Badghis (II): Soldados con mayúsculas en la Ruta Lithium

Badghis (II): Soldados con mayúsculas en la Ruta Lithium

Publicado por el Apr 24, 2013

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Día 6 en Afganistán: Ruta Lithium, patrulla en Sang Atesh. El teniente Casla es un Soldado muy fuerte. Digamos que es la primera característica que de él resalta. Fortaleza. Y hoy nos encomendamos a él. A él y al resto de Soldados y dos traductores afganos que conforman el convoy que patrullará por la Ruta Lithium. El objetivo: fijar presencia de las tropas de ISAF-OTAN -en este caso españoles en la provincia de Badghis- en la localidad de Sang Atesh, anterior punto caliente de la insurgencia situado cerca del Puesto de Combate Avanzado que hasta el mes de febrero los españoles compartían con el Ejército afgano cerca de Ludina.

¿Qué es la Ruta Lithium? En teoría es un camino de polvo, baches y piedras que conecta Qala i Nao con el norte como ruta alternativa mientras finalizan las obras de nunca acabar de la denominada Ring Road (la gran “carretera” que circunvala Afganistán). “Una rutina”, como explica la Soldado Tamara Marquínez, asturiana perteneciente al Regimiento de Infantería Ligera “Príncipe” Nº3, que conforma el grueso del contingente español ahora en Afganistán.

El teniente Sergio Casla, jefe del convoy que patrulló ayer por Sang Atesh / JAIME GARCÍA

El teniente Sergio Casla, jefe del convoy que patrulló ayer por Sang Atesh / JAIME GARCÍA

 

¿Qué es la Ruta Lithium? Con el corazón, para el militar español destinado en Afganistán es “sangre, sudor y lágrimas”. La misión más compleja encomendada a las tropas españolas en once años de guerra. Así los explica el teniente Casla quien ejerce de jefe del convoy en el que nos empotramos y que a partir de ahora le “ascenderemos” (permítame esta licencia) a Soldado, con mayúsculas.

07.15 horas de la mañana. Mientras algún periodista rezagado apura un café exprés en el comedor de la Base de Qala i Nao. Comienza la charla táctica del Soldado Casla para iniciar la ruta. A cada jefe de vehículo explica su posición, el itinerario, las zonas calientes, los últimos “warnings” (avisos) del mando de la OTAN  -un vehículo fue robado por un agente de policía local en otra zona cercana del país, “hay que estar atentos porque puede ser una posible amenaza”- y les desea suerte. Los motores ya rugen desde hace un cuarto de hora. Sin embargo, la salida debe posponerse. La “meteo” impide que el helicóptero medicalizado pudiera partir hacia el convoy en caso de ser requerido. Sin esa condición, no se sale.

Tiempo para observar el convoy. Un vehículo RG-31 con rodillo para detonar minas, dos vehículos “Husky” que detectan con georadar los IED que pueden explotar al paso del convoy (principal amenaza en Afganistán), vehículos RG-31 portamorteros, de transmisiones,  de transporte de personal y vehículos MLV “Lince” de transporte de personal componen el convoy de 17  unidades  (5-8 personas por cada uno).

Preparación del vehículo "Husky" que detecta las minas con el panel georadar / JAIME GARCÍA

Preparación del vehículo “Husky” que detecta las minas con el panel georadar / JAIME GARCÍA

 

Hasta que las condiciones meteorológicas son apropiadas conversamos con el Soldado Moro, del Ejército del Aire en Alcantarilla, encuadrado en un vehículo “experto” en comunicaciones y petición de apoyo aéreo a la OTAN en caso de necesidad; con el Soldado Mosteiro, de la BRILAT (Pontevedra) y zapador conductor del vehículo con rodillo que va el primero en vanguardia para limpiar la ruta de artefactos; con la Soldado Marquínez y el Soldado Diego, del RIL “Príncipe” Nº3; y con el intérprete afgano Saji, natural de Qala i Nao que por razones obvias no se deja fotografiar. Todos Soldados con mayúsculas. Son comandantes, tenientes, capitanes… pero ante todo Soldados.

08.45 partimos hacia Sang Atesh. Nos embarcamos en un vehículo “RG-31” con el Soldado Bosch como jefe y con el Soldado Carreño de tirador. El tirador… sí. Aquí hay tiros. Pero al Soldado Carreño no se lo imaginen en la torreta del vehículo o en una suerte de parapeto, no. El Soldado Carreño está pendiente todo el tiempo de una pantalla desde la cual tiene una visión de 360 grados y puede responder a un ataque. Lo deja bien claro: “Solo disparamos cuando comienza el hostigamiento de la insurgencia”. Imagínense un “joystick”, una pantalla y un asiento… pues allí estará él todo el tiempo que dure la misión. Él no bajará como el resto de colegas en Sang Atesh. Sin salir. Casco ajustado. Chaleco antibalas. Al Soldado Adrián Carreño le apodan “Justicia”.

El soldado "Justicia", Adrián Carreño García, tirador en nuestro RG-31 / JAIME GARCÍA

El soldado “Justicia”, Adrián Carreño García, tirador en nuestro RG-31 / JAIME GARCÍA

20 kilómetros se realizan en dos horas y media, en una parada técnica se aprovecha para coger fuerzas / JAIME GARCÍA

20 kilómetros se realizan en dos horas y media, en una parada técnica se aprovecha para coger fuerzas / JAIME GARCÍA

 

Polvo, edificios de adobe, poblaciones confundidas en el paisaje marciano, montes jorobados, más polvo y cristales nublados es lo que vemos hasta que llegamos al poblado de Sang Atesh. Antes hemos pasado por otros como Chasma-i-Dozak o Timuri. 20 kilómetros en dos horas y media.

Hace unos tres años Sang Atesh era un punto caliente de la Ruta Lithium. “Ahora está más tranquila”, nos explica el Soldado Casla quien lo primero que hace al llegar es contactar con un agente de la Policía Afgana cuyo puesto se sitúa al final de la calle principal (polvo y más polvo, arena y más arena) que funciona de bazar. Junto a la Policía de Sang Atesh se encuentra un batallón del Ejército afgano.

Un niño afgano peladea frente a un militar español en Sang Atesh / JAIME GARCÍA

Un niño afgano peladea frente a un militar español en Sang Atesh / JAIME GARCÍA

 

Protegidos por el Soldado Casla y una formación de rombo indagamos entre los lugareños que nos aseguran que “están mejor ahora, que con los españoles muy bien, que les han acondicionado la calle…”. Quizás estos mismos parabienes no serían tales sin la presencia del Ejército español. O sí.  Pero así hemos venido, con el Soldado Casla y sus hombres. Todo es medievo en Sang Atesh si no fuera por las motos, los coches y los teléfonos móviles que observamos. Mujeres, ninguna… de momento. En este punto nos detenemos a observar las farolas de Sang Atesh, instaladas por la cooperación española. Con energía solar, sus placas enfilan el sur.

Patrulla de la zona cerca de Ludina de una parte del convoy, batida en formación alrededor del poblado, contacto con la Policía a quien se le pregunta por algunos sucesos acaecidos recientemente o conversaciones con la población sobre qué problemas tienen son algunas de las acciones realizadas por el Soldado Casla.

El RG-31 con rodillos detonadores de minas y un afgano a burro / JAIME GARCÍA

El RG-31 con rodillos detonadores de minas y un afgano a burro / JAIME GARCÍA

 

Tras unas fotos para fijar el momento, volvemos a la base de Qala i Nao. En el interior, los “empotrados” del RG-31 y el “Mini-PIO” Vázquez conversamos de lo humano y lo divino. Base Ruy González de Clavijo. Comienza a llover. Es momento de guardar los vehículos, dar parte a los superiores… reuniones, charlas, preparar el día de mañana.

“Gracias”, se despide el Soldado Casla. “Está la familia de sangre y la familia con la que derramas sangre. Esta es mi otra familia”.  Cabos, sargentos, brigadas, tenientes… Todos ayer fueron esa familia. Todos fueron ayer Soldados españoles. Como el primer día que llegaron a Badghis, como el último que se acerca. En mayúsculas por la Ruta Lithium.

Desmontando la ametralladora de un RG-31, nada más llegar a la base de Qala i Nao / JAIME GARCÍA

Desmontando la ametralladora de un RG-31, nada más llegar a la base de Qala i Nao / JAIME GARCÍA

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