¿Entienden los millennials las palabras compromiso, paciencia y trabajo duro?

Publicado por el Jul24,2017

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Buscando partners comerciales para su empresa, mi amiga Laura quiso entrevistarse con el director comercial de una start-up. Se encontró con un millennial (persona nacida más o menos desde mediados de los 80 hasta 1999) que la recibió cargado de suficiencia, repanchingado en una butaca y mostrando un ombligo negro y peludo que, para horror de Laura, insistía en aparecer una y otra vez por debajo de su camiseta.

Su interlocutor ni siquiera había leído el mail en el que mi amiga le explicaba el objeto de la entrevista, dedicó escasos dos minutos a escuchar sus argumentos sobre los beneficios de la posible colaboración entre ambas empresas y tras una escasa media hora de conversación en la que también participó ocasionalmente la joven directora de marketing, dio por cerrada la negociación nonata.

Mi antigua compañera de consultoría Susana me cuenta, durante una de nuestras comidas de trabajo y amistad, otro caso ejemplar de millennial: joven de poco más de 25 , a quien asignaron un nuevo proyecto que pareció ilusionarle hasta que a los quince días llama a su despacho. El trabajo “no le estaba aportando” y “prefería cambiar” pero si lo necesitaban, se ofrecía e “seguir echando una mano” algunos días más. Como si fuera ayudar a unos amigos en una mudanza de piso y no un trabajo profesional bien retribuido.

Yo misma me encuentro de vez en cuando con jóvenes consultores en sus veintitantos que basan la aceptación de un proyecto en cuestiones coyunturales (la proximidad a su domicilio, si fulano le cae mal, una tecnología que no le motiva) se forman no para aprender, sino para tener un “check” más en su historial o cambian de empresa cada año por un puñado de euros.

No quiero caer en la etiqueta fácil, conozco excepciones a la regla que expongo y seguramente la mayoría de los millennials tienen multitud de cosas buenas: son frescos, directos, relacionales, multitarea…. Pero yo comparo a esta nueva generación de profesionales con quienes empezamos a trabajar hace 25 años y me faltan básicamente tres cosas: paciencia, compromiso, trabajo duro.

Decía Simon Sinek en un famoso video que los millennials son difíciles de gestionar: recibieron desde pequeños el mensaje de que eran especiales, todo lo hacían bien y podían tener cualquier cosa por el mero hecho de desearla. Están acostumbrados a la gratificación instantánea de los likes en las redes sociales y las compras por amazon con las tarjetas de sus padres. Pero no han aprendido que el éxito, la satisfacción laboral e incluso el amor, requieren tesón.

Estoy segura de que este artículo hará pensar a más de un joven lector que estoy casposilla o anclada en el pasado, así que para resarcirles del posible agravio, prometo escribir un próximo post sobre los “viejóvenes” que rondamos los 50.

 

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