Con ustedes, el temido paso del Sabzak

Con ustedes, el temido paso del Sabzak

Publicado por el abr 30, 2013

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Día 12 en Afganistán: convoy terrestre de Qala i Nao a Herat. 07.30 horas. Sargento Gorka Aparicio (asturiano de San Sebastián), soldado conductora Jessica Alexandra Zambrano (tímida colombiana) y soldado tirador John Edwing Perdomo (apodado “Crema”, de Cali, Colombia). Con estos tres militares y su RG-31 transcurriremos las próximas 17 horas. Forman parte del equipo de protección del convoy que se desplaza por los ariscos, zigzagueantes, empinados y bacheados caminos que unen la base “Ruy González de Clavijo” con la base aérea de Herat.

Estamos en la fase del repliegue: el objetivo es trasladar material de la base española en un convoy de 50 vehículos, de los que 30 son españoles y los otros 20 de una compañía estadounidense de transporte y un equipo estadounidense de limpieza de desminado en ruta (los denominados RCP, “Road Cleaner Patrol”). Uno de los desafíos es el angosto paso de Sabzak. Familiarícense con este abrupto punto geográfico pues será la referencia del repliegue español hasta que en noviembre se haya abandonado definitivamente la base de Qala i Nao. No quiero pensar cómo será esa ruta con 45 grados en verano. Cuando el otro temido general, el Verano, derrite definitivamente los caminos y los vehículos.

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Algún día, cuando los libros hablen de hitos españoles en la Guerra de Afganistán, el paso de Sabzak tendrá reservado un capítulo en mayúsculas (nosotros ampliaremos próximamente en la edición papel de ABC este post). Sabzak es una subida constante al principio, abrupta al final. Desfiladeros. La continua amenaza de los insurgentes en cualquier momento puede surgir. En este convoy, gracias a Dios, no lo harán.

La orografía es el enemigo principal en Afganistán. Esa es la gran lección ya intuida a vista de pájaro, hombro con hombro en la patrulla por sus aldeas o en la noche de sus bases que captaremos en toda su esencia en este trayecto no apto para civiles. “Solo los militares pueden estar preparados para algo así”, reflexiono. Desde el interior del RG-31 el periodista tiene la sensación de estar desfilando por un planeta marciano donde las tecnologías avanzan lentamente y la naturaleza controla el tempo de los acontecimientos. Sabzak se ríe de todo equipamiento, de todo sensor… aunque finalmente se avance, lentamente, a 5 kilómetros por hora en ocasiones. Eso es Afganistán y por ello los afganos se mueven a su antojo.

Antes de comer, el alto de Sabzak se conquista, finalmente es benevolente con el Replegado,… pero no se relajen, volverá a reír pues no es su cota lo que preocupa. Lo peor vendrá después. El camino forma parte de la “Ring Road” aún en construcción -este fue un proyecto soviético de circunvalar toda Afganistán inacabado- y su bajada se hace aún más inhóspita. Pedregal, baches, camino sin apenas gravelado… y la mayor amenaza insurgente. Paramos en un “poblado” por una avería en el convoy. Niños andrajosos se acercan. Algún soldado da una lata de refresco, se agolpan, observan nuestro equipamiento (los periodistas empotrados llevan chaleco antibalas y casco) como si vieran auténticos extraterrestres. Alguno de ellos luego nos despedirá a pedradas.

Vista de un tirador desde un vehículo "Lince" / JAIME GARCÍA

Vista de un tirador desde un vehículo “Lince” / JAIME GARCÍA

 

Dicen que en una guerra es fácil entrar y muy difícil salir. ¡Eso será Afganistán en 2013-2014! ¿Cómo es un viaje de 17 horas por este paraje en un vehículo RG-31?, me preguntaron. “17 horas en una batidora”, respondí. Aunque 17 horas rodeados de excelentes profesionales y amigos. Una batidora con cristales polvorientos, nebulosos, escuchando las transmisiones de otros vehículos, alguna risa relacionada con el “yala-yala” entre los ocupantes periodistas que desconocen fehacientemente la amenaza. Esto no es broma, pero debemos al menos relajarnos.

Pero volvamos al sargento jefe de nuestro vehículo y sus dos soldados. Durante 17 horas ininterrumpidas no perdieron ojo en su cometido. A pesar de imponderables. Siempre fijos en su misión encomendada durante los 157 kilómetros de un trayecto que suele durar 10-12 horas. Ayer lunes se recorrió ¡¡¡en 17 horas!!!

El sargento Aparicio, siempre atento a las indicaciones de su capitán, José Alberto Sánchez Romero, y a todo detalle de la ruta, mapa y GPS en mano; la soldado conductora Zambrano -veinteañera ella- con 17 horas de conducción solo descansando en 2-3 ocasiones ante los típicos imponderables de la ruta; y el soldado tirador Perdomo, sin separarse ni un solo segundo de la pantalla desde la que controla todos los posibles objetivos de tiro y amenazas, salvo dos leves intervalos de apenas 2 minutos para alguna necesidad fisiológica. Ellos comieron en el vehículo: mendrugo de pan, lonchas de queso, de chorizo, latita de paté, un refresco, un zumo y una pieza de fruta.

Los coches afganos y motos se entremezclan en el paisaje del convoy español / JAIME GARCÍA

Los coches afganos y motos se entremezclan en el paisaje del convoy español / JAIME GARCÍA

 

La noche se cierra. Algunas luces brillan en las laderas de las colinas que nos rodean ya en nuestro camino más cercano a Herat. La ruta es más “amable”. Está asfaltada, pero no tengan en mente el asfalto de los caminos secundarios de España. No, asfalto de Afganistán. Polvo-asfalto. Algunas luces aparecen en las laderas de las montañas ahora distantes que nos rodean. Para el convoy que ha pedido refuerzos mecánicos a Herat. El tirado en su sitio, no desciende; la conductora tampoco lo hará. El sargento enfila la mirilla de su rifle HK para observar la amenaza que proviene de esa luz de la ladera. Aumento de lentes. Rápidamente percibe que es un poblado, no es ninguna amenaza real. Nos relajamos.

Apunten Sabzak, apúntenlo para ese libro de Afganistán. Se hace la noche. Se recorren las calles cuasi oscuras y evasivas de Herat. Ayer lo peor fue el otro general afgano: Orografía, pienso en mi interior. El lento avance de la máquina, la oscuridad de la noche, la torpeza segura de la tecnología.

00:30 horas, llegamos a la base de apoyo avanzado de Herat. Nos espera el comandante del Ejército del Aire Daniel Fernández de Bobadilla -nuestro “guía” los próximos días- a quien ya conocimos en nuestro primer día en Afganistán. La batidora nos aparece en el colchón de “buenas noches” en una habitación que compartimos con otros tres colegas. Es fecha de repliegue y la base está repleta. El meneo cerebral es aún constante. 17 horas por el Sabzak: una pesadilla para el periodista empotrado. Un trabajo profesional para el militar. Lo mejor: el sargento Aparicio, la soldado conductora Zambrano y el soldado tirador Perdomo. Y como ellos, todos los del convoy habidos y por haber que crucen este castigo.

 

Puesta de sol en la ruta hacia Herat... todavía quedarían 5 horas / JAIME GARCÍA

Puesta de sol en la ruta hacia Herat… todavía quedarían 5 horas / JAIME GARCÍA

 

 

 

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