La apisonadora de los mediocres

La apisonadora de los mediocres

Publicado por el ene9,2016

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Cerramos las celebraciones navideñas despidiendo a parte de mi familia política de regreso a Alemania. También mi sobrina Beatriz vuelve a Sevilla, donde ha encontrado su primer empleo como ingeniero químico en una empresa de infraestructuras de agua.

Al interesarme por su trabajo, me responde desde la ilusión de sus veinticinco años, que me conmueve especialmente porque me recuerda a mis inicios profesionales. Tras su primer año en la compañía, todo le parece maravilloso: su trabajo interesantísimo, la consideración de sus jefes, su estrenada independencia en una ciudad ideal como es Sevilla, el nombre de su empresa…

Como las fiestas familiares no son el lugar idóneo para dar consejos laborales, lo haré desde este blog. Solo un consejo para los que como ella empiezan su primer trabajo.

En este país donde el éxito generalmente no se celebra sino que se envidia, los mediocres (especie invasora, en símil forestal) pretenden siempre enrasar por abajo. Si ellos no llegan porque no quieren hacer el esfuerzo o no son capaces, entonces nadie debe llegar. Aplastan iniciativas con sus frases favoritas: “en esta empresa las cosas no funcionan así”, “eso nunca da resultado”, “ya lo intentamos el año pasado, y es imposible” “ya verás cuando lleves un tiempo”…

Cuántas veces, ya desde el colegio, os habéis enfrentado al odiado “qué empollona” o “qué pelota” por querer simplemente poneros en la primera fila para escuchar mejor, por pedir la palabra si teníais una idea, por hablar correctamente inglés, por obtener un buen resultado, o simplemente por querer conocer a gente nueva o juntaros con algún alumno “fuera de la manada”.

Hace unos años tuve la oportunidad de colaborar con la organización Junior Achievement, para evitar el abandono escolar en colegios de barrios desfavorecidos. Una vez por semana, me reunía con preadolescentes para explicarles a través de un programa de juegos y casos por qué continuar sus estudios les brindaría en el futuro mayor capacidad de elección. A veces se hacía complicado mantener la atención de los niños, y muchos de ellos aprovechaban la ausencia del profesor para alborotar. Pero de pronto aparecía una cara ilusionada que disfrutaba con la nueva experiencia, que preguntaba e intentaba atender entre el jaleo. Un niño o una niña a contracorriente, escapando de la apisonadora.

La mediocridad está en algunos alumnos, pero también en muchos profesores. La podemos ver cada día en los programas de televisión, en las redes sociales, en los “ninis” apáticos y hedonistas parapetados tras su coartada de generación milennial. Y puede ser contagiosa.

Beatriz, busca siempre la excelencia en tu trabajo y en tu vida y no dejes que la apisonadora de la mediocridad te aplaste. Nunca.

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