Batalla de San Marcial: un cuadro, Guipúzcoa y España

Batalla de San Marcial: un cuadro, Guipúzcoa y España

Publicado por el Sep 2, 2013

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La fecha, como casi todo lo histórico-militar, ha pasado inadvertida en España. Dos siglos del Martes Glorioso de la Batalla de San Marcial. Un 31 de agosto de 1813 aconteció en tierras de la Guipúzcoa la batalla decisiva que significó a la postre el fin napoleónico en territorio de Vascongadas y Navarra.

Enfrentó a las huestes gabachas del temible mariscal Monsieur Nicolas Jean de Dieu Soult con el Cuarto Ejército español, gallego para más seña, al mando del general Don Manuel Alberto Freire de Andrade y Armijo, apostados sus hombres en primera línea en los campos de Sorueta y Enacoleta (III división), alturas de San Marcial (parte de la V) e Irún y Fuenterrabúa (VII división). Eran tiempos aquellos de alianzas con Portugal y Reino Unido para frenar el delirio napoleónico en España, úlcera posterior del Sire. Y Sir Arthur Wellesley andaba por allí, «of course».

 

Cuadro de la batalla de San Marcial de Augusto Ferrer-Dalmau

Cuadro de la batalla de San Marcial de Augusto Ferrer-Dalmau

 

Fecha inadvertida, como hemos dicho. Y más con la que llueve dos siglos después en tierras de Guipúzcoa y su capital, San Sebastián, ciudad arrebatada al francés tras la Batalla de San Marcial, donde sus fiestas rinden solo homenaje a los terroristas (bomba lapa y tiro en la nuca, nunca se olviden). Nada de la españolidad indiscutible de su Historia.

Pero dejemos la política y vayamos al campo de batalla que estos días puede el viajero visitar, por su riesgo y cuenta: 161 oficiales y 2.462 soldados españoles muertos (unos 4.000 fueron los franceses que murieron en la batalla). Ingleses y portugueses apenas tuvieron bajas.

EXPOSICIÓN DE FERRER-DALMAU EN SAN SEBASTIÁN E IRÚN

Es precisamente esta Batalla de San Marcial la que ha querido recrear en su último cuadro el pintor barcelonés Augusto Ferrer-Dalmau, quien recientemente rindiera tributo a los soldados españoles en Afganistán con “La Patrulla”. Una obra que se pudo visitar en el Palacio de Miramar de San Sebastián, “un cuadro que ha contado con el mecenazgo de la familia Aperribay” y se expone ahora hasta finales de octubre en el Museo Oiasso de Irún, posteriormente formara parte de los fondos del Museo del Ejercito en Toledo. También se presentará en Madrid.

Y Sir Arthur Wellesley andaba por allí. El Duque de Wellington quien contempló la batalla desde su atalaya para luego referirse en estos términos al Ejército español y sus huestes gallegas en una arenga en el Cuartel de Lesaca, un 4 de septiembre de 1813:

«Guerreros del mundo civilizado: Aprended a serlo de los individuos del Cuarto Ejército que tengo la dicha de mandar. Cada soldado de él merece con más justo motivo el bastón que empuño. Todos somos testigos de un valor desconocido hasta ahora; del terror, la muerte. La arrogancia y serenidad, de todo disponen a su antojo. Dos divisiones fueron testigos de este combate original sin ayudarles en cosa alguna y esto por disposición mía para que se llevaran una gloria que no tiene compañera.
Españoles: Dedicaos a imitar a los inimitables gallegos, distinguidos sean hasta el fin de los siglos por haber llegado en su denuedo hasta donde nunca nadie llegó.
Nación española premia la sangre vertida por tantos cides. Diez y ocho mil enemigos con una numerosa artillería desaparecieron como el humo para que no os ofendieran jamás».
Proceso de creación de la Batalla de San Marcial por Augusto Ferrer-Dalmau

Proceso de creación de la Batalla de San Marcial por Augusto Ferrer-Dalmau

 

Estamos en esas fechas, si visitan la buena tierra de Guipúzcoa ya saben, acuérdense de que hace dos siglos aconteció aquel Martes de Gloria en la Batalla de San Marcial. Pásense por el Museo Oiasso de Irún, donde el óleo forma parte de la muestra «Tratados de Paz». Y contemplen el cuadro: a la izquierda de la composición, soldados franceses en retirada; a la derecha, bayonetas españolas empujando, la bandera de la noble Infantería española… muertos, sangre, barro. En la altura, la ermita de San Marcial. Humo y pólvora. Cañón.

También fue allí adonde llegó el gritó «refundacional» de la nación española al grito de ¡Viva la Pepa!. Aunque tristemente apenas se estudie en los libros de texto del nuevo curso.

 

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