Atentados de París: ¿Quién derrotó a los nazis?

Atentados de París: ¿Quién derrotó a los nazis?

Publicado por el Nov 17, 2015

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A los nazis los derrotaron viejos conocidos. Por un lado, en el frente oriental, aquellos que años antes firmaron una suerte de pacto de no agresión, la URSS de Stalin  y el «Molotov-Ribbentrop»; por el otro lado, frente occidental, otros viejos conocidos de guerras centenarias: Reino Unido y Francia. Claro está, solo fue el impulso de EE.UU. y su maquinaria militar el que ayudó a romper la aparente fortaleza nazi.

¿Y qué pasa con el yihadismo de Estado Islámico, Al Qaida o el próximo que venga? Mi primera reflexión es siempre la misma: solo puede ser derrotado por «viejos conocidos». Mientras tanto, solo podemos poner un remedio temporal (necesario, eso sí) pero el enemigo mutará. Y desengañémonos, nuestras democracias occidentales no son ni en fondo ni en formas «viejos conocidos».  Ni Francia, ni EE.UU., ni Reino Unido, (ni España…por supuesto y eso que tenemos Ceuta y Melilla con guetos de radicalidad) pueden combatir hasta el fin, y con éxito, contra el yihadismo islámico.

 

El presidente francés François Hollande y los parlamentarios de las dos cámaras legislativas del país cantan «La Marsellesa»/EFE

El presidente francés François Hollande y los parlamentarios de las dos cámaras legislativas del país cantan «La Marsellesa»/EFE

 

¿Entonces donde mirar? Países musulmanes. He ahí la respuesta. Son ellos: Egipto, Arabia Saudí, Marruecos, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Túnez… Son ellos, países que entienden su idioma, su cultura, su religión, su extremismo los que pueden y deben ayudarnos. También los musulmanes que viven en paz en nuestras sociedades. Que los conocen porque también los padecen. Países y comunidades musulmanas que debieran formar a unos cuerpos de élite en nuestras Fuerzas Armadas y policías, de Inteligencia, de espías que aborten sus movimientos en sus países y en el exterior. Ellos saben mejor qué nadie cómo se piensan y cómo se financian y de qué países se nutren igualmente. He ahí el principal desafío de Occidente: convencer, obligar, instar, aglutinar a esos países para que sean los que lideren la guerra contra el yihadismo islámico.  

¿El problema? Algunos de esos países no tienen estructura de Estado que pueda o quiera luchar contra el yihadismo del Estado Islámico. Estados fallidos le llaman a algunos como Libia, el más cercano a España de esta categoría. Irak, Siria, Somalia… son ejemplos o caminan hacia ello. Quizás la responsabilidad de esto último sea también compartida por Occidente, cuya política en Oriente Medio y Norte de África no siempre ha estado sujeta a un objetivo claro de guerra contra el yihadismo o se revistió, con la Primavera Árabe, de una gran ingenuidad fundamentada en que la democracia a la occidental podría florecer en estos países. También hemos mirado para otro lado sobre la financiación del mismo (¿mezquitas radicales financiadas en Europa por países como Arabia Sudí?). Es ahí donde hay que atacar también diplomáticamente.

 

Aviones de combate franceses Mirage (dcha.) y Rafale como los que bombardean desde el domingo por la noche Raqqa / AFP

Aviones de combate franceses Mirage (dcha.) y Rafale como los que bombardean desde el domingo por la noche Raqqa / AFP

 

Me preguntarán: ¿Por qué mirar a países lejanos cuando algunos de los terroristas son nacionales franceses, británicos o españoles (la niña de Almonte, por ejemplo)? Cierto, pero eso no significa que los entendamos. Que comprendamos realmente su proceder, su proceso de radicalización, que en muchos casos pasa por una estancia previa el país de origen de sus padres o abuelos, horas y horas en internet o en el país fallido que alimenta el terrorismo yihadista global (ahora Siria, anteayer Afganistán).

¿Sirven para algo los bombardeos en Siria o Irak? Sí, pero no basta. No quiero ser negativo pero esta guerra, que nos puede ocupar todo el siglo (ya llevamos 15 años), no comenzará a ganarse hasta que esos países musulmanes enfrascados en una eterna guerra suní-chií se conviertan en los EE.UU. de nuestra Segunda Guerra Mundial. Y eso, me temo, es hoy por hoy una quimera. ¿No quieren, no pueden o no les interesa?

 

Estudiantes franceses de la Sorbona en el minuto de silencio, ayer/REUTERS

Estudiantes franceses de la Sorbona en el minuto de silencio, ayer/REUTERS

 

 

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