedad intelectual, a la sinceridad de los chinos y a su concepción de la amistad, comparada por Roberto con las mafias. La primera cuestión es bastante curiosa, porque da la casualidad de que la mayoría de los clientes que compran marcas falsificadas son occidentales. Sin ir más lejos, el Mercado de la Seda de Pekín, un gran centro comercial plagado de tiendas que venden copias de marcas famosas, es uno de los destinos turísticos más visitados de la capital china, junto a la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida y el Palacio de Verano. Entre sus clientes destacan, de manera especial, los españoles, que estos días abarrotan el recinto. Para hacerse una idea de la afluencia de compatriotas que pasan por allí, basta decir que, en enero de 2005, casi ninguna de sus dependientas sabía una palabra de castellano. Ahora, saludan diciendo “Hola, amigo. Mila, mila, balato, balato” tan pronto como ven a alguien con rasgos latinos o hasta te llaman “tacaño” mientras regateas el precio. Al fin y al cabo, los chinos han hecho con las copias lo mismo que con el resto de productos que fabrican: aprovechar su abundante y baratísima mano de obra para satisfacer una demanda que, por lo general, viene del extranjero. Y, para terminar, una apreciación sobre su sentido de la amistad. Como en cualquier otra parte del mundo, y probablemente más por tratarse de un país pobre y con mucha gente muy necesitada, habrá chinos que mientan y timen como bellacos y otros que únicamente busquen amistades de conveniencia, pero también hay otros muchos con los que he podido disfrutar de una amabilidad, hospitalidad y generosidad tales que sólo tenían límites por su humilde condición social, lo cual tiene todavía mucho más mérito. Por favor, piensen en ellos y en la difícil vida que tienen esos cientos de millones de personas que trabajan por unos pocos euros al mes. Seguro que les ayudará a comprender mejor los esfuerzos tan grandes que están haciendo para tener un modo de vida como el que se disfruta en los países desarrollados y, lo que es más importante, el largo camino que aún les queda por recorrer.

  • Fer
    • Fer |
    • 03 Septiembre 2007, 20:03

    Cuanto idiota hay por el mundo, perro o cerdo, todo se come, porque el ser humano aun necesita comer. ... A mi lo que me da pena es que se devoren las pobres lechugitas que no pueden defenderse de nada ni de nadie, ... están ellas tan ticamente en su huerta verdes y frescas, cuando de repente viene un desaprensivo hervívoro y ZAS, otra vida vegetal cercenada sin piedad, y encima devorada viva, donde vamos a ir a parar...

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