Isabel Preysler habla de sus cremas y cuidados en una entrevista exclusiva

Isabel Preysler habla de sus cremas y cuidados en una entrevista exclusiva

Publicado por el feb 19, 2015

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Qué come, dónde se cuida, quién la peina, cómo entrena… Antes de la presentación de su nueva línea de cosmética «My Cream», Isabel me recibió en su casa, y mantuvimos una ‘charla’  exclusiva (aunque, tras la presentación oficial muchos medios hayan ‘vendido’ sus declaraciones como ‘entrevistas’) donde me contó muchas cosas que os gustará saber.

Os copio mi entrevista, publicada ayer en ABC, para los que no sois lectores del periódico pero me seguís en La Polvera.

 

Presentacion MY Cream by Isabel Preysler

(Isabel durante la rueda de prensa que ofreció a los medios)

 

Llego puntual a mi cita y, mientras espero, me fijo en los detalles. Rosas frescas de Floreale -se lo pregunté porque me encantaron-  por todo el salón, bombones Ferrero Rocher (sin el envoltorio), cestos con nueces… Se nota que le gusta cuidar los detalles al máximo. Al segundo, aparece «Vanilla» (en inglés), el perro de Tamara, que me recibe con la misma alegría que mi entrevistada unos minutos más. «Perdona, Teresa, pero estaba con una llamada de Filipinas que no podía dejar», se disculpa, con esa sonrisa que seduce a hombres y mujeres por igual. La primera sorpresa me la llevo al verla con coleta y la cara lavada. Pocas mujeres a partir de los 50 resisten la falta de maquillaje, pero a los 64 años que cumple precisamente el día en que publicamos la entrevista (felicidades), ninguna. Ni manchas, ni arrugas, ni un ápice de flacidez. Comprendo por qué se ha convertido en un referente de belleza. Pide que nos traigan algo de picar. Llega la segunda sorpresa. Esperaba unos tomatitos o unas brochetas de frutas, y su mayordomo nos deja unos deliciosos sándwiches a la plancha, con queso fundido. Pienso que ni los probará -son las 7 de la tarde y me anuncia que tiene gente a cenar-, pero ante mi asombro, se toma el primero (de tres que comerá a lo largo de nuestra entrevista). Intuyo que voy a descubrir a una Isabel muy distinta de la que algunos medios nos muestran. Me cuenta que desde que era pequeña come mucho y no engorda, herencia de su madre. «Soy de las que gano más peso durmiendo que comiendo». Lleva vaqueros con una camiseta y no asoma ni un ápice de grasa. «Estoy más flaca de lo habitual por culpa de una medicación para las migrañas».

Para mantenerse en forma hace gimnasia dos días a la semana en su casa, con Blas Latorre «un entrenador buenísimo», y un tercero con Prado Martín y el famoso «chaleco» de electroestimulación Miha Bodytech. Sonrío, porque tengo la misma entrenadora, y me alegra saber que voy por el buen camino. ¿Cómo ha encontrado fuerzas después de la pérdida de Miguel Boyer para embarcarse en este proyecto? «Empecé cuando mi marido todavía estaba enfermo. Estuve dudando porque no tenía ánimos ni tiempo, pero fue Ana mi hija la que me dio el empujón. Se ha implicado mucho en el proyecto, sobre todo en la parte comercial y de marketing. Sin ella no me habría lanzado». Más sorpresas. Parece que le pega más a Tamara, comento. «Es posible, pero entonces no vivía en casa -ahora sí- y fue Ana la que se implicó al cien por cien». ¿Es usted socia o solo la imagen de los productos como se cree? «Soy socia. Éste es mi negocio y he puesto muchísima ilusión en él. Durante dos años he probado todo tipo de cremas para saber lo que quería para las mías, he trabajado al máximo para que la textura fuera ligera porque no soporto la sensación grasa en la piel, me empeñé en que el perfume fuera de peonía, un aroma nada corriente en un cosmético, y lo conseguimos».

Perfeccionista

Es muy perfeccionista, y se nota en todos los detalles del producto. «He participado en la selección de la tipografía, el logo y hasta en los gramos que tenía que tener el cartonaje. Está todo muy trabajado y he puesto mucho de mi». ¿Serán carísimas?, pregunto convencida. «Entre 44 y 49 euros. Quería las mejores cremas posibles, a un precio razonable. Y que se vendieran en la farmacia, para que me tomen en serio». Las sorpresas se suceden. De sus «secretos» (a voces) de belleza, me confirma que bebe agua templada con lima o limón nada más levantarse (efecto «detox») y que cumple un estricto ritual de nutricosmética, asesorada por un profesional. En el desayuno, vitaminas del grupo B, 500 miligramos del vitamina C y magnesio; el mediodía, vitamina E y Calcio, una cápsula para fortalecer el pelo y las uñas y otra de colágeno; y en la cena, calcio, magnesio y colágeno. Y me desvela la receta vitamínica que le recomendó un médico hace años, y que pienso adoptar: un «smoothie» (batido) verde, a base de judías verdes, pepino, calabacín, col rizada, brócoli, espinacas, pimiento verde, zumo de lima y manzana verde (estos dos últimos para darle buen sabor). Cuando empiezo a pensar que, por fin, algo cuadra con lo que esperaba oír, me cuenta que esa noche tiene un grupo de amigos para ver una película en su «home cinema», y que cenará «como todos los viernes» perritos, hamburguesas, patatas fritas, tarta de chocolate y helado. «No es tan malo como parece -bromea- porque las hamburguesas son de ternera blanca, y el helado lleva leche desnatada y agave». ¡Y yo que pensaba que era macrobiótica! «He estado en la Clínica Sha y me encantó, pero no me “convertí”». Toma todos los días chocolate negro, y casi a diario helado. Para que luego digan que ayuna. «Hace años, los lunes hacía algo parecido, y tomaba solo piña para “limpiarme”, pero me daba dolor de cabeza, y lo dejé». ¿El secreto de su cutis impecable? «Hasta hace cuatro años me infiltraba el coctel de vitaminas del Doctor Chams pero ya no lo hago». Le gustan los tratamientos de Massumeh Massi y Maribel Yébenes, centros a los que acude habitualmente, «aunque no voy tanto como me dicen que debería, porque no tengo tiempo».

Disciplinada

En casa se reconoce muy disciplinada y utiliza su nueva línea desde hace un año. La observo y me sorprendo de que de su rostro no asoma ni gota de flacidez. Decido tirarme a la piscina (y en bomba) y le pregunto si nunca ha pasado por el quirófano. «No hay mujer de mi edad que esté bien y no se haya tocado algo», me contesta. ¿Para los retoques prefiere España o el extranjero? «Aquí hay buenísimos profesionales, no hace falta irse fuera. Incluso pienso que los españoles tienen mejor gusto». ¿En manos de quién pone su melena? «Voy al salón de Peque donde miman mi pelo tanto como a mi, y en casa me lo cuidan Ramón Ríos y Lola Viraz, y esta última me lo corta”. Además, los dos me maquillan en casa también. Sobre su perfume me aventuro a decir que es Jo Malone, y acierto. «Amber & Lavender o French Lime Blosson. Me gustan todos». ¿Un secreto confesable? Para mantener la firmeza de los brazos me aplico Engennering de Maribel Yébenes, mezclado con un aceite de Weleda». Le gusta Natura Bissé y a la hora de maquillarse recurre a Armani, Tom Ford, Sisheido y Nars. Y en su bolso nunca falta la barra de labios y un cacao. ¿Un truco que nunca falla cuando se levanta con mala cara? El «concealer» (quita ojeras).

No quiero alargar más el «tercer grado» sobre sus cuidados, y le hago una penúltima pregunta. ¿Una manía? «¿Una? Tengo miles. Soy una maniática tremenda, pero a estas alturas, ya no puedo cambiar», dice entre risas. Para terminar, ¿qué es lo que más le gusta de su físico, y qué es lo que menos? Y me asombra por última vez con su respuesta: «Si pudiera, cambiaría un poco de todo. De la cabeza a los pies». Cómo son las cosas. Yo, si pudiera, me cambiaría por ella. 

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