Carta abierta a Íker Casillas

Publicado por el mar 5, 2014

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Le culparon a usted de chivato. De soplón del vestuario en la era de Mourinho. Y el portugués le dejó en el banquillo el 23 de diciembre de 2012 para situar a Adán como titular. Del Bosque afirma que usted pagó su diálogo con Xavi para firmar la paz entre los jugadores del Real Madrid y el Barcelona después de aquellos clásicos tan duros. Mourinho no lo admitió, porque usted lo hizo sin consultarle. Y Mourinho, como usted sabía, no lo habría permitido. Luego, usted pagó cara su lesión en una mano, el 23 de enero de 2013, en Mestalla. En el mismo estadio donde usted levantó la Copa del Rey en 2011. El club fichó a Diego López y el entrenador portugués se quedó encantado con su rendimiento y le hizo titular. Llegó Ancelotti y decidió que el cancerbero gallego continuara como primer guardameta. Se lo dijo a usted el 16 de agosto. Y usted se puso a pensar en su futuro, con razón.

El italiano le dio la titularidad en la Champions y en la Copa, pero usted nos dijo con claridad: “No es suficiente”. Manifestó usted en el mes de octubre que se pensaría su porvenir. Lo repitió en noviembre: “Si todo sigue así, a final de temporada me plantearé si es conveniente marcharme”. En el Real Madrid no gustó que usted insistiera públicamente en su situación personal. Debía de pensar en el bien del equipo y no calentar el debate personal. Y usted cambió de postura. Hizo bien. “Lo primero es el Real Madrid”, adujo con razón.

Desde enero usted manifiesta que desea acabar su carrera en el Real Madrid. Elude usted el morbo de su futuro. Pero todos sabemos que es una posición inteligente para evitar al club esta cruzada constante. Para regatear que su suplencia sea la palestra mediática. Usted ha llegado a elogiar a Diego López, ha dicho que ha jugado muy bien y ha expuesto que su compañero lo ha pasado mal. Cubrió usted al gallego ante tantas críticas en su contra.

Por cargar contra Mourinho, muchos acusaron a Diego López, que no tenía culpa de nada, solo de su rendimiento. Muchos de esos críticos, excesivos, sobrepasados, querían apoyarle a usted. ¡Qué poca ayuda le han dado! Se pasaron de la raya. Sonó a campaña. Y a usted, en vez de ayudarle, le perjudicaron. Muchos creyeron que era usted quien pedía a ese sector de la prensa que atacara sin denuedo. No era cierto, me consta. Pero Mourinho dejó entrever que usted era el chivato que encendía esa mecha. Y durante los primeros meses de esta temporada, con Ancelotti, se continuaba pensando lo mismo cuando cierta prensa insistía en sentar a Diego López y hacerle titular a usted. ¡Qué daño le han hechos los supuestos amigos! Ya sabe usted el refrán: “Cuídeme usted de los amigos, que de los enemigos ya me encargo yo”.

Ahora, diversos ex jugadores del Real Madrid dicen que usted debería romper su silencio, ese que mantiene para no hacer daño al equipo. Le piden que usted pronuncie con voz clara y rotunda que usted no era el chivato de nada. Que usted no le hacía la cama a Mourinho y, por extensión, al club. Que usted es una gloria nacional y no puede seguir callado. Y usted, de momento, no piensa hablar de esos asuntos importantes. No quiere convertir su estado personal en el centro de atención del Real Madrid. Le honra.

Hay una verdad cierta: usted se ha entrenado a tope para quitar el puesto a Diego López. La llegada del lucense ha supuesto que usted trabaje al máximo y que no tenga ni un gramo de grasa en su anhelo por rendir al ciento diez por cien y recuperar el sitio perdido. Ver cómo Víctor Valdés le abraza en la concentración de la selección española es un buen dato de lo que usted significa en el Real Madrid y en la España campeona. Su rival en la portería del equipo nacional le trata como un amigo. La suplencia en su club ha significado que su plaza también sea discutida en la selección. Vive usted futuros inciertos.

Ha jugado usted bien tanto en la Champions como en la Copa. Se le ve más rápido. Quiere volver a hacer historia en el Mundial. Su silencio actual respecto a su porvenir se agradece en el Real Madrid. Mantiene que quiere finiquitar su carrera profesional aquí, en la casa blanca, donde llegó con nueve añitos. Luego, en junio, ya se verá todo. Pero usted desea llegar a ese mes con el triplete. O al menos, con su tercera Champions levantada. Ya es usted padre. Ve las cosas de otra manera. Respeta a Diego López con sus silencios y con su mensaje de madridismo al no reabrir el melón de su futuro. “El club está por encima de mí y de todos los jugadores”. Los dos, Diego López y usted, dan actualmente un ejemplo de profesionalismo.

Diego lo ha pasado muy mal y le disparan mediáticamente al mínimo fallo, como sucedió tras el derbi. Usted lo pasa mal por esa dura suplencia y porque muchos reiteran que los ataques periodísticos a su compañero nacen de usted, cosa que no es cierto. Los dos se merecen mucho más que todo esto.

Se han convertido en muñecos de una situación. Son manejados por tertulias y articulistas al son que más calienta. Ustedes se han transformado en gladiadores indeseados del circo romano del fútbol. Unos levantan el pulgar en favor de uno y otros bajan el dedo en detrimento del otro. Tengan cuidado, porque este circo termina por engullirse a los actores, que son ustedes, en la obsesión por tener la última palabra o por estirar el último extremo de una cuerda que ya está muy gastada. Hacen bien ustedes, los dos, en regatear este circo.

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