Submarinos (I): S-73 «Mistral», una gran familia a 180 metros de profundidad

Submarinos (I): S-73 «Mistral», una gran familia a 180 metros de profundidad

Publicado por el Dec 31, 2017

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En «Por Tierra, Mar y Aire» queremos cerrar el 2017 y felicitaros el Año Nuevo abriendo una serie sobre el Arma Submarina: serán cinco entregas sobre el estado de los tres actuales submarinos S-70, la vida a bordo de uno de ellos o el futuro del S-80. Todo ello tras convivir dos días con la dotación del submarino «Mistral» y el personal de base de Cartagena. He aquí la primera entrega: «Mistral: una gran familia a 180 metros de profundidad».

A 180 metros de profundidad el silencio en el submarino español S-73 «Mistral» es temible. Sólo un agudo pitido interrumpe la sepulcral oscuridad, teñida de luces rojas y algún fogonazo de las pantallas con mapas localizadores. El ajetreo en la zona de mandos tiene un insólito orden orquestado por el comandante del submarino desde su puesto en el periscopio. El silencio sumergible también se percibe en la presión de los oídos al descender desde la cota periscópica -15 metros- a la profundidad final designada en apenas minutos.

 

Mapas de papel o el compás son todavía herramientas de submarinos de la clase S-70 de la Armada Española / JAIME GARCÍA

 

«Es un torpedo que se acerca. Es el momento de la verdad», nos interpela el alférez de navío José Luis Bernal, oficial de electrónica a bordo que nos hace de guía en el submarino. Sí, estamos siendo atacados por un torpedo MK-46 lanzado desde una fragata próxima, la también española «Almirante Juan de Borbón» (F-102). «¡Alerta torpedo!», grita el capitán de corbeta Fernando Aguirre Pastor desde su puesto de comandante en el periscopio. «¡Alerta torpedo! ¡Torpedo en demora 130!».

UNA LUCHA MATEMÁTICA CONTRA EL TORPEDO

Pero un torpedo no se aproxima a velocidad de vértigo como si fuera un misil aéreo con apenas tiempo para la reacción. El torpedo traza un rumbo con su hélice como si de otro submarino se tratase. Y la lucha contra el artefacto -en este caso de entrenamiento y, por tanto, sin explosivo- tiene más que ver con una lucha de cálculos, sonidos y coordinadas para evitar la colisión: en un submarino la muerte se ve venir o, más bien, se calcula a escuadra y cartabón en la mesa de mando. Podríamos decir que la vida en uno de estos submarinos de la clase Agosta o S-70, nada menos que con 32 años de servicio en la Armada Española, tiene mucho de matemática.

 

Imagen del pasillo central del submarino / JAIME GARCÍA

 

El cadente pitido agudo del torpedo aún nos persigue. Cuando todo parece perdido. La sargento primero y sonarista Rebeca Sánchez es la encargada de transmitir a viva voz la evolución de la máquina de guerra que nos persigue. ¿Sus herramientas? El interceptador de emisiones sonar y el sonar de casco con los cuales traza las coordenadas el torpedo enemigo: “014.5 -015.5-016.5…”.

En ese momento, en algún lugar profundo del Mediterráneo y con Cartagena como referencia en la costa (¡ciudad submarina de España!), el comandante Aguirre Pastor (39 años) ordena la maniobra evasiva.

Se trata de una reacción enérgica del submarino a velocidad máxima Avante 6 (unos 20 nudos marinos que equivalen a los terrestres 37 km/h.), también asistimos a un lanzamiento de señuelos para «despistar» al torpedo MK46, un cambio de rumbo para alejarse en el último momento y una variación en la cota (profundidad) para ocultar al submarino a través de la propagación del sonido del agua.

 

Pantalla donde se reflejan las imágenes del periscopio / JAIME GARCÍA

 

Esta es la explicación que recibimos de modo tímido. Los detalles exactos están clasificados por la Armada Española con el objetivo de que nadie pueda conocer el modo exacto de reacción ante un ataque enemigo. La maniobra finaliza. Y ahora solo resta que un helicóptero de la Armada localice al torpedo MK-46 que al ser de entrenamiento flotará en la superficie tras el ejercicio.

«La evasión fue efectiva, el torpedo nos perdió y se quedó por nuestra popa haciendo su búsqueda programada sin haber adquirido el blanco. Para nosotros fue un éxito ya que este tipo de torpedos modernos MK-46, de fabricación estadounidense, son muy efectivos», añade el comandante Aguirre Pastor.

Hay que recordar que desde 2007 la Armada Española no lanza un torpedo de combate, y por tanto con carga explosiva, desde un submarino. Fueron unas maniobras para poner a prueba el sistema de combate.

 

El comandante del submarino Mistral, el capitán de fragata Fernando Aguirre / JAIME GARCÍA GARCÍA

 

La normalidad, que es un ajetreo ese día, continúa a bordo del submarino «Mistral» en el que un periodista y un fotógrafo de ABC han sido invitados a asistir a una jornada de maniobras en fechas prenavideñas.

Los 69 miembros de la dotación que comparten faena sincronizada, en turnos de a tres con sus guardias, tienen ganas de contar cómo es la vida a bordo. Sobre todo tras la desaparición del submarino argentino ARA «San Juan», coetáneo a los submarinos de la clase S-70 de la Armada Española y en servicios desde mediados de los 80. El sentimiento de camaradería entre los submarinistas del mundo es destacado por cualquiera. Se siente como propia la pérdida de esas 44 vidas argentinas.

La pregunta no se hace esperar:

-¿Qué le pudo pasar al ARA «San Juan»?

-Partiendo de que no sabemos con certeza qué ocurrió, todo hace indicar que un fallo de las baterías provocó su salida al mar como reacción habitual de emergencia. Además, había muy malas condiciones de mar gruesa en la superficie. Eso pudo provocar un fallo eléctrico generalizado, su hundimiento y final colapso tras alcanzar la profundidad de 450-600 metros, en la cual este tipo de submarinos (como los nuestros) implosionan.

Esta es la explicación, con todas las reservas pertinentes, del comandante de la Flotilla de Submarinos de la Armada Española, el capitán de navío Alejandro Cuerda Lorenzo, quien nos acompaña también a bordo del submarino «Mistral».

 

El submarino Galerna, un día antes de iniciar su quinta gran carena / JAIME GARCÍA

 

El S-73 «Mistral» y el S-74 «Tramontana» son los dos únicos submarinos que en estos momentos España tiene operativos. El S-71 «Galerna» también lo está pero inició el viernes 19 las obras de su quinta gran carena, una gran revisión del submarino que durará dos años para mantenerlo operativos hasta finales de la década de 2020. Similar revisión se efectuará al «Mistral» a finales de 2019 y al «Tramontana» en 2023.

Por otra parte, el S-72 «Siroco», que se encuentra atracado en la base de submarinos de Cartagena, fue dado de baja en 2015 y sus piezas han servido para surtir repuestos a sus tres submarinos «hermanos», todos de diseño francés.

DIFÍCIL MOMENTO DEL ARMA SUBMARINA

Con esta perspectiva, y a la espera de que el nuevo submarino S-80 que diseña y construye Navantia en Cartagena esté operativo en 2022-2023, los próximos 2018 y 2019 serán años difíciles para el arma submarina de España. Sólo hubo un momento en 102 años de historia en el que la Armada dispuso de menor número de submarinos: en la década de los 70 durante un periodo de dos años sólo hubo un sumergible, el S-31, conocido como el «treinta y único».

 

El sargento y cocinero David Peñas / JAIME GARCÍA

 

No obstante, los dos submarinos totalmente operativos tendrán máxima actividad en 2018: participarán en sendas misiones de 60 días seguidos con la OTAN en el disputado Mediterráneo, donde submarinos rusos o incluso chinos tienen cada vez mayor presencia. Este despliegue del próximo año estará enmarcado en la operación «Sea Guardian» contra el terrorismo.

«Una de las misiones principales que realizamos es la obtención de inteligencia. Nuestra principal característica es la discreción, estamos concebidos para no ser detectados. El mayor valor estratégico es mantenerse oculto. Otras misiones pueden ser la protección de unidades valiosas, inserción de equipos de operaciones especiales, minado, alerta y vigilancia», explica en el momento del almuerzo el comandante del «Mistral». Se trata de una capacidad militar que España, mirando siempre al Estrecho de Gibraltar, no se puede permitir perder en la próxima década.

En el menú del almuerzo, porque hay que decir que hay buena cocina a bordo del «Mistral», nos sirven una ensalada de la huerta y un arroz caldero murciano. Precisamente, para cumplir con las felicitaciones, nos trasladamos a la cocina donde el sargento David Peñas (38 años) tiene todo milimétricamente ordenado para dar de comer a la tripulación en tres turnos. Abajo, la bodega es un auténtico «tetris» donde todo está ordenado según se vayan a consumir los productos. Desayuno, comida y cena. La duración de una misión o la capacidad de alargarla siempre dependerá de los víveres a bordo. Más que del consumo energético.

 

Vista periscópica de la fragata «Almirante Juan de Borbón» / JAIME GARCÍA

 

«Para trabajar en un submarino tienes que sufrir y te tiene que gustar. Esto no es una profesión, sino una vocación. No se ve la luz del sol dependiendo de la misión, no hay comodidades, no hay WhatsApp ni internet y debemos racionalizar el agua debidamente», relata este sargento cartagenero cuya posición de cocinero le otorga un privilegio: «Una ducha diaria». El resto de la dotación solo puede ducharse cada tres días,… y de 3 minutos escasos. Además, solo hay algún breve periodo de comunicaciones familiares para un email aunque siempre se coteja el contenido por medidas de seguridad. No se puede dejar una mínima posibilidad a que alguien revele la posición del submarino ni por error.

En el «Mistral» los 69 marinos comparten faena sincronizada en tres turnos o «guardias de mar» de ocho horas al día. A veces un despliegue puede durar hasta 45 días seguidos.

«Marcamos las horas de día y de noche por medio del alumbrado (luz blanca o luz roja), y las comidas son prácticamente un ritual ya que, para la mayor parte de la dotación, es lo que va a diferenciar un día del siguiente. También se distinguen los fines de semana en la mar con un ritmo más relajado de actividad que permita al personal emprender la nueva semana con entusiasmo», explica el comandante de la Flotilla de Submarinos, el capitán de navío Cuerda Lorenzo.

 

Imagen de la cubierta del submarino Mistral / JAIME GARCÍA

 

Estos submarinos de la Armada Española tienen una eslora de 68 metros y una manga de 6,8. Portan torpedos antisubmarinos L5 y F17 modelo 2 y antibuques tipo F17 modelo 1 y 2. Estos últimos son filoguiados mediante un «hilo» desde el submarino hasta el blanco por lo que su precisión es muy alta. También se dispone de minas de fondo que se lanzarían desde los mismos tubos lanza-torpedos.

La flotilla de tres submarinos de la Armada Española la componen 330 marinos, contando la Escuela de Submarinos donde se forman todos los submarinista. De esta institución militar de Cartagena salen cada año 50 nuevos submarinistas de media. Todo el personal es voluntario, algo que refuerza sin duda el lema que preside el arma submarina: «Ad utrumque paratus» («Preparados para todo»).

 

Un marino hace la cama en el submarino / JAIME GARCÍA

 

Pasillo central del submarino y cámara de suboficiales / JAIME GARCÍA 

 

Cuaderno de bitácoras de un veterano submarinista / JAIME GARCIA 

 

Escotilla por la que se accede al interior del submarino / JAIME GARCÍA

 

El submarino Galerna con periscopios, radares y antenas desplegados en la vela del buque / ARMADA ESPAÑOLA

 

Submarino Galerna con el gallardete del Comandante de la Flotilla de Submarinos / JAIME GARCÍA GARCÍA

 

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