La envidia que soporta el Real Madrid

La envidia que soporta el Real Madrid

Publicado por el Aug 23, 2017

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La envidia es un sentimiento que define al español. Difama que algo queda. Los homenajes se los hacen a los muertos. Gento es de los pocos españoles que puede decir que le rindieron dos en vida. Y ahí sigue, presidente de honor en palco. Es la excepción que confirma la regla. Porque su club, el Real Madrid, sufre muchas envidias. Dos partidos a domicilio en España, en Barcelona y en La Coruña, y dos expulsados, Cristiano y Ramos. Cinco partidos de suspensión al portugués y uno al español, impuesto ayer por el Comité de Competición. El Real Madrid recurrirá ahora este castigo ante Apelación y, como en el caso Ronaldo, lo rebatirá hasta el final en todos los organismos pertinentes. Será la política constante del campeón en un frente arbitral que observa mediatizado, con unos comités sancionadores pendientes del futuro de Villar y de Larrea que aplican de manera corporativista las interpretaciones que los colegiados ejecutan en el césped, sin abrir luchas internas. Es el problema que destaca el club blanco, el daño que realizan las interpretaciones, que en muchos casos no concuerdan con los hechos (el penalti señalado a favor de Suárez en el Camp Nou, el gol anulado a Cristiano y su caída en el área, juzgada como piscinazo).

La reflexión de la plantilla del Real Madrid apoya la opinión de Ramos, su capitán. Los éxitos del equipo suscitan antipatía. Los hombres de Zidane sabían que pagarían un precio por celebrar dos Champions consecutivas, la Liga y las dos recientes Supercopas. Lo ven en los campos ajenos. Lo que no esperaban es que el estamento arbitral y su brazo ejecutor, los comités, se apuntaran «a la moda».

En este ambiente, con un Real Madrid ganador en el campo, la frase de «ahí pasa algo», patentada por Zidane, se ha convertido en el vestuario en una mayor: Ahí pasa más que algo.

Es cierto que la Federación Española vive desnortada, con guerras internas de poder para ocupar el sillón que Ángel Villar monopolizó durante treinta años. En esta anarquía, es también verdad que el presidente de los colegiados, Sánchez Arminio, presentó su dimisión y hoy sigue en el poder. Lo que la entidad madridista denuncia es ser víctima de decisiones arbitrales basadas en interpretaciones de jugadas. Es en estas visiones de los colegiados donde observa la animadversión que el capitán manifestó.

Las palabras de Ramos no se circunscribían a su expulsión. Se refería también a la tarjeta roja mostrada a Cristiano y al arbitraje del vasco De Burgos Bengoetxea en el Camp Nou. El capitán expuso un sentimiento.

La respuesta emitida ayer por el Comité de Competición al argumentar la segunda tarjeta amarilla a Ramos dejó al club blanco aún más preocupado: «No es posible revocar una decisión arbitral invocando una discrepancia en la interpretación de las reglas del juego respecto a la realizada por el colegiado, sin que pueda prevalecer aquella sobre ésta». La respuesta era inmediata: ¿Y por qué no? Lo que hay que juzgar son los hechos, no como los interpretó el colegiado, que pudo equivocarse. El Madrid está molesto porque este mismo baremo se aplicó cuando De Burgos valoró la caída de Ronaldo en Barcelona como «piscina».

Un Código excesivo
El TAD, posteriormente, ratificó los cinco partidos de suspensión al luso, cuatro por su «leve empujón» al juez de la contienda, porque es lo que dicta un Código Disciplinario excesivo en esas acciones, como han reconocido fuentes de la Federación, que desearían cambiarlo. Pero hoy es el que rige.

Lo que el Real Madrid no admite es que tras vencer con superioridad al Barcelona, 1-3, y al Deportivo, 0-3, la imagen paralela de ambos encuentros sean dos cartulinas rojas, como si sus victorias se produjeran con acciones escandalosas o violentas. Los futbolistas blancos señalan que lo violento fue «sufrir todas las decisiones en contra» del árbitro De Burgos Bengoetxea en el Camp Nou. Los pupilos de Zidane advierten que el escándalo de Riazor comenzó cuando «Ramos fue amonestado por separar a Schar tras recibir un cabezazo» por parte del rival, que no fue expulsado. Sí lo fue el sevillano por saltar con Borja Valle y ponerle el brazo encima de su hombro. El delantero se quejó de un codazo y Ramos vio la segunda amarilla. El central critivó que el colegiado se dejara engañar por el teatro del rival.

El Real Madrid señala su oposición a un estilo temerario de arbitraje y al corporativismo de los comités, que no juzgan las interpretaciones erróneas, sino que las confirman porque el colegiado tiene una entidad superior. ¿Por qué, porque tiene un pito en las manos? Lo malo es lo que se lleva a la boca y comete injusticias indignantes.

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