¿Y el «Black Friday» en los toros para cuándo?

Publicado por el Nov 21, 2018

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«Convierte al cliente en el héroe de tu historia». Lo dijo Ann Handley, una autoridad en eso que llaman Marketing de Contenidos. Y tiene razón la experta con palabras que bien sirven para el planeta taurino: señores empresarios, señores toreros y señores ganaderos, conviertan al cliente en el héroe de esa historia que es una tarde de toros.

En ese bombardeo de información constante en una semana en la que el «Black Friday» es el reclamo de cualquier producto, de cualquier negocio, aún no he leído una sola nota, una mínima publicidad de un «viernes negro» en una sola sociedad taurina. Siempre tan atrasados, tan a remolque… Además de la cruda realidad que ya trazamos en el artículo «El Dorado de la Fiesta», se suma una lejanía de la sociedad y, en general, un pasotismo a la hora de vender el producto. Y al cliente, más allá del superfiel (mínimo), no hay que esperarlo: hay que buscarlo. Y todas las armas son pocas.

No se entiende que las grandes empresas no se sumen a la corriente consumista de estos días. ¿Cuántos abonos sobran en cada plaza? ¿Tanto cuesta hacer una campaña y un guiño al cliente con algún tipo de oferta esta semana del «Black Friday»? Claro, las cabezas pensantes dirán que el abonado fiel se va a sacar el abono con rebaja o sin ella o que, pongamos que hablamos  de Madrid, ya iba incluida en el contrato firmado. Rebaja que se agradece, como abonada que soy, pero eso es otra película. Y eso que hablamos de la plaza con entradas más baratas y un abono joven a precio de ganga, pero faltan muchos huecos por cubrir: ¡atraigamos a más clientes, posibles futuros aficionados! Como otro filme que merece análisis aparte es Sevilla y la carestía de la que se lamentan los aficionados. Qué poca visión de futuro en este espectáculo… ¿Y Bilbao? ¡Ay, Vista Alegre!, a la que algunos han rebautizado con guasa como «Vista Triste».

No estaría de más subirse al carro consumista de esta semana «negra» para quitar el «gris» que nos rodea. ¿O acaso no sabe Amancio Ortega que su prenda estrella de la temporada  va a venderse sin «Black Friday»? Claro que lo sabe, pero también sabe que el «cebo» del equis por ciento de rebaja hará que se adquieran otros atuendos a los que cuesta dar salida. Como hay muchas localidades a las que cuesta dársela. Existen muchas fórmulas y muchas maneras de atraer al cliente, que en estos tiempos es el otro héroe de esta historia taurina: de su bolsillo pone el dinero y de su corazón una ilusión para ir a un espectáculo en el que cada tarde es como ir a la cabalgata de los Reyes Magos, sin saber si habrá un regalo o carbón.

En tiempos en los que raro es que una empresa no disponga de gabinete de comunicación, no estaría de más algo de imaginación. Aunque para sumarse al «Black Friday» no hace falta mucha. Trabajo, trabajo y trabajo; afición, afición y afición. Y sentir que tu empresa es parte tuya. Sin toro y torero no hay bravura ni arte, pero sin público no hay negocio. Y, no lo olvidemos, esto es ante todo un negocio, una industria taurina.

Me preguntaba un colega periodista si los toreros no tenían clubs en los que ofrecieran una especie de tarjeta en la que se les hiciese un descuento en función del número de corridas de «su» torero a las que acudiera o algún tipo de «premio» o si las casas ganaderas hacían «Black Friday» en sus visitas de próximo fin de semana. Sí, sí, ríanse. Porque eso mismo me pasó. Por no echarme a llorar, claro…

Falta muchísimo por hacer.  Las  empresas cuentan con equipos de comunicación, con sus flamantes notas de prensa (y algunas iniciativas más, que valoramos, por supuesto que sí), pero ¿qué hay del marketing? Ahora, a toro pasado y más allá de lo que aquello significó y revolucionó, entiendo y doy más importancia aún al éxito del «solo» de Iván Fandiño en Madrid: además de ofrecer lo «nunca visto« en esta época con seis hierros míticos, tuvo una gran campaña de marketing detrás. El valor lo puso el torero para anunciarse y el talento para abarrotar la plaza fue de su apoderado, Néstor García, del que hoy sabemos que estudió Marketing, a lo que se dedica actualmente. Recuerdo que don José Antonio (Chopera) lo decía: «Este tipo es un genio, muy trabajador, y vamos a llenar la plaza».

El acontecimiento fue la encerrona, como este Otoño lo ha sido un sorteo atípico que renovó ciertas ilusiones -pronto olvidadas- y que pretende repetirlo en San Isidro (con otras fórmulas), según ha anunciado Simón Casas en distintos medios. Casas, por cierto, que ha dicho una verdad como un templo, digna de un análisis más profundo: «El Juli tiene razón cuando dice que el empresario está para confeccionar carteles, para crear un interés en el público, una competencia y una rivalidad entre los toreros; cuando dice que el empresario está, en definitiva, para ensamblar una serie de aspectos organizativos encaminados a conseguir llenar las plazas; pero para conseguir ese objetivo el empresario debe poder gozar de una libertad de programación que en la mayoría de los casos le prohíben, precisamente, las figuras por exigencias excesivas en las ganaderías y en la confección de los carteles». Así lo aseguró en «Aplausos». Y, si bien es cierto que las figuras se han ganado el derecho a elegir y que el empresario está para crear, no es menos cierto, como muy claro lo ha deletreado el productor francés, que esa libertad de creación es misión imposible cuando las figuras imponen el sota, caballo y rey. Cuando muchas veces nos quejamos de que los carteles son repetitivos, preguntémonos también si alguien ha pegado un puñetazo en la mesa para «exigir» algo que ilusione sobremanera, que conmueva: la cuestión o solución no es un bombo, la cuestión es plantear novedades y «sorpresas» de vez en cuando. Pero, ¿quién está dispuesto? Y sí, que ya sabemos que cada tarde de toros es un misterio por resolver aun en el mismo cartel, y también sabemos que muchos que apostaron por lo «desconocido» tuvieron como recompensa ácidas críticas y que al aficionado se le olvidan rápido los gestos que salen cruz. Pero ese argumento no vale siempre: apostar es de valientes.

Si todo se mantiene igual, al menos hagan guiños al público, aprovechen semanas como esta, hagan paquetes en fechas señaladas de máximo consumismo, den a conocer su producto, conviertan a Las Ventas, la Maestranza o la Misericordia en marcas propias; cada torero en una marca única, cada ganadería… Aprovechemos esa Marca España que es la Fiesta más universal: desde el «Black Friday», a Papá Noel, Reyes o San Valentín. Aunque las ferias no estén hechas, como es lógico por estas fechas, fórmulas hay: conviertan a los espectadores en protagonistas, demuestren que su cliente les importa. Como hacía Girard, reconocido en el Libro Guinnes de los Récords como el mayor vendedor de coches de la historia, hagan que su comprador se sienta como el comensal que sale del mejor restaurante, no solo por la calidad de la cocina, sino por el trato recibido. 

Lo dicho, el cliente es demasiadas veces el héroe olvidado de esta maravillosa pero «atrasada» historia taurina. Y sin taquilla, ni negocio, ni fincas ni paraíso.

Postdata: el «Black Friday» es la excusa, el mensaje es otro. No es abaratar, es mejorar y acercar a la sociedad. A buen entendedor… 

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