Tres. Uno. Cinco. (XIII)

Publicado por el Aug 7, 2014

Compartir

A1-37397712.jpgEn el capítulo anterior… Inmerso en la lectura del diario de José Lino Vaamonde, el arquitecto que escondió el Tesoro del Delfín, Diego cree haber encontrado una referencia que le llevaría a desentrañar por fin cuál es el significado de los tres números a los que les había llevado la primera pista

«Dada la especial naturaleza de lo que he escondido, me arrepiento de haber hecho las pistas tan accesibles, puesto que otros hombres cultos que las tuvieron a su cuidado sucumbieron a la tentación. Pero no he podido usar más que mi propia memoria y el catálogo del museo, así que, sea, que vuelen altos los dados, como diría Julio César».

¡Allí estaba! Diego por fin había dado con la clave que necesitaba. ¡El número 315 era otro cuadro!

«¡Seré idiota! ¡Cómo no me habré dado cuenta antes!»

Después de tantas tardes acompañando a su madre en la sala de restauración del museo, había aprendido a reconocer aquella serie de tres números que estaba clavada en la parte de atrás de un cuadro. Lo había visto un millar de veces, una chapita de aluminio, sobreimpresa en negro, con el nombre del museo y el número de catálogo, grabado en láser. Esa chapa moderna se colocaba cuando la pieza estaba siendo restaurada, y se guardaba la antigua en los archivos. Porque las piezas llevaban esas identificaciones desde el inicio de su entrada en la pinacoteca, así que a lo largo de la historia un cuadro podía llevar muchas de ellas. La cuestión era… ¿Cuál era el número 315 en los años treinta, que es la época en la que Vaamonde escribiría la carta y el diario?

De haber sido esto un trabajo del colegio -y de no ser las tantas de la madrugada-, Diego le habría preguntado a su madre, que era experta en la historia de El Prado. Pero ella hubiese hecho demasiadas preguntas, y cuanto menos supiese, mejor. Así la mantendrían lejos de su descubrimiento.

Pero no era el caso, y tenía el cerebro fundido, así que a Diego no le quedaba más remedio que esperar al día siguiente o molestar al cerebro de la pandilla. Estaba demasiado nervioso para dormir, y demasiado excitado como para no cometer la locura. Así que llamó a Fran. Tuvo que marcar varias veces hasta que consiguió despertarle.

-¿Qué pasa? -balbuceó el niño, al otro lado del teléfono.

-Necesito tu ayuda.

-¿Tienes idea de qué hora es, tío?

-Ya sé qué son los números.

Al otro lado del teléfono se hizo un silencio, y Diego pensó que el pequeño superdotado se habría dormido de nuevo, pero enseguida escuchó el ruido del agua corriendo. Fran se estaba lavando la cara.

-Ya está. Tienes toda mi atención. Pero tendré que hablar bajito, si me pillan hablando a estas horas se me cae el pelo. Mamá insiste en que siga durmiendo diez horas al día. Ni que fuese un bebé -dijo, intentando endurecer la voz. No le salió muy bien.

-Los números son en realidad uno solo. El 315. Que es el número de catálogo de una pieza del museo del Prado.

-¿Cómo estás tan seguro?

-Había algo más en el doble fondo. Un diario personal de Vaamonde, que empezó poco después de recibir la tarea de salvar los cuadros, o eso creo. No me lo he leído entero, pero tampoco cuenta muchas cosas que nos importen. Pero menciona el catálogo del museo cuando habla de crear las pistas para que nadie encuentre lo que ha escondido.

-Es una buena idea. Es una gran, gran idea. ¿Y cuál es el cuadro?

-No lo sé. Mi madre tiene un catálogo del museo en su habitación, pero ahora no puedo ir a buscarlo. Y además no sabemos si el número iba a ser el mismo. Necesito que me ayudes buscando por internet.

-Yo no tengo conexión en el ordenador de casa. Hace una semana que nos la cortaron, debíamos demasiados meses -dijo Fran, con amargura-. Y no puedo hablar y navegar a la vez. Pero puedo decirte qué debes buscar tú. Necesitas la versión del catálogo que usase Vaamonde, la más cercana al inicio de la Guerra Civil.

-¿Y dónde demonios encuentro eso?

-Yo seré tus ojos. Abre Google y escribe lo que te vaya diciendo.

Al cabo de un rato, Diego consiguió un PDF con el catálogo de 1933 escaneado, en la propia web del museo del Prado. Era difícil de encontrar, pero Fran era una auténtica máquina buscando en la red. Tuvo que pasar largos minutos hasta que logró encontrar el 315, ya que el catálogo estaba ordenado alfabéticamente, no por número de catálogo.

-¡Ya lo tengo! Aunque es un cuadro bastante extraño…

-¿Cuál es?

-La Transfiguración del Señor. Es una copia de un original de Rafael.

-¿Y qué vamos a hacer?

-Mañana, después del desayuno, todos al museo. Vamos a descifrar la siguiente pista.

Fueron llegando despacio. Primero Salva y su hermana, luego Gala, luego Pablo. Diego fue el último en presentarse, ojeroso tras una noche sin dormir, con la espalda doblada y un sentimiento extraño en el corazón. Por un lado estaba orgulloso cuando los demás le jalearon por haber hallado el cuadro, pero por otro lado seguía sintiéndose culpable por su intento de traición.

-Enséñanos la carta, Diego. Vamos a por la siguiente pista.

Diego se ruborizó y tartamudeó…

Conoce el desenlace de «El tesoro del Museo del Prado» con tu ejemplar de ABC, cada día una nueva entrega.

Compartir

ABC.es

EL TESORO DEL MUSEO DEL PRADO © DIARIO ABC, S.L. 2014

ABC recupera la tradición de la novela por entregas en la prensa española con este relato, inspirada en hechos reales, en el que un grupo de amigos lucha por descubrir un tesoro escondido en el Museo del Prado antes de que dos de ellos pierdan su casa.Más sobre «EL TESORO DEL MUSEO DEL PRADO»

Categorías
Etiquetas
agosto 2014
M T W T F S S
« Jul    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031